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  <title><![CDATA[España Fascinante :: Últimas noticias - Musas literarias]]></title>

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    <description><![CDATA[Revista y guía para el disfrute de lo más auténtico de España a nivel local, viajes, historia, estilo, gastronomía...]]></description>
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      <title><![CDATA[España Fascinante :: Últimas noticias - Musas literarias]]></title>
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  <title><![CDATA['Cañas y barro': el pueblo del agua y la Albufera del siglo XX]]></title>
      <category><![CDATA[Musas literarias]]></category>
    <link>https://www.espanafascinante.com/articulo/musas-literarias/canas-barro-retrato-albufera-siglo-xx/20230210132918275723.html</link>
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  <pubDate>Fri, 10 Feb 2023 13:29:18 +0100</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Judith Torquemada]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[ 
  A Vicente Blasco Ibáñez le interesaban las historias del pueblo, la vida corriente de la gente corriente, sus preocupaciones, rutinas y desempeños . Político, periodista y escritor, hizo del pueblo su centro temático y de la Comunidad...]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<!-- wp:paragraph -->
<p><strong>A Vicente Blasco Ibáñez le interesaban las historias del pueblo, la vida corriente de la gente corriente, sus preocupaciones, rutinas y desempeños</strong>. Político, periodista y escritor, hizo del pueblo su centro temático y de la Comunidad Valenciana el escenario de estas narraciones. Para escribir de la Albufera, lugar protagonista de <em>Cañas y barro</em>, se trasladó durante veinte días a vivir a la laguna más famosa de España. La abandonó después de contraer unas fiebres, pero el tiempo que pasó en ella fue suficiente para entender sus particularidades.</p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:paragraph -->
<p><strong>La representó de forma realista y con virtusismo</strong>. A pesar de sentir fascinación por este lugar, no cayó nunca en la trampa de romantizar sus idílicos paisajes y un entorno que, sobre todo hoy, puede considerarse bucólico. Así que nos dejó un bello y muy realista retrato de la Albufera del siglo XX. Un lugar que todavía puede reconocerse aunque, a pesar de los deseos del personaje más representativo de la novela, haya cambiado.</p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:heading -->
<h2>La Albufera valenciana del siglo XX</h2>
<!-- /wp:heading -->

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<figure class="wp-block-image aligncenter size-full"><img src="/media/espanafascinante/images/2023/02/09/20230209124433421082.jpg" alt="La Albufera valenciana" class="wp-image-421082"/><figcaption>Paisajes de la Albufera valenciana. | Shutterstock</figcaption></figure>
<!-- /wp:image -->

<!-- wp:paragraph -->
<p>La Albufera es uno de los humedales más importantes de España. En sus 21 120 hectáreas se encuentran realidades diferentes, pero la que Blasco Ibáñez buscó retratar es aquella que vivió atrapada en sus aguas. La comunidad de El Palmar no se explica sin el lago. Todo lo que existía al margen de este se presentaba como un mundo desconocido y ajeno. De <a href="/articulo/rutas-planes/9-escapadas-menos-dos-horas-valencia/20221202114843275618.html">Valencia</a>, en <em>Cañas y barro</em>, se habla como “una ciudad misteriosa y fantástica para aquellos chiquitines criados en una isla de cañas y barro”. La Albufera se encuentra <strong>a apenas diez kilómetros de Valencia, pero esta se sentía entonces un mundo completamente marciano</strong>.</p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:paragraph -->
<p>Lo que no significa que la Albufera se presente, en ningún caso, como el lugar ideal. Al contrario de idealizar sus formas, lo que hace Blasco Ibáñez es exponer sus defectos y denunciar la pobreza que este mundo único llevaba consigo. <strong>Único porque sus habitantes rara vez se planteaban que hubiera algo más allá, a pesar de las difíciles condiciones de vida</strong>. A pesar de la miseria, el barro y la escasez, condiciones que eran entonces aceptadas desde la certeza tranquila de no poder aspirar a algo mejor.</p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:heading {"level":3} -->
<h3>El mundo único de la Albufera</h3>
<!-- /wp:heading -->

