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  <title><![CDATA[España Fascinante :: Últimas noticias - Enxebre]]></title>

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    <description><![CDATA[Revista y guía para el disfrute de lo más auténtico de España a nivel local, viajes, historia, estilo, gastronomía...]]></description>
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  <title><![CDATA[Un mundo entero en la Ribeira Sacra]]></title>
      <category><![CDATA[Enxebre]]></category>
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  <pubDate>Thu, 26 Aug 2021 13:30:24 +0200</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Judith Torquemada]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[ Fue durante el tercer y último día de viaje por la Ribeira Sacra cuando finalmente abracé todo el significado que recoge la palabra   enxebre  . La comprendí de tal manera que estuve cerca de mimetizarme con el acento cantarín de sus gentes, a...]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Fue durante el tercer y último día de viaje por la Ribeira Sacra cuando finalmente abracé todo el significado que recoge la palabra <a href="/articulo/enxebre/aproximandome-a-un-concepto-sagrado-enxebre-1/20210730070012274751.html"><em>enxebre</em></a>. La comprendí de tal manera que estuve cerca de mimetizarme con el acento cantarín de sus gentes, a las que también entendí mejor. <strong>Lo <em>enxebre</em>, en ese lugar sagrado, es algo intrínseco. Está unido a la tierra como sus elementos están unidos entre sí</strong>. Como los bosques de castaños están unidos al <a href="/articulo/rincones-excepcionales/monasterio-de-santa-cristina-de-ribas-de-sil-el-corazon-de-la-ribeira-sacra-el-rincon-del-finde/20210610080041274648.html">monasterio de Santa Cristina de Ribas de Sil</a>, como los <em>socalcos </em>están unidos al Miño. Como la lluvia que me recibió el primer día, como el sol que me despidió aquel último. Como la niebla de cada mañana y las estrellas que pueden verse en el cielo cada noche.</p><p><strong>Cuesta despedirse de un lugar así, dejarlo ir</strong>. Era consciente de ello del mismo modo que en los instantes previos al <a href="/articulo/momentos-clave/de-paises-bajos-a-cuacos-de-yuste-el-viaje-final-del-emperador-carlos-v/20210518120036274612.html">viaje</a> lo había sido de lo importante que era entender esas siete letras que hablaban de autenticidad. <em>Enxebre</em>. Cuesta despedirse de lo auténtico. Así que respiré cada uno de los últimos momentos que viví en las alturas de la Ribeira Sacra, a la orilla del Sil y en todas las curvas, que también en <a href="/articulo/que-ver/ver-en-ourense/20140421154926276602.html">Ourense</a> son <em>serpes.</em></p><p><iframe allowfullscreen="allowfullscreen" frameborder="0" height="315" src="https://www.youtube.com/embed/61KprUqYkaE" width="500"></iframe><h2>La quietud de otras épocas</h2></p><p>Si Parada do Sil me había sorprendido con su historia de despedidas y ese monasterio adoptado por la <a href="/articulo/rincones-excepcionales/ria-ribadeo-galicia-asturias-son-una/20210813080005274786.html">naturaleza</a>, <strong>los montes de Nogueira de Ramuín me recibieron privándome de toda visión</strong>. Pero me ofrecieron, a cambio, algo que consideré mucho mejor dado el paraje en el que me encontraba. Me dieron la capacidad de imaginarme en otro tiempo, incluso en otro mundo.</p><p><figure class="image"><img class="size-full wp-image-349354" src="/media/espanafascinante/images/2021/08/26/20210826112341349354.jpg" alt="Rocas megalíticas de Nogueira de Ramuín" width="800" height="500" /><figcaption> Rocas megalíticas de Nogueira de Ramuín</figcaption></figure></p><p>La niebla de cada madrugada lo envolvía todo y me envolvía a mí, con la promesa de ser capaz de transportarme a otros universos en los que <strong>las rocas megalíticas que encontré tenían historias que contar</strong>. Narraciones de gigantes, según reza la <a href="/articulo/series-fascinantes/leyendas-el-norte-oscuro/20210309175844274477.html">leyenda</a> de la zona, que rompieron montañas y dejaron caer esas grandes piedras que no obedecen orden alguno. Pertenecen a <a href="/articulo/series-fascinantes/las-7-maravillas-de-la-espana-antigua-un-recorrido-por-nuestra-historia-ancestral/20210305125135274464.html">edades antiguas</a>, muy antiguas, apuntan los estudios realizados. Aquello puede considerarse un parque temático del <a href="/articulo/otros/descubren-un-dolmen-con-restos-humanos-del-megalitico-en-antequera/20200917081107274218.html">megalítico</a>. Un paraíso para quienes desean acercarse al pasado.</p><p><figure class="image"><img class="size-full wp-image-349351" src="/media/espanafascinante/images/2021/08/26/20210826112335349351.jpg" alt="La naturaleza de la Ribeira Sacra es una naturaleza indómita" width="800" height="500" /><figcaption> La naturaleza de la Ribeira Sacra es una naturaleza indómita</figcaption></figure></p><p>Pero antes de llegar a ello, solo niebla. Niebla en el camino, niebla entre los pinos. La sensación continua de seguir un sendero del que no aprecias el final, en el que puedes perderte con facilidad. El deseo de querer vivir aventuras, de aventurarse un poco más. Y al mismo tiempo el miedo de perturbar <strong>una calma que no se siente como un milagro de este tiempo sino como algo, de nuevo, connatura</strong>l. Eso, me dije mientras acariciaba los colores de las flores que rompían el dominante verde, es muy <em>enxebre</em>. Ese conservar la quietud de otras épocas, ese alejarse del ruido que ni se sospecha allá en <a href="/articulo/rincones-excepcionales/portico-paraiso-catedral-ourense/20200420162832273744.html">Ourense</a>, ciudad en realidad cercana.</p><p>Se puede fantasear con otro tiempo, con otro mundo, pero se está allí, en <a href="/articulo/rincones-excepcionales/lugares-desconocidos-galicia/20240219085942273864.html">Galicia</a>. En esa vegetación, verde y de otros mil colores, bruta y sin orden, salvaje, indómita. Con su olor a lluvia y un único sonido que rompe el silencio: el de la naturaleza. El de las <a href="/articulo/rincones-excepcionales/cascada-mas-grande-galicia/20240124082813274800.html">cascadas</a> que también descubrí esa mañana o el que uno mismo provoca al balancearse en el columpio de Nogueira de Ramuín. <strong><em>O Bambán do Solpor</em>, levantado por los vecinos de la zona para contemplar los atardeceres desde lo alto de la Ribeira Sacra</strong>. Las caídas de sol de su infancia, había leído. Los crepúsculos, en realidad, pues eso significa <em>solpor</em>.</p><p><figure class="image"><img class="size-full wp-image-349355" src="/media/espanafascinante/images/2021/08/26/20210826112342349355.jpg" alt="O Bamban do Solpor" width="800" height="500" /><figcaption> O Bambán do Solpor</figcaption></figure></p><p>Los <a href="/articulo/turismo-activo/acampada-libre-espana-eterna-encrucijada/20210806092933274769.html">amaneceres</a> no se contemplan con tanta facilidad porque, ya lo había aprendido, <strong>la Ribeira Sacra amanece con niebla</strong>.