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  <title><![CDATA[España Fascinante :: Últimas noticias - Oficios de Siempre]]></title>

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    <description><![CDATA[Revista y guía para el disfrute de lo más auténtico de España a nivel local, viajes, historia, estilo, gastronomía...]]></description>
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      <title><![CDATA[España Fascinante :: Últimas noticias - Oficios de Siempre]]></title>
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  <title><![CDATA[Las cabañuelas: el talento de predecir el tiempo]]></title>
      <category><![CDATA[Oficios de Siempre]]></category>
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  <pubDate>Mon, 9 Jan 2023 10:00:00 +0100</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Judith Torquemada]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[ 
 La historia de las cabañuelas es otra historia antiquísima. Al fin y al cabo, el ser humano lleva relacionándose con su entorno desde el principio de los tiempos. Y este oficio en la mayoría de los casos no constituye una dedicación a tiempo...]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<!-- wp:paragraph -->
<p>La historia de las cabañuelas es otra historia antiquísima. Al fin y al cabo, el ser humano lleva relacionándose con su entorno desde el principio de los tiempos. Y este oficio en la mayoría de los casos no constituye una dedicación a tiempo completo sino una manera de hacer eso mismo: <strong>relacionarse con la Tierra, comprenderla y predecir cómo va a comportarse</strong>, para así encontrar la mejor forma de vivir en consonancia con ella.</p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:paragraph -->
<p>Puede hablarse también de un segundo oficio, si se quiere, pues deben contarse por millares los agricultores, en todos los rincones del mundo, que alguna vez se han encomendado a estas cabañuelas para subsistir, compartiendo después su sabiduría con sus convecinos. Todavía hoy no se ha perdido, todavía puede hablarse de actualidad. Quizá, de hecho, con más sentido que nunca. Pero empecemos por el principio. <strong>Había una vez unos hombres y mujeres que necesitaban saber cuándo sembrar sus cosechas…</strong></p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:heading -->
<h2>El origen de las cabañuelas</h2>
<!-- /wp:heading -->

<!-- wp:paragraph -->
<p><strong>Es difícil rastrear el origen de una actividad que parece intrínseca a la condición humana</strong>. A la pregunta ¿cuánto empezó el hombre a tratar de predecir el clima?, seguramente la respuesta más sensata sea la más sencilla: desde que tuvo raciocinio. Se habla de las cabañuelas como una tradición ancestral que ya fue definida en los primeros diccionarios de la lengua española. Quizá su gran particularidad es, en realidad, la que iguala a todos los oficios presentados en <a href="/series/oficios-siempre/">esta serie</a>. Que no ha cambiado a pesar de que los tiempos sí lo han hecho. Este método sigue siendo el mismo que era hace siglos.</p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:paragraph -->
<p>Hay quien ha visto relación entre las cabañuelas y la Fiesta de las Tabernáculos, un festejo de origen judío también conocida como Fiesta de las Cabañas. Es una de las tres grandes festividades judías originales, ya mencionadas en sus primeros escritos. Parece que tiene su origen primero en el momento en que el pueblo abandonó la esclavitud en <a href="/articulo/rutas-planes/ruta-antiguo-egipto-espana/20220325090000275220.html">Egipto</a> y marchó en busca de Canaán, la tierra prometida, aunque no sería hasta 40 años más tarde, en 1451 a.C., cuando la encontraría. Durante esta larga travesía por el desierto, los judíos vivieron en cabañas, luchando contra las adversidades climatológicas. Con todo esto, <strong>la relación entre festividad y oficio, con su correspondente evolución en el tiempo, se ha señalado desde siempre</strong>.</p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:paragraph -->
<p>Pero quizá lo más sensato, de nuevo, sea apostar por esa necesidad del ser humano, en el desierto o no, de <strong>comprender su entorno y aprovecharse, en la medida de lo posible, de una naturaleza que no puede controlar</strong>. Si acaso conocer, con la esperanza de poder adelantarse a lo siguiente que vendrá. A por esas predicciones vamos.</p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:heading -->
<h2>Las cabañuelas y su método ancestral</h2>
<!-- /wp:heading -->

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<figure class="wp-block-image aligncenter size-full"><img src="/media/espanafascinante/images/2023/01/12/20230112160716418821.jpg" alt="Agricultor en una zona de Andalucía" class="wp-image-418821"/><figcaption>La observación en el campo ha sido siempre fundamental. | Shutterstock</figcaption></figure>
<!-- /wp:image -->

<!-- wp:paragraph -->
<p>Las cabañuelas tienen su método, sus herramientas y también su intuición, así como una buena capacidad de análisis, deducción y visión de conjunto. <strong>Se trata de una tradición eminentemente rural, característica evidente teniendo en cuenta que está relacionada con los trabajos de la tierra</strong>, como la agricultura o la <a href="/series/oveja-merina-serie">ganadería</a>. Especialmente útil para la primera, los agricultores se han servido, durante años, de estas predicciones para decidir los tiempos de trabajo en el campo.</p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:paragraph -->
<p>Aquellos que lo practican <strong>toman como referencia elementos de la naturaleza y el clima</strong>, como la dirección del viento, la forma de las nubes, la niebla o la humedad en la tierra. Hay quien se fija también en el comportamiento de los animales, incluso en el dolor físico de las personas. Quién no ha escuchado alguna vez decir a un allegado cosas como “me duele la cicatriz, eso es que va a llover”. Son creencias que se han mantenido con el tiempo y que forman parte de esa serie de métodos.</p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:paragraph -->