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<figure class="wp-block-image aligncenter size-full"><img src="/media/espanafascinante/images/2023/02/09/20230209124435421083.jpg" alt="Puerto de El Palmar" class="wp-image-421083"/><figcaption>Puerto de El Palmar. | Shutterstock</figcaption></figure>
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<!-- wp:paragraph -->
<p>Leyendo hoy <em>Cañas y barro </em>es evidente que muchos de los personajes encuentran en esa vida dura una obligación. Hay que vivir así porque siempre se ha vivido así, porque no se puede vivir de otro modo. Trabajando mucho, ganando poco, teniendo menos. Cuando el joven Tonet, el nieto del Tío Paloma, es enviado a la guerra de Cuba, con todos los riesgos que eso conlleva, su familia acepta que así sea porque quieren que se convierta en un hombre. “Y si moría, un vago menos”, llega a leerse<strong>. La vida es la que es, el mundo es el que es</strong>.</p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:paragraph -->
<p>En la Albufera, la vida era la que era. Los protagonistas de <em>Caños y barro </em>viven en El Palmar, una isla “insana y retrasada”, hoy rodeada de campos de arroz y huertas. Blasco Ibáñez retrata a sus habitantes como personas que se saben desgraciadas, pero siempre desde el inmovilismo: <strong>“Eran hijos del lago, tranquilos en su miseria”</strong>. Entre la resignación y el desconocimiento, aceptan lo que tienen, “y al emprender el último viaje, cuando los llamase Dios, podrían llegar perchando hasta los pies de su trono, mostrándole al Señor, a falta de otros méritos, las manos cubiertas de callos como las bestias, pero el alma limpia de todo crimen”, escribió el autor.</p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:paragraph -->
<p>Especialmente en lo que respecta a los mayores del lugar, porque en jóvenes como Tonet empiezan a intuirse los aires de cambio. Ya no encuentra en la Albufera la madre que sí ve su abuelo. Solo puede seguir el amor de su antepasado de niño, cuando la fascinación por los paisajes y la libertad puede más que el sacrificio y el esfuerzo que implica sobrevivir en estos. <strong>Tonet pronto comprende el aislamiento en el que viven, la falta de posibilidades a la que están condenados</strong>. La desesperación que lleva a la tragedia a muchos personajes y esa miseria tranquila que caracteriza a otros.</p>
<!-- /wp:paragraph -->

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<h3>Animales fantásticos y dónde encontrarlos</h3>
<!-- /wp:heading -->

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<figure class="wp-block-image aligncenter size-full"><img src="/media/espanafascinante/images/2023/02/09/20230209124431421081.jpg" alt="La Devesa" class="wp-image-421081"/><figcaption>La Devesa. | Shutterstock</figcaption></figure>
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<!-- wp:paragraph -->
<p>El realismo y el naturismo son los estilos literarios que Blasco Ibáñez escogió para su producción literaria. Predomina también en <em>Caños y barro</em>, de forma tan marcada que resulta más evidente aún la manera en la que habla de buena parte de los animales que pueblan la Albufera, quizá para concederle algo del romanticismo que le niega en lo más importante. Así, encontramos la historia de la serpiente Sancha, que fue mascota y verdugo de un importante personaje de tiempos pasados. La Devesa que separa la laguna del mar está poblada de “toros salvajes” y en las aguas del lago, lo sabe todo el mundo, se esconde una enorme nutria retratada casi como un animal mitológico. <strong>Son los únicos momentos en los que Blasco Ibáñez se permite transgredir un poco la realidad</strong>.</p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:heading -->
<h2>El pueblo de la laguna</h2>
<!-- /wp:heading -->

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<figure class="wp-block-image aligncenter size-full"><img src="/media/espanafascinante/images/2023/02/09/20230209124436421084.jpg" alt="El Palmar" class="wp-image-421084"/><figcaption>El Palmar. | Shutterstock</figcaption></figure>
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<!-- wp:paragraph -->
<p>“Como todas las tardes, la barca-correo anunció su llegada a El Palmar con varios toques de bocina”, se lee en las primeras páginas, que sirven como un resumen perfecto de lo que es el día a día en El Palmar. <em>Cañas y barro </em>es un libro de valor porque, como hiciera la posterior serie homónima, sirve como aproximación a la forma de vida de este lugar. Emplea para ello una de las máximas en la literatura: <strong>no cuentes, muestra</strong>. Blasco Ibáñez no enumera detalles característicos: los introduce en la narración de tal forma que pasan a formar parte de la historia como un elemento más.</p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:paragraph -->
<p>Así el lector llega a conocer episodios reales. Por ejemplo, que en 1885 El Palmar sufrió un gran incendio por el que la mitad del pueblo quedó destruido. Fue entonces cuando buena parte de las barracas se sustituyeron por casas de ladrillos, dando <strong>un paso hacia la modernidad que les alejaba de la vida del lago y les acercaba a la ciudad</strong>. “Las barracas de paja se convirtieron rápidamente en cenizas, y sus dueños, queriendo vivir en adelante sin miedo al fuego, construyeron edificios de ladrillo en los solares calcinados empeñando muchos de ellos su escasa fortuna para traer los materiales, que resultaban costosos después de atravesar el lago. La parte del pueblo que sufrió el incendio se cubrió de casitas, con las fachadas pintadas de rosa, verde o azul”, escribe Blasco Ibáñez.</p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:heading {"level":3} -->
<h3>Tradiciones propias</h3>
<!-- /wp:heading -->