</p><p><h2>Imágenes para el recuerdo</h2></p><p><figure class="image"><img class="size-full wp-image-349352" src="/media/espanafascinante/images/2021/08/26/20210826112336349352.jpg" alt="El Monasterio de Santo Estevo de Ribas de Sil aparece de pronto" width="800" height="500" /><figcaption> El monasterio de Santo Estevo de Ribas de Sil aparece de pronto</figcaption></figure></p><p>Con el barro en las suelas y el aroma a <a href="/articulo/rincones-excepcionales/nuestra-senora-de-las-ermitas-el-impresionante-templo-oculto-en-las-montanas-de-galicia/20201117110044273956.html">monte</a> impregnado en mi ropa invernal aunque fuera pleno verano, <strong>dirigí mis pasos hacia el Monasterio de Santo Estevo de Ribas de Sil</strong>. Había leído tanto sobre este lugar que temía que mis expectativas fueran muy superiores a lo que iba a encontrar. Pero verlo aparecer de pronto, sobre ese terreno escalonado que conduce al río Sil, al margen derecho de una estrecha carretera a la que apenas puedes prestar atención, fue una de las sensaciones más intensas que experimenté en la Ribeira Sacra. Uno de esos impactos visuales que se queda grabado en la retina, aposentado para siempre en un rincón especial de la memoria.</p><p>De pronto, el verde de la vegetación que me había acompañado hasta el lugar dio paso al tono anaranjado que cubre este <a href="/articulo/rincones-excepcionales/los-5-tesoros-del-romanico-en-espana/20180607153115272447.html">edificio románico</a> de enorme valor. Resulta difícil tomar conciencia de que sus imponentes muros han soportado tantos siglos de historia. Al mismo tiempo se percibe como algo eterno. Como esas cosas que parecen haber estado ahí siempre, desde el comienzo de los tiempos. Se ha reformado, ha evolucionado y ha terminado convertido en un parador propio del siglo XXI, pero <strong>hay en sus cimientos un aroma claro: el de la antigüedad</strong>.</p><p><figure class="image"><img class="size-full wp-image-349353" src="/media/espanafascinante/images/2021/08/26/20210826112338349353.jpg" alt="Claustro del monasterio, uno de los pocos románicos que quedan en Galicia" width="800" height="500" /><figcaption> Claustro del monasterio, uno de los pocos románicos que quedan en Galicia</figcaption></figure></p><p>Es un lugar ancestral y se siente así. El primer documento que atestigua su construcción es del año 921, pero fue fundado <strong>tres siglos atrás, como un eremitorio que reunía una pequeña comunidad de monjes que optaron por esa quietud de otras épocas</strong>. La <a href="/articulo/rincones-excepcionales/iglesias-ruinas-espana/20240122084300274314.html">iglesia</a> se levantó a finales del siglo XII y uno de los pocos claustros románicos que todavía perduran en <a href="/articulo/rincones-excepcionales/lugares-literarios-de-galicia/20180516162116272409.html">Galicia</a>, el de los Obispos, pertenece al siglo XIII. Fue entre sus columnas de piedra donde pensé que todos los monasterios que había descubierto poseen algo que los diferencia del resto , lo que acrecienta la sensación de estar siempre ante algo único.</p><p>Santo Estevo de Ribas de Sil justifica, casi por sí mismo, que la Ribeira Sacra sea <strong>uno de los lugares más importantes de Europa cuando se quiere conocer el románico rural</strong>. Son dieciocho los monasterios de origen medieval que se concentran en la zona y este es el mayor de todos ellos. Con el que comienza la grandeza de lo sagrado.</p><p>Un documento redactado a comienzos del siglo XII ya lo sentía así. “<em>Ryboira sacrata”</em>, puede leerse. Lo sagrado se entiende mejor a medida que se recorre la ribeira. A medida que se conocen sus iglesias, sus templos, los lugares de oración de quienes hace tanto tiempo pidieron por esta tierra y sus habitantes. El hogar de quien se retiró a vivir entre el Miño y el Sil, como esos <strong>nueve obispos de la historia que recogen parte del carácter legendario de Galicia</strong>.</p><p><h2>La leyenda y la cultura de un pueblo</h2></p><p><figure class="image"><img class="size-full wp-image-349356" src="/media/espanafascinante/images/2021/08/26/20210826112344349356.jpg" alt="La leyenda de los nueve anillos muestra bien la cultura de la zona" width="800" height="500" /><figcaption> La leyenda de los nueve anillos muestra bien la cultura de la zona</figcaption></figure></p><p>Pensando en esa <a href="/articulo/anecdotas/donde-viene-cono-bernarda-origen-leyenda/20221020115523274777.html">leyenda</a> volví a tomarle el pulso al tiempo, mientras recorría despacio el exterior de un <a href="/articulo/rincones-excepcionales/cementerios-bonitos-curiosos-espana/20230512080500273440.html">cementerio</a> donde reposan los restos de quienes habitaron monasterio y pueblo. <strong>Jugaba, inconscientemente, con un anillo propio, pensando en los que vistieron los obispos, perdidos y recientemente encontrados</strong>.</p><p><strong>Fue en el siglo X cuando nueve obispos decidieron abandonar sus privilegios para retirarse a esta tierra aislada</strong>. Había leído sobre esta historia muchas veces, porque, al margen de la leyenda, pertenece a la memoria del lugar. Es un hecho que evidencia la importancia que los monasterios de la Ribeira Sacra tuvieron en la <a href="/articulo/rincones-excepcionales/santa-eulalia-boveda-templo-repleto-secretos/20201002090026273756.html">Edad Media</a>. Quizá llegaron sin milagros, pero llegaron y se quedaron. Aquí permanecieron hasta su fallecimiento. Entonces fueron enterrados, cada uno con su correspondiente anillo episcopal.</p><p>Cuenta la <a href="/articulo/series-fascinantes/leyendas-de-los-pirineos-historias-desde-las-alturas/20210419105827274555.html">leyenda</a> que tenían un carácter milagroso. Curaban a los enfermos y ofrecían respuestas a quienes las necesitaban, así que eran reclamados y apreciados por el pueblo. Leyendo <em>El bosque de los cuatro vientos</em>, de la gallega María Oruña, el lector se siente fácilmente cercano a este valor que se concedió a tales joyas. Lo había leído antes de partir y lo recuperé prácticamente con cada paso que di en torno a Santo Estevo, pensando que ese valor no está ligado solo a un imaginario asentado en una leyenda. También, quizá sobre todo, <strong>forma parte de una cultura conjunta y a la vez propia, como todo lo que existe en la Ribeira Sacra</strong>.</p><p><figure class="image"><img class="size-full wp-image-349348" src="/media/espanafascinante/images/2021/08/26/20210826112328349348.jpg" alt="Monasterio de Santo Estevo, con el pueblo del mismo nombre, visto desde el mirador de Penedos do Castro" width="800" height="500" /><figcaption> Monasterio de Santo Estevo, con el pueblo del mismo nombre, visto desde el mirador de Penedos do Castro</figcaption></figure></p><p>Por eso también se entiende que cuando la obra se publicó se removiera algo en el interior de los descendientes de esos primeros habitantes de Santo Estevo. Fue entonces cuando los anillos perdidos volvieron a buscarse. Se encontraron cuatro. <strong>Leyenda, cultura, realidad</strong>.