<p>La observación es importante, así como la constancia, pues quien se toma esta práctica como una manera de predecir el tiempo anual necesita de mucha paciencia y constancia. El método, de hecho, tiene su complejidad. <strong>El más habitual es el que se practica en el mes de enero, que consiste en las Cabañuelas de Ida y las Cabañuelas de Vuelta</strong>. Las de ida se recogen durante los primeros 12 días de enero. En ese tiempo se observa el clima qué hará en todos los meses del año, correspondiendo cada uno de los días con cada uno de los meses, en orden cronológico. Los elementos en los que se fijan son los ya mencionados, así como otros más sencillos como la temperatura o las precipitaciones.</p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:paragraph -->
<p>Las Cabañuelas de Vuelta tienen lugar a partir del 13 de enero, cuando, durante otros 12 días, se repite el proceso pero de manera inversa. El día 13 corresponde con el mes de diciembre y el día 24 con el mes de enero. Del 25 al 30, cada día corresponde con un periodo de dos meses, de forma ascendente: de enero a diciembre. Por último, el día 31 se divide en 12 franjas, de dos horas cada una, que corresponde con los meses del año. De nuevo de forma descendente: de <a href="/articulo/cultura-espanola/diciembre-fiestas-paganas/20221205140000275054.html">diciembre</a> a enero. Así, de las 00:00 a las 01:59 del 31 de enero, podrá observarse el tiempo que corresponderá con el futuro mes de diciembre. De 22:00 a 23:59, por el contrario, se medirá el siguiente enero. <strong>Con todos los datos extraídos, se realiza una media</strong>.</p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:paragraph -->
<p>Así pueden llegar a predecirse con cierto grado de detalle (por la variación de las precipitaciones, por ejemplo) comportamientos climatológicos que tendrán lugar meses más tarde. Si el día 11 de enero fue un día especialmente frío, noviembre no se presentará de otro modo. <strong>Eso dicen las cabañuelas</strong>.</p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:heading -->
<h2>Siglos de antigüedad, pero más actual que nunca</h2>
<!-- /wp:heading -->

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<figure class="wp-block-image aligncenter size-full"><img src="/media/espanafascinante/images/2023/01/12/20230112160718418822.jpg" alt="Imagen de Madrid durante la borrasca llamada Filomena" class="wp-image-418822"/><figcaption>Imagen de Madrid durante la borrasca llamada Filomena, que las cabañuelas ya vieron venir. | Shutterstock</figcaption></figure>
<!-- /wp:image -->

<!-- wp:paragraph -->
<p>Si las cabañuelas vuelven a estar de moda es por un fenómeno que sacudió la geografía española y que fue predicho meses antes. Cuando Filomena cubrió <a href="/articulo/rutas-planes/vive-madrid-mejores-planes/20220506100007275296.html">Madrid</a> de <a href="/articulo/rutas-planes/pueblos-nevados-paisajes-nieve/20221124130000274986.html">nieve</a> hasta extremos nunca antes vistos en la capital, un joven burgalés asentía en la comodidad de su hogar, pues ya lo había señalado meses antes. <strong>Fue el salto definitivo de este método rural a la totalidad del país</strong>.</p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:paragraph -->
<p>Aunque evidentemente relegado a un segundo plano, con las científicas agencias de meteorología ofreciendo la información que sigue la inmensa mayoría de la población, lo cierto es que es este un oficio, o un segundo oficio, o una creencia, como quiera tenerse, que no parece destinado a desaparecer a corto plazo. Aunque solo sea por el disfrute de jugar con las predicciones y de acercarse más, por cierto, a <strong>la comprensión del entorno en el que vivimos, siendo este, como ha sido siempre, el fin último</strong>.<strong></strong></p>
<!-- /wp:paragraph -->]]></content:encoded>
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        <media:title><![CDATA[Las cabañuelas: el talento de predecir el tiempo]]></media:title>
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        </item>
                        <item>
  <title><![CDATA[Trementinaires, las mujeres que van por el mundo]]></title>
      <category><![CDATA[Oficios de Siempre]]></category>
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  <pubDate>Sat, 5 Feb 2022 20:12:38 +0100</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Judith Torquemada]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[ Cuando las ranas tenían pelo y las gallinas tenían dientes, y aún mucho tiempo después, en el valle de la Vansa y Tuixent podía verse a unas mujeres que, cargadas hasta arriba de remedios y ungüentos, partían a  anar pel món .  Andar por el...]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Cuando las ranas tenían pelo y las gallinas tenían dientes, y aún mucho tiempo después, en el valle de la Vansa y Tuixent podía verse a unas mujeres que, cargadas hasta arriba de remedios y ungüentos, partían a <em>anar pel món</em>. <strong>Andar por el mundo, que decían ellas, las trementinaires</strong>. Su nombre, como su oficio, su familia y su caminar, estuvo siempre condicionado por el lugar del que provenían. El mundo que andaban no era otro que el que conformaban las tierras catalanas. Tanto anduvieron y anduvieron que terminaron siendo conocidas en todo su mundo, hasta que, hace exactamente cuarenta años, la última de estas mujeres realizó el último de los viajes.