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<figure class="wp-block-image aligncenter size-full"><img src="/media/espanafascinante/images/2023/02/09/20230209124427421079.jpg" alt="Pescadores en la Albufera" class="wp-image-421079"/><figcaption>Pescadores en la Albufera. | Shutterstock</figcaption></figure>
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<!-- wp:paragraph -->
<p>También el vocabulario típico del lugar está presente. El lector aprende, así, que <strong>“la verdadera Albufera” era el <em>lluent</em></strong>, el lugar libre de plantas donde el agua brilla, donde se muestra “luciente”, que es la traducción de la palabra. Aprende también otras: la <em>percha </em>es el objeto en forma de pértiga que se emplea para hacer avanzar las barcas y los <em>mornells </em>son las bolsas con las que se pescan las anguilas. <em>All y pebre </em>es el guiso típico de El Palmar, y lleva como ingredientes ajos, pimientos, guindillas, pimentón, patatas y las ineludibles anguilas.</p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:paragraph -->
<p><strong>El día grande es el segundo domingo de julio, cuando se celebra el sorteo de <em>redolíns</em></strong>. Esta tradición se mantiene desde hace siglos y posibilita que todos los habitantes de El Palmar tengan acceso a la pesca en el lago, turnándose año a año los diferentes tramos de este. La alegría y la decepción por tener los mejores y los peores puestos se refleja bien en <em>Cañas y barro</em>.</p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:paragraph -->
<p>Otras celebraciones están presentes, como las fiestas de Navidad, a las que se concede gran importancia. También sabemos de la <em>arrastrà</em>, la gran pesca de final de temporada que dice algo, además, de la comunidad que históricamente ha sido la <a href="/articulo/naturaleza/la-albufera/20140821121514271983.html">Albufera</a>. <strong>Una comunidad que ha sabido organizarse y entenderse, independientemente de los problemas individuales</strong>. Una comunidad que ha vivido siempre por y para el agua, de lo que esta quiera darle.</p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:heading {"level":3} -->
<h3>La gente de la laguna</h3>
<!-- /wp:heading -->

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<figure class="wp-block-image aligncenter size-full"><img src="/media/espanafascinante/images/2023/02/09/20230209124440421086.jpg" alt="Campos de arroz en la Albufera" class="wp-image-421086"/><figcaption>Campos de arroz en la Albufera. | Shutterstock</figcaption></figure>
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<!-- wp:paragraph -->
<p><strong>“El que se criaba en aquella laguna, bebiendo su agua de barro, podía ir sin miedo a todas partes: estaba aclimatado”</strong>, se puede leer en otra ocasión, captando enseguida lo especial de estas gentes que se han criado a medio camino entre el agua y la tierra. “La humedad de la <a href="/articulo/rincones-excepcionales/albufera-fascinante-tradiciones-unicas-marjal-valencia/20200805160045274110.html">Albufera</a> parecía habérsele filtrado hasta la médula de los huesos”, continúa. Uno no puede crecer en un lugar así, en una época así, sin que se le quede en los huesos.</p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:paragraph -->
<p><strong>El escritor valenciano retrata a este pueblo como un pueblo que sabe de su desdicha</strong>. La historia de <em>Cañas y barro </em>es la historia de quien es completamente consciente del lugar donde ha nacido, donde vivirá y donde seguramente morirá, y entonces aprende a amar ese lugar en parte por imposición, por ser lo único que tiene. Y en parte por costumbre, porque se aprende a amar los espacios en los que vives. Pero nunca terminan de valorar realmente sus singularidades porque, ya que más allá de la libertad que acompaña a esta laguna salvaje y de su innegable belleza, las virtudes parecen haber huido de esos paisajes.</p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:paragraph -->
<p>Por eso algunos, los más despiertos, los que miran al futuro, buscan una salida<strong>: “Más valía ser labrador que vivir errante en el lago”</strong>. Un conflicto planea durante toda la novela: el que surge entre quienes quieren mantenerse fieles a la supervivencia en la laguna (de nuevo, por imposición, costumbre o ignorancia) y quienes quieren evolucionar hacia tiempos y escenarios mejores. Matar las aguas para vivir en la tierra, “convertir en tierra laborable lo que era agua, hacer surgir cosechas donde coleaban las anguilas entre las hierbas acuáticas”. “Batallar con el lago”, resume el escritor.</p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:heading {"level":3} -->
<h3>El hombre de la Albufera</h3>
<!-- /wp:heading -->