</p><p>Me había descubierto extrañamente embrujada por esta historia mucho antes de llegar aquí. Cuando por fin pude recorrer sus estancias, me dejé llevar por la realidad que se respira, hasta casi llegar a creer en su <a href="/articulo/cultura-espanola/dragones-de-espana-leyendas-de-fuego-y-cenizas/20210310150002274479.html">leyenda</a>, hasta estar convencida de su valor cultural. Me acercó, mucho más de lo que podía haber imaginado, a la esencia que perdura en este rincón de la Ribeira Sacra. <strong>Cuando lo abandoné, con pesar, la niebla se había marchado y había salido el sol</strong>.</p><p><h2><em>Un mundo enteiro</em></h2></p><p><figure class="image"><img class="size-full wp-image-349359" src="/media/espanafascinante/images/2021/08/26/20210826113234349359.jpg" alt="La bandera de Galicia ondea en el mirador de Penedos do Castro" width="800" height="500" /><figcaption> La bandera de Galicia ondea en el mirador de Penedos do Castro</figcaption></figure></p><p>Con esos rayos de sol me desprendí del abrigo y me animé a respirar de nuevo el <a href="/articulo/rincones-excepcionales/7-grandes-bosques-de-espana-tesoros-naturales/20210316111636274490.html">bosque</a>. Había leído que el mirador de Penedos do Castro era uno de los mejores lugares para contemplar la grandiosidad del monasterio que dejaba atrás en particular y de la Ribeira Sacra en general. <strong>Coronado con una bandera de la tierra, me parecía el lugar apropiado para despedirme</strong>. Palpitaba en mi interior, mientras ascendía por un sendero que tampoco obedece a órdenes humanas, una sensación plena de estar en consonancia con lo que me rodeaba. Con la naturaleza, los eremitorios que crecieron entre ésta hace siglos, sus pobladores, su carácter, sus tradiciones. Con lo <em>enxebre</em> de todo aquello, palabra que ya se presentaba ante mí con un sentido pleno.</p><p>Ya entendía lo auténtico, lo puro, lo genuino, lo que no cambia aunque el tiempo lo haga. <strong>Lo entendí de forma categórica mientras observaba ondear esa bandera gallega en lo alto de la Ribeira Sacra</strong>. Vigilando norte y sur. Camuflándose con el azul del <a href="/articulo/anecdotas/auroras-polares-boreales-espana/20210818101942274794.html">cielo</a>, que esa mañana presumía de reunir tonos diversos de un mismo color. Escuché el ladrido de un perro en el pueblo de Santo Estevo, que destacaba junto al monasterio monte abajo. Escuché el cantar de los pájaros. Por lo demás, solo silencio. Me había acostumbrado a ello.</p><p>Silencio y la certeza de encontrarme en la cima de esa tierra sagrada. Lo había pensado en numerosas ocasiones antes de alcanzar ese lugar, que antaño había sido un <a href="/articulo/rincones-excepcionales/castro-barona-fuerte-milenario-gallego/20200603160854273749.html">castro</a>. Estuve equivocada en todas aquellas veces. <strong>La Ribeira Sacra la coroné esa última mañana de descubrimiento</strong>. Sobre el Monasterio de Santo Estevo, intuyendo el de Santa Cristina. Sobre el fluir del Sil, sintiéndome en Ourense pero también cerca de <a href="/articulo/rincones-excepcionales/la-muralla-romana-de-lugo-es-la-mejor-conservada-del-mundo/20200905060012274180.html">Lugo</a> y sus montes, del Miño y sus héroes.</p><p>Aterrizaron en mis pensamientos las palabras de Vicente Risco, un tipo de opiniones controvertidas que sin embargo supo concretar lo que me estaba haciendo creer esa tierra: “<em>ti dis Galicia é ben pequena. Eu dígoche: Galicia é un mundo. Cada terra é coma se fose un mundo enteiro</em>”. La Ribeira Sacra es un mundo entero. Un universo que funciona según sus propias normas, aislada, recogida, protegida. <strong>Qué lugar tan <em>enxebre</em>, me dije allí. Y sonreí, porque por fin lo había comprendido.</strong></p>]]></content:encoded>
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  <title><![CDATA[Asimilando el tiempo sagrado en la Ribeira Sacra]]></title>
      <category><![CDATA[Enxebre]]></category>
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  <pubDate>Thu, 12 Aug 2021 11:00:20 +0200</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Judith Torquemada]]></dc:creator>
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        <content:encoded><![CDATA[<p><strong>La Ribeira Sacra nació y creció como una respuesta espiritual</strong>, había reflexionado ya con anterioridad. Algo similar pensé cuando ascendía para después descender en los montes de <a href="/articulo/que-ver/ver-en-ourense/20140421154926276602.html">Ourense</a>. Descendía porque, dejando atrás el Miño, quería acercarme al <a href="/articulo/naturaleza/canones-del-sil/20140821125957271987.html">Sil</a>, al que lleva el agua pero no la fama. Al que forma los espectaculares cañones de los que tanto había leído. Casi podía palpar con los dedos, todavía pegados al volante, el vértigo que experimentaría más tarde, cuando al fin me asomé a sus aguas.</p><p>Pero no fue el agua lo que me recibió aquella segunda mañana de búsqueda de lo <a href="/articulo/enxebre/aproximandome-a-un-concepto-sagrado-enxebre-1/20210730070012274751.html"><em>enxebre</em> </a>en la Ribeira Sacra. Fue la niebla. <strong>Una niebla densa, de las que te impiden distinguir casi tu propio cuerpo, de las que te anulan la visión y te nublan la mente</strong>. Una niebla que se había instalado dispuesta a no moverse en cada tramo de la carretera, envolviendo las curvas, tan o más pronunciadas que las de los montes de <a href="/articulo/rincones-excepcionales/la-muralla-romana-de-lugo-es-la-mejor-conservada-del-mundo/20200905060012274180.html">Lugo</a>. Seduciendo, eso sí, a un carácter romántico, novelesco, que empezaba a hacerse fuerte en mi interior.</p><p><iframe allowfullscreen="allowfullscreen" frameborder="0" height="315" src="https://www.youtube.com/embed/uRXTpFyUA0w" width="500"></iframe><h2>Pasado y presente, jugando con el tiempo</h2></p><p><strong>Quizá por eso me detuve, como encantada, en el primer mirador que encontré</strong>. A pie de carretera, dando la bienvenida a quien llega y despidiendo cariñosamente a quien se marcha. “Parada de Sil”, reza una escultura que nada tiene que ver con la naturaleza antigua del lugar, pero que dice mucho de la modernidad que ha abrazado en los últimos años. Recorrí cada letra con el dedo índice, las repasé y forcé a mis ojos a llegar más allá. A mirar hacia el río y encontrarlo. Nada. Solo niebla.</p><p>Fue la primera ocasión en la que me pregunté allí, en <a href="/articulo/rincones-excepcionales/portico-paraiso-catedral-ourense/20200420162832273744.html">Ourense</a>, <strong>cómo hicieron los primeros pobladores para instalarse, hace tantísimos siglos, en lo más inaccesible de una naturaleza</strong> que tiene para el ser humano esa niebla y la lluvia que espera siempre su oportunidad. Una fuerza que se intuye en cada curva y que no puedes manejar como desearías. La Ribeira Sacra nació y creció como una respuesta espiritual, me repetí. Lo estaba haciendo casi como un mantra, lo he venido haciendo desde entonces.</p><p><img class="size-full wp-image-348581" src="/media/espanafascinante/images/2021/08/12/20210812092826348581.jpg" alt="Así luce el río Sil" width="800" height="500"></p><p><strong>Se tiene constancia de los primeros asentamientos desde el siglo VI, aunque fueron, en este nacimiento, minoritarios</strong>. Pequeños eremitorios dispuestos para la oración y el descanso, para el aislamiento. Estaban compuestos de comunidades más reducidas que solo crecieron con el paso del tiempo. Transcurrieron largos siglos hasta que pudo hablarse de <a href="/articulo/rincones-excepcionales/monasterios-espanoles/20180614163954272499.html">monasterios</a> que alojaron la vida que hoy todavía se respira, de alguna manera, en los muros de piedra que permanecen en pie.