</p><p>Aquí empieza esta historia. <strong>Había una vez unas mujeres que con sus hierbas familiares curaban y curaban todos los males…</strong></p><p><h2>Mujeres sabias, mujeres viajeras</h2></p><p><img class="size-full wp-image-407826" src="/media/espanafascinante/images/2022/02/03/20220203152503407826.jpg" alt="Indumentaria de una trementinaire, en el museo dedicado al recuerdo de estas mujeres y su profesión" width="800" height="500"></p><p>Antes de comenzar la narración, hay que desarrollar el escenario en el que van a bailar las palabras. El valle de la Vansa y Tuixent, un valle recóndito del <a href="/articulo/series-fascinantes/leyendas-de-los-pirineos-historias-desde-las-alturas/20210419105827274555.html">prepirineo catalán</a>, un lugar resguardado entre montañas, todavía hoy de difícil acceso y poco sol. En el siglo XIX, cuando esta historia da comienzo, era un rincón aislado, inhóspito, casi impenetrable. En este contexto nacieron las trementinaires, que aprovecharon la sabiduría heredada de tantas generaciones para emprender un oficio que les llevaría a contribuir en la precaria economía familiar. <strong>Este saber guardaba una relación directa con el lugar de origen de estas mujeres</strong>. De ese valle, de sus bosques y de las montañas que lo rodeaban venían extrayendo, desde hace siglos, todo tipo de hierbas y plantas que, con el paso del tiempo, habían aprendido a utilizar en su beneficio.</p><p>A esta naturaleza deben, incluso, su nombre, pues de la trementina, que se extraía de la <a href="/articulo/reportajes/resineros-historia-futuro/20220209071806275101.html">resina</a> del pino silvestre, nacieron varios de los remedios que más popularidad concedieron a las trementinaires. <strong>Cada una fabricaba sus propios ungüentos, por lo que estos cambiaban de aspecto dependiendo de la mujer que lo manipulase</strong>. Para que los presentes comprendan bien su oficio: a partir de la trementina se elaboraban parches que se empleaban para aliviar el dolor, los golpes y las torceduras, las picaduras de araña o de víbora, incluso se utilizaban para paliar el malestar provocado por una úlcera. Otros remedios buscaban actuar contra males pulmonares, del estómago o los riñones, y también aprendieron a trasladar su conocimiento al mundo animal.</p><p>Tal era la sabiduría que las trementinaires tenían de su entorno. ¿Por qué no aprovecharlo?, debieron preguntarse un día. Fueron años y años de aplicación de estos <a href="/articulo/oficios-siempre/componedores-galicia/20220203161238275105.html">remedios ancestrales</a> en sus hogares, unos remedios que habían aprendido por transmisión oral de quienes estuvieron antes que ellas. <strong>El paso fue salir ahí fuera, a recorrer el mundo, pero el conocimiento había estado siempre</strong>. Seguramente no podían imaginar que este conocimiento que venía casi con su mismo nacimiento, pues estaba determinado por ese lugar en el que habían nacido, terminaría por alimentar a la inmensa mayoría de la población femenina del valle durante más de cien años.</p><p><h2>Del valle para el mundo hasta los tiempos modernos</h2></p><p><img class="size-full wp-image-407825" src="/media/espanafascinante/images/2022/02/03/20220203152502407825.jpg" alt="Recreación de la cocina de la casa de una trementinaire, en el mismo museo" width="800" height="500"></p><p><strong>Las trementinaires abandonaban su hogar una o dos veces al año</strong>. Lo habitual era hacerlo después de la festividad de Todos los Santos para regresar unos días antes de <a href="/articulo/cultura-espanola/diciembre-fiestas-paganas/20221205140000275054.html">Navidad</a>. Entonces volvían a partir y este segundo trayecto duraba hasta <a href="/articulo/fiestas-espana/carnaval-fiesta-prohibida/20220211110355275121.html">Carnaval</a> o, en algunos casos, hasta Semana Santa. Viajaban siempre a pie y solían hacerlo acompañadas, en parejas de dos. Una mujer de edad más avanzada escoltada por una aprendiz que terminaría por heredar sus remedios, trucos e itinerarios. Partían para recorrer el mundo, porque para ellas las tierras catalanas eran el mundo entero, y en ese siglo XIX, desde el valle en que nacieron, no les faltaba razón.</p><p>Las trementinaires no competían entre sí, más bien al contrario. <strong>Compartían sus conocimientos y solían repartirse territorios y compradores, pues ese mundo era lo suficientemente amplio como para dar cabida a todas ellas</strong>. Obviaban las grandes <a href="/articulo/rutas-planes/7-escapadas-sin-coche-grandes-ciudades/20211026110024274930.html">ciudades</a>, así como los grandes mercados, decantándose siempre por los pueblos y las masías. Allí podían ofrecer el trato personal y cercano que buscaban. Dormían, de hecho, en las casas de sus clientes. En las noches más afortunadas, en habitaciones preparadas para ellas. Cuando esto no era posible se acomodaba a su gusto el pajar o cualquier otro rincón de la casa. Eran mujeres apreciadas, en el valle y más allá.</p><p>Pero como ha venido sucediendo con las medicinas tradicionales que emplean recursos naturales, los tiempos modernos, el avance y el estudio dejaron en un segundo plano a estas mujeres y sus remedios caseros. Aunque durante largo tiempo siguieron formando parte de las comunidades a las que siempre habían pertenecido, y muchos de sus clientes no dejaron ir sus ungüentos ni sus hierbas, terminaron por desaparecer cuando su sustitución fue inevitable. <strong>A finales del siglo pasado, tras más de cien años recorriendo su mundo particular, las trementinaires ya solo eran un recuerdo</strong>.</p><p><h2>Las últimas trementinaires</h2></p><p><img class="size-full wp-image-407824" src="/media/espanafascinante/images/2022/02/03/20220203152500407824.jpg" alt="Lata en la que las trementinaires llevaban la trementina y otros aceites" width="800" height="500"></p><p>Hace cuarenta años del viaje de la última trementinaire. En 1984, Sofía de Ossera dejó el valle en que había nacido para, por última vez, recorrer el mundo ofreciendo sus remedios a sus paisanos. Tenía 73 años y con su regreso terminaría este legado. Había dedicado su vida a este oficio. Primero viajó con su abuela, después con su madre, cuando concluyó la <a href="/articulo/anecdotas/mayor-fuga-presos-historia-espana-guerra-civil/20211103110229274942.html">Guerra Civil</a> lo hizo con su suegra, más tarde con sus hijas, tiempo después con una vecina y finalmente con su marido, que era, como se ha podido sin duda deducir, hijo de trementineira. Han pasado cuarenta años de ese último viaje, pero el valle de la Vansa y Tuixent recuerda bien su historia. <strong>Hay muchas otras historias que recordar pero, amigos, os las cuento otro día.</strong></p>]]></content:encoded>