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<figure class="wp-block-image aligncenter size-full"><img src="/media/espanafascinante/images/2023/02/09/20230209124430421080.jpg" alt="Barquero en una puesta de sol" class="wp-image-421080"/><figcaption>Barquero en una puesta de sol. | Shutterstock</figcaption></figure>
<!-- /wp:image -->

<!-- wp:paragraph -->
<p>A todos aquellos que rechazan la laguna se enfrenta especialmente el hombre que, mimetizado con la Albufera, es el personaje más diferencial de toda la novela. Uno que siente verdadero amor por el lugar que habita. <strong>La del Tío Paloma es una miseria apasionada, no tranquila</strong>. Es un “hombre de agua, orgulloso de serlo”, en completa consonancia con el entorno en el que vive, presumiendo siempre del “amor profundo que sentía por su madre la Albufera”. Pero ni siquiera a través de sus ojos se romantiza la laguna, porque su amor no elimina los defectos, solo los asimila como inevitables.</p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:paragraph -->
<p>En el Tío Paloma, además, vive la reticencia al cambio, ese rechazo vehemente a aquellos que quieren vivir en la tierra y no en el agua, como sucede con su propio hijo. Este anciano recuerda y busca desesperadamente “las ruinas de la muerta Albufera”, lo que queda de lo que un día amó antes de que fuera quedando <strong>poco a poco destruida por la “voracidad de los hombres modernos”</strong>.</p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:heading -->
<h2>El presente y la belleza que encontró Blasco Ibáñez</h2>
<!-- /wp:heading -->

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<figure class="wp-block-image aligncenter size-full"><img src="/media/espanafascinante/images/2023/02/09/20230209124441421087.jpg" alt="La Albufera y Valencia de fondo" class="wp-image-421087"/><figcaption>La Albufera y Valencia de fondo. | Shutterstock</figcaption></figure>
<!-- /wp:image -->

<!-- wp:paragraph -->
<p><strong>La Albufera sigue viva, pero la laguna retrocede</strong>. Los pescadores de El Palmar siguen disputándose las zonas en las que capturar las anguilas, que son todavía un alimento indispensable, y siguen desplazándose por el lago y sus canales como quien camina por tierra firme. Las condiciones de vida han mejorado, apenas quedan barracas en pie y ninguna de ellas se usa ya como vivienda. Cada vez hay más arroz, algo que horrorizaría al Tío Paloma y los que, como él, vivieron otros tiempos. ¿Evolución o abandono?</p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:paragraph -->
<p>Lo que no cambia es la belleza. Blasco Ibáñez no se entretuvo en ella, pero la observó igualmente. Así dejó <strong>bellas descripciones de esos paisajes en los que supo ver algo más que una bonita puesta de sol</strong>. Con ellos terminamos, con la Albufera de noche: “La luz bajaba hasta el fondo del lago. Veíase el lecho de conchas, las plantas acuáticas, todo un mundo misterioso, invisible durante el día, y el agua era tan clara que la barca parecía flotar en el aire, falta de apoyo”. Y con <a href="/articulo/cronicas-viaje-busca-lo-autentico/atardecer-pequeno-mar-valencia-albufera/20221223105942275651.html">la Albufera</a> de día, “que aún parecía más salvaje a la luz del sol”.</p>
<!-- /wp:paragraph -->]]></content:encoded>
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  <title><![CDATA['La hija del mar', la ofrenda de Rosalía de Castro a la Costa da Morte]]></title>
      <category><![CDATA[Musas literarias]]></category>
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  <pubDate>Fri, 27 Jan 2023 10:54:00 +0100</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Judith Torquemada]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[ 
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        <content:encoded><![CDATA[<!-- wp:paragraph -->
<p>Cuando Rosalía de Castro publicó <em>La hija del mar</em>, en el año 1859, tenía solo 22 años y ya <strong>en el corazón una tierra reconocida y amada, así como un mundo entero en su imaginación</strong>. A partir de estas emociones nació su primera novela y nacería todo lo demás, sus <em>Cantares gallegos </em>y sus <em>Follas Novas</em>, obras dedicadas a su <a href="/articulo/rutas-planes/pueblos-bonitos-galicia-lugares-encanto-personalidad/20230123160527272670.html">Galicia</a> natal, que fue musa y razón de ser de la escritora en la que se convirtió.</p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:paragraph -->
<p>Galicia es también musa y razón de ser de este primer episodio de la serie narrativa <em>Musas literarias</em>, que se apropia de este concepto manido de “la musa” para hablar de las <strong>tierras que durante siglos han inspirado a los escritores y las escritoras</strong>. <em>La hija del mar</em> es un homenaje a los paisajes de Muxía y Finisterre, y a ese carácter de una comunidad de la que Rosalía escribió como pocos, siendo además una de las primeras en hacerlo.</p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:heading -->
<h2>Primeros y breves apuntes sobre una tierra evocadora</h2>
<!-- /wp:heading -->