</p><p><strong>¿Cuántas cosas permanecen en pie de las que un día fueron?, me pregunté allí</strong>, frente a la <a href="/articulo/rincones-excepcionales/escultura-costa-da-morte-unica-mundo/20230519085900274665.html">escultura</a> que hace las veces de bienvenida. Atraída como quien queda atrapada en un hechizo, otro más, regresé al coche y arranqué el motor. Tenía que descubrir todo aquello que sigue en pie. Las luces apuntaron hacia la niebla y no dudé a la hora de abordarla.</p><p><h2>En lo más alto del río Sil</h2></p><p><strong>Fue una experiencia observar cómo el paisaje iba cambiando. Mejor dicho, cómo iba mostrándose</strong>. El camino era el mismo que había tomado en el inicio del trayecto, también la vegetación que crecía en torno a este, pero todo empezó a ser visible. El río asomaba, muchos metros hacia abajo, a medida que avanzaba la mañana. El <a href="/articulo/rincones-excepcionales/espana-desde-el-cielo/20180813125210272714.html">cielo</a> se despejó con cada minuto que pasaba. Yo seguía ascendiendo, comprendiendo que, como la parte lucense, esa tierra ourensana quedaba definida por los caprichos del río. Sus aguas son navegables y animarse con ello constituye una experiencia diferente, que liga, de nuevo, el pasado del lugar con el presente.</p><p><strong>Yo prefería contemplar esas aguas desde lo alto, donde sus cañones pudieran impresionarme como intuía que siempre habían impresionado a los lugareños</strong>. Desde lo alto. Quería sentirme diminuta pero desde el cielo. Quería entregarme yo también a los caprichos de un río que nace en la <a href="/articulo/rincones-excepcionales/las-cuevas-prehistoricas-del-cantabrico/20201006084052277047.html">cordillera Cantábrica</a> y muere en el Miño. Muere tras recorrer más de 230 kilómetros. Muere tras condicionar todo a su paso, como esos otros elementos que ya se habían hecho un espacio en mi cabeza: ese río al que termina sometiéndose el Sil y ese <a href="/articulo/rincones-excepcionales/costa-da-vela-ante-el-atlantico-infinito-el-rincon-del-finde-a-remojo-10/20210722100052274740.html">Atlántico</a> que lo es todo en <a href="/articulo/rutas-planes/pueblos-bonitos-galicia-lugares-encanto-personalidad/20230123160527272670.html">Galicia</a>.</p><p><img class="size-full wp-image-348586" src="/media/espanafascinante/images/2021/08/12/20210812093905348586.jpg" alt="Cañones del Sil" width="800" height="500"></p><p>El Sil deja tras de sí pendientes inabarcables, paredes verticales imposibles de alcanzar, más de 500 metros de altura en ciertos lugares donde el vértigo se convierte en una sensación diferente. <strong>La de tocar el cielo, la de estar muy lejos de la tierra</strong>. No se está tan lejos, en realidad, pero la monumentalidad del <a href="/articulo/rincones-excepcionales/9-paisajes-espectaculares-en-espana-que-no-conoces/20201124092035273745.html">paisaje</a>, de nuevo, envuelve al viajero y le permite aferrarse a esa seguridad de que no existe nada más grande que estar allí.</p><p><h2>La gente de la ribeira del Sil</h2></p><p>En torno al río viven las aldeas ourensanas que, también ellas, sufren la <a href="/articulo/otros/solucion-la-despoblacion-rural-en-espana/20180227095027272216.html">despoblación</a> más cruel. <strong>Cruel porque afecta a familias e individuos que aman la tierra en la que nacieron o que simplemente necesitan vivir en ella</strong>. Cruel porque este lugar debería estar siempre lleno de vida. Aunque también me pregunto si no es egoísta querer habitar una naturaleza tan llena de vida por sí misma, tan inmensa. Una naturaleza que no puede pertenecer de ningún modo a nada que no sea ella misma.</p><p><strong>Me doy cuenta de cuánto la personalizo desde que estoy allí y me gusta esa sensación porque es inevitable hacerlo</strong>. Inevitable jugar con ella, inevitable sentirla un poco tuya. Así que me cuelgo en la imaginación de esas paredes imposiblemente verticales y me digo que es el hogar de muchas personas que tuvieron la fortuna de crecer entre castaños y el hechizo de la niebla, y que tienen todo el derecho de hacerla un poco suya.</p><p><img class="size-full wp-image-348584" src="/media/espanafascinante/images/2021/08/12/20210812092836348584.jpg" alt="El río Sil y sus cañones desde los Balcones de Madrid" width="800" height="500"></p><p>Parada do Sil apenas cuenta con 500 habitantes. A comienzos del siglo XX, eran más de 3.000 las personas que poblaban sus <a href="/articulo/rincones-excepcionales/mapa-calles-mas-bonitas-espana/20221125122022274587.html">calles</a>. Me encojo un poco cuando rescato esta información leída con anterioridad, en esas noches previas al viaje. Pero allí, viviéndolo en primera persona y no a través de una pantalla, percibo un cierto halo de esperanza. <strong>Tal vez porque, como ya advertí en Lugo, hay un ánimo de retorno. De recuperar lo perdido, de acercarse al origen, de buscar lo <em>enxebre</em></strong>.</p><p>Son cada vez más los proyectos vinculados a esta tierra y los hay de diversa índole. La gente regresa o llega por primera vez y muchos quieren quedarse. También el turismo es cada vez mayor. Solo en los dos últimos años, muy complicados, ha crecido notablemente. <strong>Así que allí, en lo alto de la Ribeira Sacra, me sumo a esa esperanza y me digo que todo irá a mejor</strong>.</p><p><h2>El silencio en Santa Cristina de Ribas de Sil</h2></p><p>Esa naturaleza que no puede pertenecer de ningún modo a nada que no sea ella misma se ha adueñado del <a href="/articulo/rincones-excepcionales/monasterio-de-santa-cristina-de-ribas-de-sil-el-corazon-de-la-ribeira-sacra-el-rincon-del-finde/20210610080041274648.html">monasterio de Santa Cristina de Ribas de Sil</a>. Pero lo ha hecho, parece, buscando protegerlo, preservarlo. Como si quisiera evitar que se derrumbe con el tiempo. Como si quisiera lograr que permanezca en pie. <strong>De alguna manera, naturaleza y monasterio se han convertido en un todo</strong>. Un todo silencioso, porque hay en este lugar un silencio brutal, sobrecogedor, de esos que se perciben. De esos que te hacen detenerte a escuchar la nada<em>. </em>La conversación cantarina que mantienen las aves, como mucho. El crujir de las ramas caídas bajo las pisadas que se dan, mientras se avanza hacia el arco perfectamente conservado que da la bienvenida a uno de los monasterios más extraordinarios de todos cuantos guarda la Ribeira Sacra.</p><p>Y aunque ha pasado mucho tiempo, y aunque se ha reformado, no cuesta imaginar a sus antiguos habitantes atravesando ese arco que te recibe, habitando esas paredes de piedra que surgen entre ramas de <a href="/articulo/rincones-excepcionales/5-casas-rurales-para-dormir-en-los-arboles/20180322172225272271.html">árboles</a> y los primeros rayos del sol firmes del día. <strong>No cuesta imaginarlo porque se siente como el estado natural del lugar, como si no pudiera ser de otro modo</strong>.