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        <media:title><![CDATA[Trementinaires, las mujeres que van por el mundo]]></media:title>
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        </item>
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  <title><![CDATA[Serenos, los guardianes de la noche]]></title>
      <category><![CDATA[Oficios de Siempre]]></category>
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  <pubDate>Fri, 4 Feb 2022 12:16:24 +0100</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Judith Torquemada]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[ Cuentan quienes los vieron que  los serenos eran la imagen más representativa de las noches españolas de antaño . Provistos de su capote, su chuzo o lanza, su farol, su porra, su matraca y su silbato, paseaban la noche como quien pasea su hogar....]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Cuentan quienes los vieron que <strong>los serenos eran la imagen más representativa de las noches españolas de antaño</strong>. Provistos de su capote, su chuzo o lanza, su farol, su porra, su matraca y su silbato, paseaban la noche como quien pasea su hogar. Vociferaban las horas, el tiempo y los acontecimientos de importancia. En ciertas madrugadas afortunadas, algún vecino los acogía en la calidez de sus casas, donde eran invitados a un café o una copa, lo que se terciase en cada ocasión. Los serenos fueron los guardianes de la noche durante dos siglos, hasta que los tiempos modernos se impusieron y no hubo ya necesidad de recurrir a ellos.</p><p>Pero para llegar a ese final, primero debe conocerse el principio. <strong>Había una vez un hombre pegado a un farol que respondía a su llamada con un característico “¡vaaaa!”...</strong></p><p><h2>¡Serenooo…!</h2></p><p><figure class="image"><img class="size-full wp-image-407856" src="/media/espanafascinante/images/2022/02/04/20220204104845407856.jpg" alt="Imagen de un sereno español de principios del siglo XX" width="800" height="500" /><figcaption> Imagen de un sereno español de principios del siglo XX. | <a href="https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Sereno.png">Wikimedia</a></figcaption></figure></p><p>Esta narración traslada a quien la atiende a finales del siglo XVIII, cuando las calles eran mucho más oscuras y misteriosas de lo que son hoy en día. Haced ahora un esfuerzo por reproducir el sonido de las tranquilas aguas del mar de <a href="/articulo/que-ver/ver-en-valencia/20140421152017272625.html">Valencia</a>, pues es hasta la capital del Turia hasta donde hay que desplazarse para encontrar el origen de la historia. Cuentan que <strong>fue allí donde nació este oficio, en torno al año 1777</strong>, a raíz de la prohibición de fabricar y consumir fuegos artificiales. Curioso inicio este, seguramente penséis, pero tiene una explicación. Ante el creciente número de despidos en la industria de la pirotecnia, el alcalde de por entonces encontró un nuevo destino para quienes habían perdido su ocupación. Así que dejaron los petardos y se colocaron el capote. Eran los primeros y nuevos serenos.</p><p>¿Cuál era la función de los serenos?, tal vez se pregunten los más jóvenes. Si lo pensáis, es una figura que ha llegado hasta nuestros días con vivacidad, ya que todavía se emplea ese dicho tan popular y tan castellano… “¡Me toman por el pito de un sereno!”. Los serenos, con sus silbatos siempre a mano, patrullaban las <a href="/articulo/rincones-excepcionales/mapa-calles-mas-bonitas-espana/20221125122022274587.html">calles</a> nocturnas y denunciaban a todos los maleantes con los que se cruzaban en su camino. Su función, pues, era <strong>encargarse de que los barrios que les habían sido asignados fuesen seguros, que se cumplieran las normas</strong>. Claro que alguno debía tomarse esta misión quizá de manera inflexible, por lo que su silbato sonaba y sonaba y sonaba… hasta que los vecinos terminaban por ignorarlo.</p><p>Pero no penséis que estos serenos eran seres desdeñados por sus contemporáneos, más bien al contrario. <strong>Los servicios que prestaban eran muy apreciados</strong> entre las comunidades de las grandes ciudades, ya no digamos en los pequeños pueblos en los que este sereno era uno más, al que en muchas ocasiones se invitaba a pasar a los hogares para compartir comida o bebida caliente… O <a href="/articulo/rincones-excepcionales/triangulo-de-hielo-rincon-mas-frio-espana/20211220170007275042.html">fría</a>. Pero no entremos en detalles de lo que sucedía en los hogares, mejor continuemos en las calles.</p><p>Estos vecinos los reclamaban por motivos de toda índole, y para ello solían emplear simple y llanamente el nombre de su oficio: <strong>“¡serenooo…!”, se escuchaba en la calma de la noche</strong>. Cuando este recibía el aviso respondía con un simple “¡vaaa…!”, que rompía de nuevo el silencio. En otras ocasiones, cuando el solicitante precisaba del manojo de llaves que colgaba de su cinturón para entrar en su <a href="/articulo/obras-arte/espana-brutalismo-edificios/20211006060015274889.html">edificio</a>, solicitaban su ayuda dando palmadas.</p><p>Tal vez os estéis preguntando, llegados a este punto de la historia, <strong>el porqué de su nombre</strong>. Pues bien: está relacionado con otra de sus múltiples funciones. Además de la vigilancia, la seguridad, el acompañamiento, la llamada a las autoridades en los casos indispensables y el servicio de cerrajería, los serenos tenían también un carácter informativo. Entre sus mensajes vocingleros, destacaban dos: la hora y el parte meteorológico. Notificaciones que, según se estableció a comienzos del siglo XIX, debían repetir cada cuarenta o cincuenta pasos.