<!-- wp:image {"align":"center","id":419171,"sizeSlug":"full","linkDestination":"none"} -->
<figure class="wp-block-image aligncenter size-full"><img src="/media/espanafascinante/images/2023/01/24/20230124130607419171.jpg" alt="Atardecer en el Santuario de la Virgen de A Barca" class="wp-image-419171"/><figcaption>Espectacular atardecer en el Santuario de la Virgen de A Barca. | Shutterstock</figcaption></figure>
<!-- /wp:image -->

<!-- wp:paragraph -->
<p><em>La hija del mar </em>podría haberse ambientado en pocos, muy pocos, lugares de España, porque pocos, muy pocos lugares de España tienen lo que tiene el carácter de Galicia. Ese aura mágico, evocador, misterioso y nostálgico que se ha romantizado hasta la saciedad. Un halo que permite hacernos creer en una muchacha que nació de las olas de <strong>un mar que, en la novela de Rosalía, como en la vida, es salvaje, impredecible y hermoso</strong>.</p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:paragraph -->
<p>Como la naturaleza en sí misma, que despierta, en <em>La hija del mar</em>, de esta forma: “El alba asoma ya en el horizonte y blancas nubes esparcidas por el azul del firmamento se alzan pausadamente y como si saludasen la luz que les alumbra; después crecen y se ensanchan y forman la espesa y densa niebla que cubre los más elevados peñascos, y desciende después a la tierra. Pero <strong>el sol disipando los vapores de la mañana parece dar nueva vida a la naturaleza</strong> y que todas las cosas dormidas despiertan al tibio calor de los primeros rayos”.</p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:paragraph -->
<p><strong>Los amaneceres y los atardeceres han tenido siempre un peso especial en la literatura</strong>. El comienzo y el final de un día, ligados de manera inevitable al comienzo y el fin de las cosas, de las emociones, de las reflexiones, de los momentos vitales. En Galicia, el amanecer puede verse desde cualquier punto, pero el atardecer conduce directamente hasta el más citado de la geografía española: el <a href="/articulo/rincones-excepcionales/puesta-sol-mas-famosa-espana-el-rincon-del-finde/20220809084325274843.html">atardecer</a> del cabo Finisterre, del que Rosalía de Castro escribe sin descanso.</p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:paragraph -->
<p>Con una pluma única, sabe también capturar el hechizo de esas noches gallegas en las que todo parece posible. “Era la noche clara y purísima, y tenía esa fría transparencia peculiar a las noches de <a href="/articulo/rincones-excepcionales/playas-invierno/20240123164734275033.html">invierno</a>; iluminaba la luna la tierra con ese color pálido amarillento que suele confundirse con la primera luz del alba, prestando a las cabañas, a los montes y las llanuras <strong>cierto tinte fantástico que hacía aparecer grandiosa aquella árida naturaleza</strong>”.</p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:paragraph -->
<p>En <em>La hija del mar </em>se siente el invierno, en la pausa y el paisaje, también en la desesperación de los personajes. Se siente asimismo la llegada de la primavera, con la que la escritura de Rosalía despierta y se llena de color: “Los ríos, los valles, las montañas, el cielo azul transparente y los lagos tranquilos que duermen a la sombra de los oscuros olmos, <strong>todo estaba cubierto de luz, todo bañado en las risueñas tintas con que la primavera halaga al mundo</strong>”.</p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:paragraph -->
<p>Sirvan estas líneas para adentrar al lector en <strong>un viaje que en manos de Rosalía de Castro no puede ser más evocador e inspirador</strong>, más auténtico y natural, más intenso, hermoso y tan de verdad como esa <a href="/articulo/rincones-excepcionales/lugares-desconocidos-galicia/20240219085942273864.html">Galicia</a> que nunca dejó de amar y que, además, enseñó a otros a hacerlo.</p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:heading -->
<h2>Los lugares que componen <em>La hija del mar</em></h2>
<!-- /wp:heading -->

<!-- wp:image {"align":"center","id":419169,"sizeSlug":"full","linkDestination":"none"} -->
<figure class="wp-block-image aligncenter size-full"><img src="/media/espanafascinante/images/2023/01/24/20230124130603419169.jpg" alt="Paisaje de Muxía" class="wp-image-419169"/><figcaption>Paisaje de tierra y agua, en Muxía. | Shutterstock</figcaption></figure>
<!-- /wp:image -->