</p><p><img class="size-full wp-image-348582" src="/media/espanafascinante/images/2021/08/12/20210812092829348582.jpg" alt="Monasterio de Santa Cristina de Ribas do Sil" width="800" height="500"></p><p>El monasterio de Santa Cristina de Ribas de Sil fue uno de los más importantes durante la <a href="/articulo/rutas-planes/pueblos-medievales-mas-bonitos-de-espana/20201117101402273444.html">Edad Media</a>. <strong>Un hogar benedictino del que se tienen noticias desde el siglo X</strong>. Los monjes que lo llenaron de vida humana se dedicaron al cultivo del castaño, árboles que todavía pueblan los sensacionales alrededores del monasterio. También se entregaron a la vid, contribuyendo así a la evolución de lo que sería el modo de vida de las tierras adyacentes. Recordé, todavía tanteando el bosque de castaños, todavía sin abordar el edificio, que estos monjes recibieron viñas a modo de donación. Llegaban de parte de fieles que deseaban ser incluidos en las oraciones de estas figuras de tanta importancia en el medievo. Deseaban, claro, la salvación.</p><p>Los benedictinos vivieron libremente hasta el siglo XVI, cuando el monasterio fue adscrito como priorato dependiente del monasterio de Santo Estevo de Ribas de Sil. Intuyo la influencia de este en la distancia, sobre todo por lo que he leído. Sé que descansa a mi izquierda. Me pregunto cuáles de los senderos que me rodean conducen a este lugar principal, pero sobre todo me pregunto cómo fue posible que Santa Cristina cayera en desgracia. <strong>Cómo una obra como esta, tan bella y tan imponente, protegida por la misma naturaleza, pudo en algún momento perder su presencia, su poder, su importancia</strong>. Si este monasterio de Santa Cristina dejó de ser, y así fue con la desamortización, entonces cualquier cosa puede hacerlo.</p><p><img class="size-full wp-image-348580" src="/media/espanafascinante/images/2021/08/12/20210812092823348580.jpg" alt="Iglesia del monasterio de Santa Cristina" width="800" height="500"></p><p>Cuando el monasterio quedó como priorato de Santo Estevo, se llevó a cabo una reforma del claustro, que esa mañana <strong>paseé con la tranquilidad de quien quiere conocer hasta el más mínimo recoveco</strong>. También se dio vida a las pinturas de la <a href="/articulo/rincones-excepcionales/iglesias-ruinas-espana/20240122084300274314.html">iglesia</a>, el último lugar que visité. Palpé una a una las columnas mientras me imaginaba a esos monjes leyendo bajo los cantos de los pájaros y advertí que, antes de las escaleras que conducen al piso superior, descansa una especie de tumba, en posición horizontal. Tal vez de algún abad que dejó huella.</p><p>Se conserva muy poco de las dependencias en las que vivieron. El piso superior no es más que una memoria inexacta de lo que algún día debió ser. <strong>Me siento junto a uno de los ventanales para observar el claustro, con los castaños de guardianes, mientras trato de recomponer, de nuevo en la imaginación, las formas antiguas del lugar.</strong> Sale solo hacerlo. Respiro el silencio y me levanto para encaminarme hacia la iglesia.</p><p>Me fijo, en primer lugar, en su rosetón calado. Me fijo porque deja espacio para que entre la luz, que ya tiene un cierto efecto en el suelo de la iglesia. Tiene planta de cruz latina, algo inusual en el <a href="/articulo/rincones-excepcionales/los-5-tesoros-del-romanico-en-espana/20180607153115272447.html">románico</a> de Galicia. <strong>Estoy sola, así que profiero una especie de clamor para empaparme del eco</strong>. Sin contar con el altar, la iglesia está completamente vacía. Destacan esas pinturas renacentistas, del siglo XVI, que representan a la Virgen y San Juan. Santo Domingo, San Antonio y Santo Tomás los acompañan. El silencio resulta abrumador. Me animo una vez más a probar la fuerza del eco. De nuevo culpabilidad, por romper el silencio.</p><p>El monasterio de Santa Cristina de Ribas de Sil es un oasis de paz en medio del ruido. Entiendo por qué aquellos monjes lo eligieron como descanso, como retiro. <strong>Entiendo también, un poco mejor, el significado de lo <em>enxebre</em></strong>. Este lugar lo es. Seguramente lo sea siempre.</p><p><img class="size-full wp-image-348588" src="/media/espanafascinante/images/2021/08/12/20210812093909348588.jpg" alt="Rosetón de la iglesia del monasterio" width="800" height="1322"></p><p>Sé que debo abandonarlo, pero mis pasos se niegan a hacerlo y siguen merodeando. Me adentro en el <a href="/articulo/rincones-excepcionales/7-grandes-bosques-de-espana-tesoros-naturales/20210316111636274490.html">bosque</a>, todo verde. <strong>El sol, en lo alto del cielo, me invita a intentar el descenso al Sil, como seguramente hicieran cada día esos monjes, que no pensaban en sus caprichos sino en sus bondades</strong>. En el agua que cada día llevaba hasta su hogar.</p><p>Regreso por donde he venido, no sin dificultad. La pendiente, aunque no excesivamente pronunciada, es costosa. Pienso en el esfuerzo de quienes lo habitaron un día y también en el esfuerzo que debe suponer, para algunas personas, llegar hasta ese lugar. Es entonces cuando recuerdo que está todavía custodiado por un árbol, <strong>el árbol de San Benito, donde se depositan donaciones de quienes necesitan su protección o sus milagros</strong>. La demostración de que lo antiguo, lo de antes, sigue viviendo y vivirá.</p><p><img class="size-full wp-image-348587" src="/media/espanafascinante/images/2021/08/12/20210812093907348587.jpg" alt="Árbol de San Benito del monasterio" width="800" height="500"></p><p>Este árbol de San Benito está repleto de ofrendas. Las repaso con respeto y con cuidado. Hay monedas encajadas en sus grietas y todo tipo de objetos rodean la estatua de este santo, que, de no conocerse su presencia, pasaría desapercibida. <strong>Forma parte de ese silencio que rodea el monasterio y de esos rincones que solo encuentran quienes saben dónde buscar</strong>. “<em>San Benito Glorioso que te arrancaron de castiñeiro, ten compasion de nós</em>”, leo. Y con esa compasión me marcho.</p><p><h2>Los Balcones de Madrid, el adiós y el regreso</h2></p><p>En busca de lo <em>enxebre </em>llego por fin a los cañones. Por fin la Ribeira Sacra del Sil, que es la misma que la del Miño pero diferente. <strong>Me encuentro en uno de los puntos más altos de esos cañones, con vistas de vértigo. Siento ese vértigo, pero también siento emoción</strong>. Pienso, mientras reparo en las nubes que dejan que se cuelen los rayos de sol, que ese debe ser el lugar favorito del astro.</p><p><strong>Las paredes frente a mí me resultan lo más bruto, lo más salvaje, de la naturaleza</strong>. Lo más monumental de todo cuanto he visto hasta ese momento, pero al mismo tiempo parecen flotar sobre las aguas con una delicadeza extrema. Como si temieran perturbarlas. Es un espectáculo. Otra demostración, en este caso de que es esta <a href="/articulo/obras-arte/lo-mejor-chillida-arte-naturaleza/20210511153704274595.html">naturaleza</a> quien tiene la fuerza y el poder, mientras que el ser humano, aquí, solo se adapta a lo que ofrece.