</p><p>“Las doce en punto y serenooo”, se escuchaba. “Las tres en punto y serenooo”, decían en el avance de la noche. “Las cinco y lluviaaa”, si es que el tiempo había empeorado. Como ese “sereno” era el modo más habitual de concluir su comunicado particular, así pasaron a ser conocidos. En buena medida por el chascarrillo, porque en este país, hay que reconocerlo, se ha sido siempre muy de chascarrillo, pero también porque <strong>así quedaban diferenciados de otras figuras vigilantes</strong>.</p><p><h2>Dos siglos de vigilia nocturna</h2></p><p><figure class="image"><img class="size-full wp-image-407857" src="/media/espanafascinante/images/2022/02/04/20220204104847407857.jpg" alt="Escenas madrileñas. La soledad del sereno, por Francisco Sancha (revista Blanco y Negro, 1904)" width="800" height="500" /><figcaption> Escenas madrileñas. La soledad del sereno, por Francisco Sancha (revista Blanco y Negro, 1904). | <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Sereno_(oficio)#/media/Archivo:Escenas_madrile%C3%B1as._La_soledad_del_sereno,_por_Sancha_(cropped).jpg">Wikimedia</a></figcaption></figure></p><p>Estos serenos recibían, a cambio de su servicio, propinas de los vecinos, una de las razones por las que terminaron desapareciendo. Pero dejemos de adelantarnos: aún quedan dos siglos desde su nacimiento hasta su fin. <strong>¿Qué había que hacer para ingresar en este cuerpo?</strong>, toca preguntarse. Las condiciones eran claras y de no difícil cumplimiento. No se podía tener antecedentes, se debía medir por los menos un metro y medio, la voz del solicitante tenía que ser fuerte, clara, y se debía tener una edad comprendida entre los 20 y los 40 años. Sus rondas comenzaban a las once de la noche y concluían a las cinco de la madrugada. Durante el día, algunos paseaban también bajo los rayos del <a href="/articulo/rincones-excepcionales/puesta-sol-mas-famosa-espana-el-rincon-del-finde/20220809084325274843.html">sol</a>.</p><p>Entre ellos se comunicaban con sus silbatos y en el caso de estar en problemas existía un código para que su compañero más cercano, o algún vecino despierto y dispuesto a ayudar, supiera de sus apuros. En ese caso, voceaban una hora incorrecta. <strong>Hora equivocada significaba problemas</strong>.</p><p>A propósito de símbolos, gustosamente añadiremos a esta narración detalles que enriquecen aún más su perfil. Por ejemplo, que <strong>adquirieron según qué funciones curiosas en rincones concretos de España</strong>. En Badalona eran, además de los guardianes de las calles, los encargados de despertar a los pescadores para sus faenas, para lo cual empleaban otro código: los buenos hombres de <a href="/articulo/rutas-planes/pueblos-marineros-bonitos-espana/20240802200004273952.html">mar</a> dejaban atada una cuerda al picaporte de sus casas, con los nudos correspondientes a la hora en que debían ser llamados. Tres nudos y medio, tres y media de la mañana. Ahí estaba el sereno.</p><p>Así se fueron formando, poco a poco y con el paso de los años, diferentes cuerpos de serenos en las <a href="/articulo/rincones-excepcionales/ciudades-mas-antiguas-espana/20221109090800274526.html">ciudades</a> y los pueblos de la geografía española, convirtiéndose en una figura nacionalmente conocida. <strong>¿Cómo y por qué abandonaron las calles?</strong> Ah, llegaron los nuevos tiempos, como ya se ha señalado. Los porteros automáticos y las cerraduras modernas eliminaron buena parte de su función. Los medios de comunicación, por su parte, hicieron inútiles sus partes informativos a voces. También aquello del sueldo jugó en contra de este oficio, pues sin una mensualidad estable no había forma de poder seguir patrullando. Y así fue como, poco a poco, a lo largo de la década de los setenta, los serenos fueron dejando las calles nocturnas y las calles nocturnas dejaron de tener a su vecino más insigne en ellas.</p><p><h2>Los últimos serenos</h2></p><p><figure class="image"><img class="size-full wp-image-407859" src="/media/espanafascinante/images/2022/02/04/20220204111548407859.jpg" alt="Tarjeta navideña del siglo xix con un sereno vestido de gala" width="800" height="900" /><figcaption> Tarjeta navideña del siglo xix con un sereno vestido de gala. | <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Sereno_(oficio)#/media/Archivo:Sereno9319.png">Wikimedia</a></figcaption></figure></p><p>Quizá cueste creerlo, pero en ese compromiso de recuperar, o no perder del todo, lo que en el pasado se apreciaba, <strong>algunos rincones de España andan intentando traer de vuelta a esta figura para sus barrios y sus pueblos</strong>. Desde el norte llegan noticias. El ayuntamiento de <a href="/articulo/que-ver/que-ver-en-gijon/20140421151313272044.html">Gijón</a> pone de nuevo a los serenos en sus calles, adaptados al siglo al que pertenecen pero con la función con la que fueron concebidos. Trabajan, cuentan quienes los han visto, 364 días al año. ¿Descansan en <a href="/articulo/cultura-espanola/navidad-que-vivimos-nochebuena/20201223080002274351.html">Nochebuena</a>, en <a href="/articulo/cultura-espanola/la-navidad-que-vivimos-cap-4-fin-de-ano-un-ano-mas/20201230070034274360.html">Nochevieja</a>, quizá en la Noche de Reyes? No, descansan el 18 de octubre, que es el día en que celebran su profesión.</p><p>Así que tal vez, dentro de no mucho tiempo, esta narración tenga que actualizarse para hablar de un oficio renacido y recuperado, aunque de momento se quiere mantener la prudencia y establecer que esta profesión es uno de esos oficios de siempre que tanto cariño y nostalgia despiertan. De esta manera son también recordadas, en tierras catalanas, las <a href="/articulo/oficios-siempre/trementinaires-historia/20220205191238275109.html">Trementinaires</a>, las sabias mujeres de la montaña que hoy ocupan la memoria y un museo. <strong>Pero esa, amigos, es otra historia, así que os la cuento otro día.</strong></p>]]></content:encoded>