<!-- wp:paragraph -->
<p><em>La hija del mar </em>se ambienta principalmente en Muxia, “<strong>un lugar árido, salvaje, inculto, país de nieblas</strong>”, como escribe la autora, poniéndose en el lugar de quien lo visita por primera vez.</p>
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<p>Cuando los ojos son de quienes la habitan, entonces el discurso cambia: “Un viento fuerte y continuo que viene del mar arranca a veces, como árboles que troncha el huracán, las pobres chozas de los pescadores dejándolos expuestos a la inclemencia de las estaciones, y, no obstante, los hijos de aquellas riberas abandonadas y tristes aman su país, mucho más que los que viven en esas fértiles y risueñas campiñas de los climas del mediodía, a quienes regala la naturaleza con cuanto tiene de más hermoso. <strong>Ellos aman sus chozas arruinadas, sus lanchas sucias y con el olor de la brea y sus redes</strong>, que ellos mismos hacen y ven envejecer, dulces tesoros que no abandonarían por todas las bellezas de la tierra”. El amor por una tierra de quienes inventaron una palabra, la <a href="/articulo/reportajes/radiografia-morrina-emocion-gallega/20221128091802275613.html">morriña</a>, para hablar de cuánto la extrañaban.</p>
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<p>Ese amor está presente en toda la obra de Rosalía. Esta autora sufrió lejos de su <a href="/articulo/rincones-excepcionales/lugares-literarios-de-galicia/20180516162116272409.html">Galicia</a>, como se advierte en sus obras posteriores, incluso aunque no siempre fuera feliz en esta. No debió pasarlo bien en Muxía, pues, sin ir más lejos, contrajo tifus y fue testigo del fallecimiento de una buena amiga a causa de esta misma enfermedad. La escritora, sin embargo, regresaría de nuevo a esta tierra para escribir <em>La hija del mar </em>primero y otros versos después, como si fuera <strong>su ofrenda particular a esa Virgen del santuario de Muxía que la acompañaría desde su juventud</strong> <strong>y hasta el fin de sus días</strong>.</p>
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<h3>Muxía y el santuario sagrado</h3>
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<figure class="wp-block-image aligncenter size-full"><img src="/media/espanafascinante/images/2023/01/24/20230124130605419170.jpg" alt="Santuario de la Virgen de A Barca" class="wp-image-419170"/><figcaption>El paisaje rocoso del santuario de la Virgen de A Barca forma parte de la leyenda. | Shutterstock</figcaption></figure>
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<p>Viajamos hasta Muxia. Allí espera el peñón de la Cruz, uno de los lugares más referenciados en <em>La hija del mar</em>, descrito como un “<strong>peñón inmenso, parecido a un castillo feudal con sus almenas y sus torres</strong>”. Esta relación entre formación natural y construcción del hombre se mantiene en toda la obra: “gigantesco y sombrío como un castillo de la Edad Media”.</p>
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<p>“<strong>Aquel peñón negro y desnudo se levanta hasta las nubes, ostentando en su cima una cruz de piedra cubierta con la amarillenta corteza que el tiempo presa a las rudas masas de granito</strong>”, describe después. Quien hoy sube hasta lo alto del monte Corpiño, desde donde se obtienen unas vistas asombrosas del Atlántico y el pueblo de <a href="/articulo/que-ver/que-ver-en-muxia/20140421154712276565.html">Muxía</a>, encontrará esta cruz amarillenta. “Es, en fin, el Peñón de la Cruz, gigante que resiste las tormentas, que se burla del rayo que le hiere sin destruirle, que escala las nubes desafiando al cielo”, escribe Rosalía, con esa capacidad innata de dar vida a un paisaje estático, que parece no haber cambiado ni aun con el paso de los siglos.</p>
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<p><strong>Todavía en Muxía, tiene una especial importancia el santuario de la Virgen de A Barca</strong>, lugar que influyó enormemente en Rosalía en el tiempo que la escritora residió aquí. Muxía, de hecho, no se explica sin la relación con este rincón sagrado, todavía hoy protagonista de una rama del <a href="/articulo/cronicas-viaje-busca-lo-autentico/cronica-fin-del-mundo-fin-de-ano-finisterre/20221212120649275633.html">Finisterre</a> después. Casi como si la propia Rosalía hubiera decidido los pasos a seguir: desde su <a href="/articulo/rincones-excepcionales/dia-santiago-de-compostela/20221202111930275624.html">Santiago</a> natal hasta este rincón de la Costa da Morte. Cuenta la leyenda que la Virgen llegó aquí buscando al apóstol, en una barca hecha de roca, cuyos restos, según la tradición, son las piedras que componen hoy este paisaje.</p>