</p><p><img class="size-full wp-image-348583" src="/media/espanafascinante/images/2021/08/12/20210812092833348583.jpg" alt="Las impresionantes paredes del río Sil" width="800" height="500"></p><p><strong>A estos cañones venían los gallegos a despedirse de sus seres queridos</strong>. La historia de los Balcones de Madrid es una de las historias que más efecto han tenido en mí desde el momento en que conocí su existencia. Supongo que porque hablan de lo que tanto me afecta: la necesidad de abandonar tu tierra, de dejar a tu familia, en busca de un futuro que no encuentras en el lugar que amas. Estos Balcones de Madrid fueron, durante muchos años, el último rincón para decir adiós de los gallegos. Cuando la vida en los pueblos existía, pero era difícil, muchos habitantes de esta zona de la Ribeira debían partir a la capital.</p><p><a href="/articulo/series-fascinantes/teatro-es-madrid-una-funcion-en-diez-actos/20210310174003274482.html">Madrid</a>, por muy inmensa que sea la Ribeira, nunca ha llegado a verse desde aquí, pero ese era el destino de quienes surcaban sus aguas para marcharse. Así que hasta aquí, hasta estos miradores naturales, se desplazaban las familias para alzar la mano y despedirse, mientras veían cómo recorrían el curso del río para alcanzar la estación de San Esteban, en la orilla opuesta. Era su último adiós. Aunque ya no hay necesidad de navegar el Sil, esos recuerdos se sienten de alguna manera. <strong>En las rocas que rodean estos Balcones de Madrid se perciben como espectros esos pensamientos en el nuevo hogar que muchos construirían lejos de aquí</strong>. Y también se respira el esperanzado desconsuelo de quienes se quedarían en este rincón perdido de Ourense,</p><p>Pero si el Cabo do Mundo tenía algo de definitivo, me parece que estos balcones tienen, como encontré en Parada do Sil, algo de esperanza. Más que en la partida, pienso en el regreso. <strong>Pienso también en la <em>morriña </em>propia de la tierra, pero no dejo de imaginar las promesas de los gallegos, que siempre suelen volver al hogar</strong>.</p><p><img class="size-full wp-image-348585" src="/media/espanafascinante/images/2021/08/12/20210812093902348585.jpg" alt="Camino que lleva a los Balcones de Madrid" width="800" height="500"></p><p>Cuando paso de nuevo por el primer <a href="/articulo/rincones-excepcionales/cual-es-tu-mirador-favorito/20171026095417272094.html">mirador</a> que encontré en mi aventura ourensana, el que anuncia que llegas a Parada de Sil, el que te despide también cariñosamente, hace un sol de <em>carallo</em>. <strong>Así es el tiempo gallego. Y así pasa el tiempo en este lugar</strong>. Seguramente tenga algo de <em>enxebre</em>, pero aún tendría que transcurrir un día entero antes de que comprendiera su significado total.</p>]]></content:encoded>
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        <media:title><![CDATA[Asimilando el tiempo sagrado en la Ribeira Sacra]]></media:title>
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  <title><![CDATA[Enxebre: aproximándome a un concepto sagrado en la Ribeira Sacra]]></title>
      <category><![CDATA[Enxebre]]></category>
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  <pubDate>Fri, 30 Jul 2021 09:00:12 +0200</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Judith Torquemada]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[  Los momentos anteriores al inicio de un viaje tienen una clase de emoción única . Sobre todo cuando el viajero ha llenado la mochila de conocimientos y sensaciones previas que ansía ampliar y explotar. Más aún cuando el destino lleva por...]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p><strong>Los momentos anteriores al inicio de un viaje tienen una clase de emoción única</strong>. Sobre todo cuando el viajero ha llenado la mochila de conocimientos y sensaciones previas que ansía ampliar y explotar. Más aún cuando el destino lleva por apellido lo sagrado, atributo que de alguna manera ha conseguido burlar el empleo manido y conservar la fuerza de su significado. Algo sagrado es algo sagrado, no se emplea con <em>caralladas</em>.</p><p>Para acercarme más a la tierra que iba a visitar leí mucho sobre el idioma de sus gentes. Es un idioma que, observé, les caracteriza, casi les define. Sus diminutivos, las ochenta maneras que han encontrado para referirse a la lluvia y sus expresiones <em>caralludas</em>, de mil acepciones, me tuvieron entretenida e interesada en las noches de preparación del viaje. Pero lo que se hizo con mi atención plena fueron esos <strong>términos que no pueden traducirse, porque no terminan de llevar consigo el significado en la traducción</strong>. Porque el significado vive en la misma forma, en el acento con que se pronuncia. Terminé por entender que viven en la cultura de ese idioma y que por tanto solo ese pueblo puede interiorizarlo por completo, como sucede con la <a href="/articulo/reportajes/radiografia-morrina-emocion-gallega/20221128091802275613.html"><em>morriña</em></a>.</p><p><figure class="image"><img class="wp-image-348278 size-full" src="/media/espanafascinante/images/2021/07/29/20210729154119348278.jpg" alt="Descubriendo la Ribeira Sacra lucense" width="800" height="500" /><figcaption> Descubriendo la Ribeira Sacra lucense</figcaption></figure></p><p>Aun así, en un empeño que comprendería más tarde, me esforcé por descifrar todo el significado de la palabra <em>enxebre</em>. <strong><em>Enxebre</em>, algo puro, auténtico, genuino</strong>. Algo que, según repaso en mis primeras notas, se emplea especialmente relacionándolo con lo rural, con lo rústico. Se trata, dicen los gallegos, de algo que permanece fiel a lo que siempre ha sido, sin verse alterado por influjos externos. No hay nada más <em>enxebre</em>, leo al fin, que la palabra <em>enxebre</em>, y pocas cosas les gustan más a los gallegos que lo <em>enxebre</em>, leo también.</p><p>Entendí, ya en mis primeros pasos en la Ribeira Sacra, por qué había puesto todo mi empeño en descifrar esa palabra y no otra. Como si fuera una especie de <em>meiga</em> habitante de los bosques de castaños que recorrería, quizá supe en esas noches previas que eso era <strong>lo que iba a encontrar entre el Miño y el Sil. Algo <em>enxebre</em></strong>.</p><p><iframe allowfullscreen="allowfullscreen" frameborder="0" height="315" src="https://www.youtube.com/embed/xNTK-_o8UAA" width="500"></iframe><h2>En la orilla del río Miño</h2></p><p><figure class="image"><img class="size-full wp-image-348282" src="/media/espanafascinante/images/2021/07/29/20210729154127348282.jpg" alt="Playa da Cova" width="800" height="500" /><figcaption> Playa de A Cova</figcaption></figure></p><p><strong>La Ribeira Sacra nació y creció como una respuesta espiritual</strong>. Una tierra que todavía conserva algo del vivir aislada del resto del mundo se convirtió en siglos pasados en lugar de recogimiento y oración de los primeros cristianos. Cómo llegaron a asentarse en los <a href="/articulo/rincones-excepcionales/monasterio-de-santa-cristina-de-ribas-de-sil-parte-del-alma-de-la-ribeira-sacra/20201222070004274336.html">monasterios</a> a los que todavía hoy cuesta llegar me sorprende en mi primera incursión a la zona, pero a la vista está que lo consiguieron. En estos lugares se establecieron hombres y mujeres llegados de todos los rincones de la península, primero en pequeños eremitorios, más tarde en las grandes construcciones que siguen en pie. Muchas están abandonadas en un aspecto funcional, pero las miradas que se posan sobre éstas empiezan a crecer. Estos rincones gallegos reúnen una de las colecciones más vastas de <a href="/articulo/rincones-excepcionales/los-5-tesoros-del-romanico-en-espana/20180607153115272447.html">románico</a> rural de Europa, entre el verde de sus <a href="/articulo/rincones-excepcionales/7-grandes-bosques-de-espana-tesoros-naturales/20210316111636274490.html">bosques</a> y el dominio de sus ríos, que son los que lo condicionan todo.