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        <media:title><![CDATA[Serenos, los guardianes de la noche]]></media:title>
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  <title><![CDATA[Componedores, arreglando huesos con sentidiño]]></title>
      <category><![CDATA[Oficios de Siempre]]></category>
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  <pubDate>Thu, 3 Feb 2022 17:12:38 +0100</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Judith Torquemada]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[ Comencemos esta  historia  con una onomatopeya que describe con acierto el objeto de nuestra narración, allá vamos: “¡ay!”. Eso era lo que se escuchaba hace tiempo, de forma repetida y constante, en ciertas casas de las diferentes comarcas...]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Comencemos esta <a href="/articulo/series-fascinantes/las-7-maravillas-de-la-espana-antigua-un-recorrido-por-nuestra-historia-ancestral/20210305125135274464.html">historia</a> con una onomatopeya que describe con acierto el objeto de nuestra narración, allá vamos: “¡ay!”. Eso era lo que se escuchaba hace tiempo, de forma repetida y constante, en ciertas casas de las diferentes comarcas gallegas. Un grito concentrado en un segundo, pues no duraba más el dolor ni la angustia. <strong>¿Alguno de los aquí presentes ha escuchado hablar de los componedores de huesos?</strong> Ellos eran los responsables de este pequeño sobresalto que encogía el cuerpo un segundo y después, “¡ay!”, arreglado.</p><p>Estos componedores de huesos nunca tuvieron un título universitario, ni se anunciaban por otro medio que el boca a boca de sus vecinos, pero por sus casas han pasado cientos, ¡miles!, de personas a lo largo de los años. Este oficio nació con la curiosidad y la destreza de unos pocos y ha ido muriendo a medida que estos lo han hecho. Aquí empieza una nueva historia. <strong>Había una vez unas personas capaces de arreglar huesos con sus manos…</strong></p><p><h2>La sabiduría de antaño</h2></p><p><img class="size-full wp-image-407861" src="/media/espanafascinante/images/2022/02/04/20220204112448407861.jpg" alt="Componedores de huesos" width="800" height="500"></p><p><strong>“¡Ay!”, se escuchaba en las casas gallegas, en un tiempo en que no se disponía de los conocimientos médicos que se tienen hoy</strong>. También hoy, cabe señalarlo, podrá escucharse si se afina el oído. Silencio, prestad atención, ¿lo oís? Claro, es que hay quien sigue confiando en aquello con lo que ha crecido, por una experiencia vivida en carne propia o por esas historias comunes que guardan las familias y las culturas compartidas. Los componedores siguen presentes en la realidad gallega, quizá no como antes, quizá sobre todo como un recuerdo, pero aún hoy están.</p><p>Hace ochenta, setenta, sesenta años, uno se torcía un tobillo en el campo de la <a href="/articulo/rutas-planes/pueblos-bonitos-galicia-lugares-encanto-personalidad/20230123160527272670.html">aldea</a> y los progenitores no acudían al fisioterapeuta: <strong>acudían al componedor de huesos</strong>. Entonces empezaba el ritual. Un pequeño examen de la zona lastimada, una distracción para que el dolor fuera más llevadero, un movimiento contundente, “¡ay!”, y problema resuelto. Todo volvía a estar donde y como tenía que estar. Los componedores han sido siempre reconocidos y queridos como un vecino más, incluso un poco más, porque se los quería desde la admiración de quien es capaz de arreglar lesiones con sus manos.</p><p>Ese es el verbo que debe emplearse, pues es el que empleaban ellos, cuando se trata de explicar este <a href="/articulo/reportajes/resineros-historia-futuro/20220209071806275101.html">oficio</a>: arreglar. <strong>Los componedores entendían de juegos de tendones, articulaciones y huesos</strong>. Aunque fuese necesario nacer con esta especie de don del buen tacto, la destreza se aprendía con los años, con el estudio de los recursos que tuvieran a su disposición, si es que tenían, y gracias, al fin, a muchas intervenciones. Si se les pregunta sobre el porqué de este oficio a los pocos que todavía quedan, o a aquellos que convivieron con los que estaban antaño, no ofrecerían otra explicación. Es algo familiar, heredado y trabajado.</p><p><strong>Su sabiduría tenía que ver con la fisioterapia y la medicina, incluso con la veterinaria, pero no era exactamente nada de esto.</strong> Era anterior, más antiguo. Es difícil rastrear su origen, pero da la sensación de que nació con la primera curiosidad y necesidad del hombre, con la primera mala pisada, “¡ay!”, y las primeras anotaciones de quien entrecerraba los ojos buscando una solución. Pertenecían, estos componedores, a esos oficios ligados a la llamada sabiduría ancestral y popular, la antecesora de los estudios universitarios.</p><p>Tal vez no fuesen profesionales acreditados, en sus paredes no colgaba ningún título y recibían a sus doloridos paisanos en chándal o en bata, pero a ellos han llegado a recurrir personas dedicadas al difícil mundo de la competición deportiva. Por manos de los mejores maestros de la <a href="/articulo/rincones-excepcionales/escultura-costa-da-morte-unica-mundo/20230519085900274665.html">Costa da Morte</a> han pasado grandes deportistas, nombres que aquí, con vuestro permiso, no se referirán. <strong>Pero las historias son verídicas y están ahí fuera, si alguno de los presentes quisiera investigar</strong>. Solo hay que empezar por rastrear al <em>bruxo compostor</em>…</p><p><h2>¡No se trata de magia!