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<p>“Teresa había ido a visitar la santa piedra, como allí la llaman, que se balancea pausadamente produciendo en su acompasado movimiento un ruido sordo y metálico que se escucha a larga distancia”, escribe Rosalía de una de sus protagonistas, que aparece balanceándose sobre la Pedra de Abalar, que significa oscilar, de 9 metros de longitud. Otras formaciones que también han recibido un nombre propio son la Pedra dos Namorados o la Pedra de O Temón, también muy populares, tanto entre los viajeros como en el folclore local.</p>
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<p>Un sendero conduce desde aquí hasta el monte Corpiño. Otros muchos parten de Muxía hacia paisajes de ensueño, en la costa o en el interior. Rosalía describe uno de estos últimos caminos hacia un estanque: “<strong>había allí orillas misteriosas, las flores acuáticas flotaban entre las ondas perezosas como guirnaldas de las frescas diosas que habitan en tan deleitosos lugares</strong>”. Cuando Galicia se aleja del <a href="/articulo/rincones-excepcionales/costa-da-vela-ante-el-atlantico-infinito-el-rincon-del-finde-a-remojo-10/20210722100052274740.html">Atlántico</a> se llena de una belleza diferente, igualmente sobrecogedora. Pero nos quedamos con el mar.</p>
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<h3>El fin del mundo en la obra de Rosalía</h3>
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<figure class="wp-block-image aligncenter size-full"><img src="/media/espanafascinante/images/2023/01/24/20230124130558419167.jpg" alt="Acantilado de Finisterre y el Atlántico" class="wp-image-419167"/><figcaption>Acantilado de Finisterre y el Atlántico infinito ante él. | Shutterstock</figcaption></figure>
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<p>“<strong>El embravecido mar de Finisterre lanzaba sus verdes y espumosas olas contra los peñascos que rodean el antiguo santuario de Nuestra Señora de la Barca</strong>. Un sol de invierno, claro, pero frío, iluminaba aquellas montañas que, ya graníticas, ya arenosas, tienen siempre ese aspecto desolado y salvaje de las comarcas estériles, en cuya tierra no brotan jamás ni arbustos ni verdura”, escribe Rosalía.</p>
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<p>Si un paisaje destaca de entre todos los que escogió para componer su primera novela, ese es Finisterre. Sin desmerecer el bello entorno de Muxía, la mística que a lo largo de los siglos ha acompañado este lugar es imbatible. Antaño considerado el fin del mundo, hoy todavía guarda algo de ese significado. Uno puede mostrarse a priori escéptico, pero cuando se planta ante estos acantilados se empapa de todo esto <strong>como si realmente fuera una herencia de nuestros antepasados, como si estuviéramos destinados, como especie, a sentir fascinación, y temor, por este <em>Finis Terrae</em></strong>.</p>
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<p>Rosalía empieza hablando de Finisterre así: "Si Byron, ese gran poeta, el primero sin duda alguna de este siglo, hubiese posado sobre el desnudo cabo de Finisterre su mirada penetrante y audaz, hubiéramos tenido hoy tal vez un cuadro más en su Manfredo, o algunas de aquellas grandiosas creaciones inspiradas bajo el sereno cielo de la Grecia, y con la cual haría ver al mundo que <strong>hay en este olvidado rincón de Europa paisajes dignos de ser descritos por aquel que era el más grande de los poetas</strong>".</p>
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<p>El acantilado de Finisterre asciende desde los islotes de O Petonciño y A Centola hasta el monte de O Facho, que con sus 242 metros corona el lugar. Desde aquí, “<strong>el mar se divisa más irritado y soberbio, las olas se estrellan bramadoras contra las rompientes y los bajíos, formando torrentes de espuma que saltan a una altura inmensa, cayendo después como una lluvia de perlas</strong>”. “Finisterre es la última sonrisa del caos del hombre asomándose al infinito”, escribiría un siglo más tarde el también gallego Camilo José Cela. Su popular faro se construyó apenas unos años antes de que Rosalía tuviera oportunidad de maravillarse con sus formas, a las que seguiría dedicando versos como si nunca hubiera dicho suficiente.</p>
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<h2>El mar que lo condiciona todo</h2>
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<figure class="wp-block-image aligncenter size-full"><img src="/media/espanafascinante/images/2023/01/24/20230124130609419172.jpg" alt="Tradicional secadero de congrios al aire libre" class="wp-image-419172"/><figcaption>Tradicional secadero de congrios al aire libre. | Shutterstock</figcaption></figure>