</p><p><strong>Observo el Miño desde la distancia y me pregunto qué sentirán, quienes habitan sus orillas, por este gigante fluvial de más de trescientos kilómetros de longitud</strong>. Recuerdo el popular dicho que podría reducir su fuerza, <em>el Sil lleva el agua y el Miño la fama</em>, y me digo que el renombre está ganado. Que actúa como el gran agente condicionante de un paisaje que se eleva hasta el <a href="/articulo/rincones-excepcionales/espana-desde-el-cielo/20180813125210272714.html">cielo</a>, cubierto de niebla y nubes en las primeras horas de la mañana.</p><p><figure class="image"><img class="size-full wp-image-348277" src="/media/espanafascinante/images/2021/07/29/20210729154118348277.jpg" alt="Playa da Cova" width="800" height="500" /><figcaption> Playa de A Cova</figcaption></figure></p><p><strong>Pero ya despertó la Ribeira</strong>. En los bancales ya se dejan ver los héroes viticultores y me cruzo con excursionistas en el que escojo como el primer destino en el que detenerme: la playa de A Cova, de arena fina y clara.</p><p>Llueve sobre las tranquilas aguas del Miño. Soy consciente de que me encuentro ante la que quizá sea la imagen más popular de esta Ribeira lucense: <strong>el meandro que da forma al Cabo do Mundo</strong>. Solo que lo observo desde donde no hay costumbre de hacerlo, desde un ángulo en el que todavía no se ha puesto la mirada popular. Desde la tierra, no desde el cielo.</p><p><figure class="image"><img class="size-full wp-image-348279" src="/media/espanafascinante/images/2021/07/29/20210729154121348279.jpg" alt="Playa da Cova" width="800" height="500" /><figcaption> Playa de A Cova</figcaption></figure></p><p>Desde aquí, desde la arena de la playa da Cova, el monte do Navallo parece imperturbable. Como si realmente hubiese conseguido <strong>imponerse a los deseos del río que, sin más remedio que el de rodear sus formas, ha dado lugar a un arco vertiginoso en torno a éste</strong>. Este violento giro no tiene reflejo en el fluir del agua, serena como deben sentirse todos aquellos que terminan aquí.</p><p>Pienso otra vez en ese aislamiento y advierto que a mi alrededor se habla en gallego. Lo escucho de fondo y me fijo en los <a href="/articulo/nautica/perla-negra-real-barco-piratas-del-caribe/20180223101827272223.html">barcos</a> amarrados en un pequeño embarcadero, pertenecientes sin duda a los lugareños. También me detengo en el color de la niebla que rodea los montes y los árboles que los pueblan. Robles, castaños, abedules. Apenas puedo diferenciarlos desde esa singular playa que, a su manera, desde el interior, <strong>dice algo de la relación que tiene Galicia con el agua</strong>.</p><p>Pero abandono el agua y la tierra. <strong>Parto al cielo</strong>.</p><p><h2>El mundo en la Ribeira Sacra</h2></p><p>Mi siguiente parada me lleva hasta la misma niebla que envuelve la orilla del Miño. Avanzo entre sinuosas curvas y me dejo llevar por la sensación de estar ascendiendo. <strong>En la Ribeira Sacra lucense, esa mañana, olía a vegetación empapada y a tierra mojada</strong>.</p><p>Entro en el bosque, dejando atrás una carretera poco transitada, poco ruidosa. Resulta más ruidoso, por curioso que sea, estar entre los árboles, donde las gotas de lluvia golpean las hojas, mi paraguas y el sendero. Veo, a uno y otro lado, muchos otros caminos, algunos señalizados. <a href="/articulo/rutas-planes/rutas-senderismo-principiantes/20200212161138273608.html">Rutas de senderismo</a>, en la Ribeira Sacra, hay por doquier, bordeando miradores y rodeando antiguos monasterios. <strong>Algunos, como la iglesia de San Martiño da Cova, llevan soportando el peso del fin del mundo diez siglos</strong>.</p><p><figure class="image"><img class="size-full wp-image-348280" src="/media/espanafascinante/images/2021/07/29/20210729154123348280.jpg" alt="Cabo do Mundo" width="800" height="500" /><figcaption> Cabo do Mundo</figcaption></figure></p><p><strong>Había leído que el Cabo do Mundo tiene cierta connotación definitiva, de conclusión de las cosas</strong>. Pienso, a medida que me acerco al precipicio, que seguramente Xabier Quiroga nunca tuvo elección. Que escribir <em>El cabo del mundo</em>, y todas las demás obras, era algo que terminaría por hacer. No puedes nacer y crecer en este rincón del mundo sin que te influya, sin que se te cuele en los huesos ese olor a bosque mojado y esa sensación de estar ante el abismo, a merced de la fuerza del río y su erosión.</p><p>Pero el abismo no existe esa mañana. No hay otra cosa que niebla y el monte do Navallo asomando como puede entre esta. Sé que el Miño discurre, pero es invisible a mis ojos. Lo que podría haber sido una decepción me parece, sin embargo, lo más auténtico de todo lo transcurrido hasta el momento. <strong>Porque la naturaleza arrebatadora de la Ribeira Sacra no existiría sin esas condiciones, sin esa niebla ni esa lluvia</strong>. Sin el <a href="/articulo/rincones-excepcionales/paraisos-del-atlantico/20180809142108272532.html">Atlántico</a> empujando desde el oeste, condicionándolo todo, como también lo hace el Miño.</p><p><figure class="image"><img class="size-full wp-image-348284" src="/media/espanafascinante/images/2021/07/29/20210729154522348284.jpg" alt="Cabo do Mundo" width="800" height="500" /><figcaption> Cabo do Mundo</figcaption></figure></p><p>Sigo pensando en Xabier Quiroga y me doy cuenta de que <strong>la única manera de conocer la Ribeira es conocer a su gente</strong>. Lo que han vivido y lo que todavía están viviendo. El aislamiento original y este tiempo en el que se comparten imágenes con todo el mundo. Así que abandono el Cabo do Mundo, el monte do Navallo y el sonido del bosque para buscar a quienes habitan todos esos lugares.</p><p><h2>La vida rural</h2></p><p><figure class="image"><img class="size-full wp-image-348283" src="/media/espanafascinante/images/2021/07/29/20210729154128348283.jpg" alt="Chantada" width="800" height="500" /><figcaption> Chantada</figcaption></figure></p><p>Hay quien dice que Chantada es el corazón de <a href="/articulo/rutas-planes/pueblos-bonitos-galicia-lugares-encanto-personalidad/20230123160527272670.html">Galicia</a>. Por la disposición geográfica del municipio, en la Ribeira Sacra, en el centro del mundo gallego, con el Miño cerca, podría llegar a considerarse así. Tomo la carretera que me lleva al norte para acercarme hasta la villa, llena de conocimiento pero falta de experiencia. <strong>Sé que allá donde voy, un lugar que había aparecido en mis noches de estudio con asiduidad, hay actividad, hay vida</strong>. Hay trabajo. La población del municipio decrece, se ha reducido a la mitad en los últimos cien años, pero no amenaza un abandono acelerado de la zona. De hecho, la propia villa cuenta con más habitantes de los que tenía a comienzos de este siglo.