</h2></p><p><img class="size-full wp-image-407863" src="/media/espanafascinante/images/2022/02/04/20220204112451407863.jpg" alt="Componedores de huesos" width="800" height="500"></p><p><strong>Pero este oficio no tiene nada que ver con la magia, ni tampoco es ninguna clase de milagro</strong>. A pesar de que muchos componedores sean conocidos de este modo, no, no son bruxos ni bruxas. Y los mismos que farfullan sobre oraciones y ungüentos mágicos no son más que caraduras, que dirían las vecinas de la tierra. Los buenos componedores no presumían de curaciones prodigiosas ni han cobrado nunca precios desorbitados. Al menos, no los que eran de fiar, esos que recomendaban de <a href="/articulo/que-ver/que-ver-ribadeo-mucho-mas-playa-catedrales/20230526074242276587.html">Ribadeo</a> a <a href="/articulo/que-ver/que-ver-en-tui-que-ver-en-tuy/20140421155024276632.html">Tuy</a>, de <a href="/articulo/que-ver/que-ver-en-ferrol/20180629163128272573.html">Ferrol</a> a <a href="/articulo/que-ver/que-ver-en-verin/20230215165425276605.html">Verín</a>.</p><p>Cobraban la voluntad y no retenían al sufridor más tiempo que el necesario para lograr ese “¡ay!” que llegaba con el arreglo. Si estos componedores encontraban una lesión importante o sospechaban que el daño escapaba a su conocimiento, tiraban de <em>sentidiño</em> y enviaban en busca de un profesional con recursos y herramientas avanzadas. A veces las manos, por habilidosas que fueran, y esto lo sabían todos bien, no eran suficientes, un hecho que reconocían con honradez y sin vergüenza, <strong>quizá el secreto de la confianza que despertaban en sus paisanos.</strong></p><p>¿Y qué pasó?, se preguntarán. Lo que ha sucedido con otros tantos <a href="/category/series-fascinantes/series/oficios-siempre">oficios</a> que necesitan del legado familiar para continuar: que <strong>el tiempo ha visto cómo se perdían</strong>. Los grandes componedores que han llegado hasta nuestros días empezaron a trabajar sus manos con apenas ocho o nueve años, en la casa familiar. Hoy es utópico imaginar un escenario así.</p><p><h2>Los últimos componedores</h2></p><p><img class="size-full wp-image-365509" src="/media/espanafascinante/images/2021/10/20/20211020114854365509.jpg" alt="El concello de Navia de Suarna es uno de los más estimulantes de Lugo" width="800" height="500"></p><p>Quedan componedores, personas con manos sanadoras que siguen recibiendo, como se ha hecho siempre, vecinos en sus casas, pero son los menos. <strong>La mayoría han desaparecido: la edad, el paso del tiempo, el avance de la medicina moderna</strong>. El siglo XXI verá el final de un legado de mucho valor que tiene que ver con las prácticas de siempre, pero también, atended, con las relaciones entre vecinos. Se recuerda con cariño y admiración los nombres de quienes han tratado a cientos de personas, pero su herencia está condenada a perderse como tantas cosas que pertenecen a otra era.</p><p>Aunque hay quien sigue prefiriendo el buen ojo de los componedores que todavía viven. No son <a href="/articulo/rincones-excepcionales/zugarramurdi-eterna-brujeria-navarra-rincones-encantados/20210930140034273453.html">brujos</a>, recordad, solo personas con una sabiduría empírica, mucha buena mano y conocimiento del ser humano. Quién sabe si no terminarán por dar un impulso inesperado, pues la buena tierra gallega siempre ha sido reacia a dejar marchar sus costumbres. Algo similar parece estar sucediendo con el oficio del <a href="/articulo/oficios-siempre/serenos-historia-espana/20220204111624275107.html">sereno</a>, el guardián de las <a href="/articulo/rincones-excepcionales/mapa-calles-mas-bonitas-espana/20221125122022274587.html">calles</a> de otro tiempo que algunos se empeñan en recuperar. <strong>Pero esa, amigos, es otra historia, así que os la cuento otro día</strong>.</p>]]></content:encoded>
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        <media:title><![CDATA[Componedores, arreglando huesos con sentidiño]]></media:title>
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  <title><![CDATA[Plañideras, el lamento como oficio]]></title>
      <category><![CDATA[Oficios de Siempre]]></category>
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  <pubDate>Thu, 3 Feb 2022 16:39:22 +0100</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Judith Torquemada]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[ Esta  historia  comienza en tiempos de Maricastaña, siglos y siglos atrás, en un momento diferente al que hoy vivimos pero, en cierto modo, similar. Los rituales funerarios se han celebrado siempre y es en ese escenario donde aparecen las mujeres...]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Esta <a href="/articulo/series-fascinantes/las-7-maravillas-de-la-espana-antigua-un-recorrido-por-nuestra-historia-ancestral/20210305125135274464.html">historia</a> comienza en tiempos de Maricastaña, siglos y siglos atrás, en un momento diferente al que hoy vivimos pero, en cierto modo, similar. Los rituales funerarios se han celebrado siempre y es en ese escenario donde aparecen las mujeres protagonistas de esta narración. <strong>Mujeres que lloraban en funerales, mujeres a quienes se llamó plañideras</strong>.</p><p><strong>Su oficio es tan antiguo como el tiempo, pues si hay algo antiguo eso es la muerte y a la muerte está unido</strong>. Como sucede con otras tantas cosas, parece pertenecer a una época que a muchos se les antojará del todo incompresible. Para asistir a esta narración, por tanto, mejor desvestirse de prejuicios que impedirían observar este tiempo pasado con la amabilidad que merece, por muchas razones.