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<p><strong>La tradición marinera de Muxía y Finisterre también viene de siglos atrás</strong>. Todavía hoy, el Mercado Marinero de las Rutas del Mar es una de las fiestas más populares de la primera localidad, organizada para festejar esta cultura marinera de la que han nacido desde platos gastronómicos hasta oficios centenarios. Tal es el caso de los secaderos artesanales de congrio, los últimos que quedan en Europa.</p>
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<p>Muxía, así como Finisterre, no se explica sin sus marineros, a quienes la escritora gallega también dedica muchos de sus versos. “El soldado perece, y cien poetas cantan su heroica muerte, el recuerdo de su valor vuela en alas de la fama y sus cenizas son respetadas, pues las guardan los mármoles del obelisco: pero <strong>a la muerte del marino sigue el silencio más profundo</strong>. Nadie canta su valor, ni nadie puede contar sus últimos momentos, los más llenos de desesperación y más horribles que existen en la tierra”, escribe en el más sentido de todos ellos.</p>
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<p>No hay solo sentimiento, sin embargo, en <em>La hija del mar</em>. Hay también un afán por recoger su día a día, su manera de relacionarse unos con otros y la vida que conceden a las localidades a las que arriban. “Los unos en pos de los otros, el cuerpo inclinado hacia atrás y los anchos pies hincados fuertemente en la arena de la playa, <strong>parecían nuevos Hércules dispuestos a combatir con los elementos</strong>”, describe en otra ocasión.</p>
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<p>“El paso del marino sobre la tierra es como el de las águilas de los Andes, que sólo descienden un instante sobre las cumbres para dirigir de nuevo su vuelo a la región de las nubes. <strong>Perdonadle, pues, que cuando llegue a la playa, beba y jure y se apresure a ser feliz aun cuando no sea más que un solo día</strong>”, escribe, quizá tratando de que el mundo comprenda y perdone sus defectos.</p>
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<figure class="wp-block-image aligncenter size-full"><img src="/media/espanafascinante/images/2023/01/24/20230124130601419168.jpg" alt="Mar embravecido en Muxía" class="wp-image-419168"/><figcaption>Mar embravecido en Muxía. | Shutterstock</figcaption></figure>
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<p>Este “desolado rincón del mundo” ha visto cómo la tragedia se presentaba una y otra vez en sus costas. “<strong>En otros tiempos se creía, y aun hoy se cree, que aquellos lugares están malditos por Dios</strong>”, escribe la autora, pues “numerosas embarcaciones han sido allí juguete de las olas irritadas, y como ligera pluma desaparecieron en un instante de la superficie de las aguas, sin que el mar arrojase a la playa el más pequeño resto que indicase más tarde la pasada tormenta y el triste naufragio”.</p>
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<p>30 años más tarde de la publicación de <em>La hija del mar</em>, se produjo una de las mayores catástrofes que se recuerdan, todavía hoy asentada en la memoria colectiva de este lugar donde “lloran las olas y los vientos”. El naufragio del HMS Serpent, un buque inglés, propició que los diarios británicos popularizasen esta zona como <em>Coast of Death</em>: la Costa da Morte. Los fuertes vientos desviaron la trayectoria del barco, que embistió contra Punta do Boi de Camariñas. Esa noche perdieron la vida 173 personas. “<strong>Aquello es una lucha sin término, una ira que no se calma, unos aullidos que nunca cesan, una babel, en fin, de lenguajes desgarradores que lastiman y no se comprenden</strong>”.</p>
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<p>Rosalía nunca quiso eliminar los defectos de este lugar. Más bien al contrario, se esforzó por mostrar sus contradicciones, por explicar cómo este carácter complejo determina el de los personajes que creó para su historia. “<strong>Todo aquello era hermoso, todo melancólico a pesar de que no divisaba en aquel vasto paisaje ni árboles, ni arroyos, ni la más desdichada flor silvestre</strong>”, escribe, sobre los vacíos y la plenitud que aquí se experimenta, que empapa a todos sus personajes y también a todas aquellas personas que lo visitan, todavía hoy en día.</p>
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<p>Con la plenitud, la belleza y la inmensidad queremos concluir, citando de nuevo un verso de Rosalía, que puede hacer las veces de resumen de <em>La hija del mar</em> y de la tierra que la inspiró: “La mirada puede alcanzar hasta una inmensidad sin límites, severa y uniforme, el cielo y el mar se confunden, en el lejano horizonte formando un solo cuerpo y en una sola línea, y <strong>el pensamiento se lanza allá donde no puede alcanzar la mirada y gira en un mundo que desconoce pero que adivina</strong>”.</p>
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