</p><p>Lo que sucede con otros lugares es una historia diferente. Ana, que hace años se propuso sacar adelante en Chantada un proyecto personal, me cuenta que <strong>las aldeas de la Ribeira se están despoblando</strong>. Chantada es diferente, porque tiene otro tipo de actividad, pero la gente de la Ribeira se hace mayor y el trabajo en la viña es muy complejo. Ahora está de moda, me dice, pero está de moda visitarlo. Instalarse en lo sagrado, con todas sus particularidades y las escasas oportunidades laborales, es un reto.</p><p>Se espera que la probable concesión del título de <a href="/articulo/rincones-excepcionales/lugares-patrimonio-de-la-humanidad-de-espana/20201002122947272802.html">Patrimonio de la Humanidad</a> por la UNESCO ayude a recuperar lo perdido, pero lo perdido es demasiado. Casi 20.000 habitantes, entre 21 ayuntamientos, en dos décadas. <a href="/articulo/rincones-excepcionales/lugares-desconocidos-galicia/20240219085942273864.html">Galicia</a> sufre la despoblación como lo hace buena parte del interior del país, y este interior, el interior del interior de la comunidad, lo hace más que ningún otro lugar.</p><p><figure class="image"><img class="size-full wp-image-348274" src="/media/espanafascinante/images/2021/07/29/20210729154112348274.jpg" alt="Quesos Airas Moniz" width="800" height="500" /><figcaption> Quesos Airas Moniz</figcaption></figure></p><p>Chantada, sin embargo, se mantiene. Gracias a personas como Ana, que me recibe afable y con ganas de que conozca ese proyecto personal. Junto a Ricardo y Xesus, fundó Airas Moniz. <em>Queixos galegos</em>, se lee en sus detalles. <strong>Este queso, los animales y el mundo rural</strong> son las tres pasiones que aunaron para reunirse en Chantada a producir un <a href="/articulo/mejores/galicia-en-cinco-de-sus-quesos-mas-populares/20200903153656274185.html">queso</a> con sabor y conciencia.</p><p>Pastoreo tradicional, ganadería extensiva, sostenibilidad y compromiso con los sabores auténticos. <a href="/articulo/rincones-excepcionales/lugares-literarios-de-galicia/20180516162116272409.html">Galicia</a> la llevan, como todos los gallegos, en la sangre. Por eso tomaron para su proyecto el nombre de un trovador del último tercio del siglo XII que habitó ese campo. <strong>Pruebo el queso que me ofrece Ana y siento que saboreo esa zona que empiezo a conocer</strong>. Saboreo la tradición gallega y también los aires de cambio.</p><p>Hay actividad en Chantada, me repito mientras recorro sus calles. Pero las abandono y <strong>busco, de nuevo, la ribera del Miño, creo que esperando encontrarla poblada</strong>.</p><p><h2>Serpientes y héroes en la Ribeira Sacra</h2></p><p>Los montes de <a href="/articulo/maravillas-espana-antigua/murallas-de-lugo-historia-poderio-y-supervivencia-7-maravillas-de-la-espana-antigua/20210302080046274446.html">Lugo</a> no son un laberinto, pero confunden y aturden, pueden hacer que te sientas perdido. Es un embrujo de los que cautivan, en cualquier caso. Un hechizo de esos a los que te vuelves adicto. Una curva, otra curva, a la izquierda, a la derecha, a la izquierda de nuevo. Un hogar de antes ya abandonado, todavía niebla, todavía lluvia, otro arco vertiginoso que acompaña al Cabo do Mundo, al que vuelvo a acercarme en mi descenso a la ribera. Suena <em>Serpes</em>, una canción que Xoel López compuso para los bosques de su infancia y para estas curvas de infinitas saudades. La canto con él: <em>serpes, serpes, levádeme sempre</em>. <strong>Estos montes de Lugo son serpientes</strong>.</p><p><figure class="image"><img class="size-full wp-image-348276" src="/media/espanafascinante/images/2021/07/29/20210729154116348276.jpg" alt="Los montes de Lugo" width="800" height="500" /><figcaption> Los montes de Lugo</figcaption></figure></p><p>Y sus pobladores los han respetado. Están repletos de viñedos que han sobrevivido al paso del tiempo, que siguen multiplicándose y que pese a las dificultades no han dejado de producir. <strong>La llaman viticultura heroica</strong>. Las condiciones del terreno, con pendientes imposibles que asoman el alma al Miño, han favorecido un sabor Denominación de Origen que constituye un elemento imprescindible en la supervivencia de la <a href="/articulo/productos/vinos-ribeira-sacra/20140421142252276984.html">Ribeira Sacra</a>. Es una actividad esencial, comprendo de inmediato, observando los bancales. Llegó con los primeros pobladores, lo que significa que existe desde hace más de quince siglos, con sus necesarias evoluciones.</p><p>Aprecio, sobre todo, lo ya reflexionado: que <strong>quienes habitan la Ribeira Sacra y se benefician de sus bondades respetan por encima de todo este medio natural</strong>. Por eso mantienen las técnicas antiguas, a pesar de la dificultad. Proliferan las hectáreas cultivadas, pero no hay una sensación de masacre.</p><p>También proliferan las bodegas. A una de ellas me acerco. La recuerdo de <em>Todo esto te daré</em>, novela que Dolores Redondo ambientó en la Ribeira Sacra después de quedar prendada de la zona. Cómo no hacerlo, pienso mientras observo una bandera suiza colgando en uno de los bancales. <strong>Otro enamorado extranjero que lo dejó todo para llegar aquí</strong>. La zona está de moda y a veces también consigue ser algo más que eso.</p><p><figure class="image"><img class="size-full wp-image-348275" src="/media/espanafascinante/images/2021/07/29/20210729154114348275.jpg" alt="Bodegas Via Romana" width="800" height="500" /><figcaption> Bodegas Via Romana</figcaption></figure></p><p>Me reciben, en Via Romana, con la misma amabilidad. Me hablan de compromiso con el lugar, de nuevo de despoblación, también de colaboración con pequeños viticultores y <strong>de un trabajo que ocupa todo el año, que de momento se mantiene y que valoran</strong>. Pruebo sus vinos, el tinto y el blanco.</p><p>Me quedo con el primero y me invitan a pasar unos minutos en uno de sus balcones, que cuelga sobre el terreno de la bodega. Los <em>socalcos</em> cuelgan, a su vez, sobre el Miño, en un pacto de equilibrio que parece imposible, pero que es real. El pueblo de Belesar descansa a sus pies. Tengo la suerte de observar a un grupo de peregrinos que, siguiendo el <a href="/articulo/camino-santiago/consejos-para-hacer-el-camino-de-santiago-elegir-camino/20181002091407276566.html">Camino de Invierno</a>, descienden hasta éste. Una bandada de pájaros serpentea entre la lluvia y tarareo la canción de los montes de <a href="/articulo/turismo-activo/turismo-activo-en-lugo/20141031155757272922.html">Lugo</a>. Me tienta describir todo aquello como algo <em>enxebre</em>, pero me doy cuenta de que <strong>no me siento preparada. Todavía me queda mucho por entender</strong>.</p>]]></content:encoded>
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