</p><p>Empecemos, pues, la historia. <strong>Había una vez unas mujeres que convirtieron las lágrimas en un arte y un trabajo…</strong></p><p><h2>Lágrimas por un desconocido</h2></p><p><img class="size-full wp-image-407777" src="/media/espanafascinante/images/2022/02/03/20220203114913407777.jpg" alt="Representación antigua de plañideras de Difuntos" width="800" height="500"></p><p><strong>Las plañideras lloraban para ganarse el pan</strong>, es lo primero que uno debe comprender, aunque no faltaba quien consideraba que este oficio era sobre todo un arte. El arte de la actuación, del dejarse arrastrar por la pena ficticia y la pérdida fingida. Estas mujeres acudían a los rituales funerarios para mostrar y contagiar su dolor, que nacía de una extraordinaria capacidad de interpretación y del deseo de llenar los bolsillos. Las plañideras lloraban y lloraban y recogían sus lágrimas en lacrimatorios que más tarde descansarían junto al difunto. En la <a href="/articulo/rincones-excepcionales/santa-eulalia-boveda-templo-repleto-secretos/20201002090026273756.html">antigüedad</a>, este llanto, así estaba considerado, era necesario para llevar a cabo el tránsito de la vida a la muerte, para purificar el alma del fallecido y conducirla a la plenitud.</p><p>Con el paso de los siglos, <strong>el llanto de las plañideras se fue llenando de significados</strong>. Su presencia en los enterramientos empezó a estar también relacionada con la posición social de la persona fallecida. Cuanto más se llorase su muerte, y debe entenderse cuán importante es este detalle, más querida había sido esta persona en vida. ¡Cuántas lágrimas se han derramado buscando este reconocimiento público! Comprended ahora que este deseo de renombre en las despedidas no ha desaparecido, que no ha hecho otra cosa que evolucionar hasta encontrar expresiones adecuadas a la nueva era.</p><p>Antaño se lograba con el llanto, no digamos ya si se añadía algún elemento más. Y es que <strong>en las particulares obras teatrales de las plañideras no había límites</strong>: algunas sólo recurrían a los clamores al cielo, pero otras llegaban a desgarrarse las ropas, ¡incluso a las autolesiones! Era el arte del lamento en manos de profesionales. Mujeres expertas que, en muchas ocasiones, acudían con sus hijas a estos rituales, para enseñarles así la profesión que terminarían por heredar.</p><p><img class="size-full wp-image-407778" src="/media/espanafascinante/images/2022/02/03/20220203114914407778.jpg" alt="Sepulcro de Blanca de Navarra en el monasterio de Santa María la Real" width="800" height="500"></p><p>Lo curioso de este oficio, que hoy quizá se observe con dudas, es que puede rastrearse en el tiempo con mucha facilidad. Las plañideras ya se mencionan en la <em>Epopeya de Gilgamesh</em>, que está considerada la narración más antigua de todos los tiempos. Y no solo las crónicas y la literatura recogieron su relevancia: vasos, pinturas, esculturas y todo tipo de huellas arqueológicas han venido demostrando la <strong>abundancia de plañideras en todos los rincones del planeta</strong>. En la misma geografía española todavía hoy se las puede reconocer llorando las muertes de la reina Blanca I de Navarra o de Doña Urraca Díaz de Haro, esculpidas como están en el <a href="/articulo/rincones-excepcionales/11-tumbas-famosas-espana/20200605114142273865.html">sepulcro</a> de ambas. Cientos de familias han respirado tranquilas al abrigo de sus llantos, creyendo que estas lágrimas servirían de reposo eterno a quienes tenían que decir adiós.</p><p><h2>El momento en que la Iglesia dijo basta</h2></p><p>Pero las plañideras toparon con dificultades desde tiempos medievales, cuando las autoridades eclesiásticas y civiles trataron por todos los medios de prohibir su existencia. Denostaron su profesión y <strong>buscaron eliminar su presencia de ese último momento de despedida</strong>. Sus constantes gritos y sollozos, decían los párrocos, impedían que el entierro se desarrollase con normalidad.</p><p>Quizá molestase su ímpetu, sus lamentaciones viscerales. O acaso es que la Iglesia vio en este dolor un dolor compartido pero vociferado en exclusividad por estas mujeres, una amenaza para esa creencia que versaba sobre la vida eterna y la resurrección. En cualquier caso, y aunque las plañideras resistieron al principio, llegó un momento en que la Iglesia dijo basta. Entonces llegó lo esperado: <strong>la amenaza de excomunión para aquellas mujeres que se ofreciesen a llorar por dinero</strong>. Así, las plañideras, desde el siglo XVIII y poco a poco, fueron perdiendo presencia hasta su desaparición de la sociedad visible. Otro <a href="/articulo/reportajes/resineros-historia-futuro/20220209071806275101.html">oficio</a> que murió con los tiempos.</p><p><h2>Las últimas plañideras</h2></p><p><img class="size-full wp-image-407779" src="/media/espanafascinante/images/2022/02/03/20220203114915407779.jpg" alt="Plañideras, obra de Pepe Antonio Márquez" width="800" height="500"></p><p><strong>Su estela, sin embargo, permanece en las sociedades modernas</strong>. En las mujeres que, vestimenta negra y mantilla y peineta mediante, acompañan los pasos de la Semana Santa. O en el tradicional entierro de la Sardina, donde estas figuras cobran un cierto protagonismo, aunque se trate de un protagonismo diferente al que un día tuvieron. También en la escultura que, desde hace casi veinte años, descansa junto a la iglesia de Santa María de Luanco, en <a href="/articulo/rutas-planes/9-pueblos-de-montana-de-asturias-que-no-te-puedes-perder/20210428073005274573.html">Asturias</a>. En esta obra de Pepe Antonio Márquez se rinde homenaje a una parte del pasado que no debe olvidarse, aunque ya no tenga espacio en el presente.</p><p><strong>Dicen que todavía hay quien sigue recurriendo a su arte para despedir a los suyos</strong>. Cada cual tiene su manera de enfrentar el duelo, así que quién sabe en cuántos rincones españoles siguen buscando estos lamentos. Del mismo modo que hay quien prefiere que sea un <a href="/articulo/oficios-siempre/componedores-galicia/20220203161238275105.html">componedor de huesos</a> aquel que alivie sus dolores, recurriendo a lo que se ha mamado en la cultura familiar desde siempre. Pero esa, amigos, es otra historia así que os la cuento otro día.</p>]]></content:encoded>
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        <media:title><![CDATA[Plañideras, el lamento como oficio]]></media:title>
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