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  <title><![CDATA[España Fascinante :: Últimas noticias - Crónicas de viaje: en busca de lo auténtico]]></title>

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    <description><![CDATA[Revista y guía para el disfrute de lo más auténtico de España a nivel local, viajes, historia, estilo, gastronomía...]]></description>
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      <title><![CDATA[España Fascinante :: Últimas noticias - Crónicas de viaje: en busca de lo auténtico]]></title>
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  <title><![CDATA[La noche de Peñalara, un viaje en cometa hacia las estrellas]]></title>
      <category><![CDATA[Crónicas de viaje: en busca de lo auténtico]]></category>
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  <pubDate>Wed, 3 May 2023 09:30:37 +0200</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Eva Gruss]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[ Para contar esta historia tengo que retrotraerme unos años atrás, cuando en España apenas habíamos salido del estricto confinamiento al que nos había relegado la pandemia del covid-19. Era julio de 2020 y la vida volvía, poco a poco, a ser lo que...]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Para contar esta historia tengo que retrotraerme unos años atrás, cuando en España apenas habíamos salido del estricto confinamiento al que nos había relegado la pandemia del covid-19. Era julio de 2020 y la vida volvía, poco a poco, a ser lo que era. Todavía había miedo en el ambiente, <strong>pero también muchas ganas de aventura</strong>, de salir, de recuperar todo ese tiempo que habíamos pasado en el interior de nuestras casas. En definitiva: de recobrar la normalidad.</p><p>A la par se estaba produciendo en la Tierra la visita de un invitado: <strong>la del cometa Neowise</strong>, un astro descubierto en marzo de aquel mismo año. Una visita muy especial, ya que se calcula que esta no volverá a producirse hasta dentro de más de 6800 años. Por eso, muchas personas se lanzaron con sus telescopios o prismáticos a observarlo o, sencillamente, se toparon con él por casualidad. Porque el cometa Neowise fue visible a simple vista entre julio y agosto.</p><p>Este segundo caso, el de la casualidad, fue el mío. Una casualidad que me llevó a dormir bajo el cometa una de las noches que mejor se vio desde <a href="/series/coleccion-siente-madrid">Madrid</a> y en el lugar más alto de la comunidad: <strong>el pico de Peñalara</strong>. </p><p><h2>Un ascenso tutorizado por el atardecer</h2></p><p><img class="size-full wp-image-423500" src="/media/espanafascinante/images/2023/04/21/20230421100159423500.jpg" alt="Cabra montesa" width="800" height="500"></p><p>Cuando aquel 18 de julio llegamos al Puerto de Cotos, punto desde el que iniciamos nuestra ruta, el calor apretaba. Pero, por suerte, <strong>las temperaturas ya comenzaban a descender</strong>. Habíamos decidido empezar el ascenso sobre las 19.00 con ese objetivo, el de huir del calor. Aún así, los primeros metros del camino, los mismos que coinciden con la ruta hacia la laguna Grande, se hicieron costosos. Un <a href="/articulo/compras-fascinantes/mejores-mochilas-senderismo-una-cada-tipo-camino/20230203122342275715.html">macuto a la espalda</a>, lleno de bártulos (agua, comida, saco de dormir, esterilla, ropa…) lo hacía todo más fatigoso.</p><p>A la par que ascendíamos, <strong>el paisaje iba cambiando</strong>, especialmente tras dejar a la derecha el mirador de la Gitana, desde donde se tienen unas excelentes vistas de la cordillera de Cuerda Larga. Poco a poco, los árboles iban desapareciendo para dar paso a la vegetación desnuda de la montaña. En el camino fuimos encontrándonos senderistas. Pero no subían. Bajaban. La mayoría de ellos ya habían concluido su excursión, mientras que nosotras la empezábamos.</p><p>El sol estaba ya muy bajo cuando llegamos a las temidas zetas de la Hermana Menor. Es decir, cuando llegamos a la que está considerada <strong>la parte más dura del ascenso a Peñalara</strong>. Tal y como indica su nombre, hablamos de un sendero en <em>zigzag</em>, el cual se alarga hasta las dos horas de recorrido.</p><p>Sin embargo, personalmente no recuerdo aquella parte del camino como tal por eso de que, para cada excursionista, <strong>la misma experiencia puede ser una muy distinta</strong>. Más bien, sentía que mi espalda se hacía al macuto y que los rayos del sol, que desaparecían por momentos, mordían cada vez con menos ferocidad. La subida se convirtió así en un paseo tutorizado por el atardecer en el que el pico se veía cada vez más cercano. A la par, el consumo de agua y las capas de ropa iban dejando una mochila más y más liviana. Mientras, el fresco se iba convirtiendo poco a poco en frío.</p><p><img class="size-full wp-image-423496" src="/media/espanafascinante/images/2023/04/21/20230421095853423496.jpg" alt="atardecer peñalara" width="800" height="500"></p><p>A 2428 metros, un monolito corona <strong>el pico más alto de la sierra de Madrid</strong>, anunciando la victoria de los senderistas, presumiendo de vistas. Cuando llegamos allí, el sol ya estaba escondido, pero la luz todavía iluminaba aquellas tierras pedregosas, ahora solo ocupadas por nosotras y por algunos caminantes más. Era el momento de elegir la “habitación” donde nos alojaríamos.</p><p>Así, antes de que la noche nos alcanzara de lleno, intentamos escoger un lugar que estuviera mínimamente resguardado del viento. Porque no hay que olvidar que en la montaña, aún en los días más calurosos de verano,<strong> la oscuridad viene acompañada del frío</strong>. Una vez asentadas, pusimos punto final al descenso, que no a la experiencia, con unos bocadillos, no de cinco, sino de miles de <a href="/articulo/rutas-planes/los-mejores-lugares-de-espana-para-observar-las-estrellas-y-quedar-maravillado-con-el-cielo-nocturno/20200820180002274140.html">estrellas</a>. Las que iban asomando por encima de nuestras cabezas.</p><p><h2>El encuentro con el cometa Neowise en el pico de Peñalara</h2></p><p><img class="size-full wp-image-423499" src="/media/espanafascinante/images/2023/04/21/20230421100156423499.jpg" alt="vivac peñalara" width="800" height="500"></p><p>Mi madre, bióloga, siempre ha sido una entusiasta del cielo nocturno. Cada vez que las estrellas son mínimamente visibles, aprovecha para observarlas con su aplicación del móvil, incluso si está en <a href="/articulo/rutas-planes/que-hacer-en-madrid-capital-en-3-dias/20201008091525273611.html">pleno centro de Madrid</a>. Es de esas personas que saben decir qué planeta es ese que brilla tanto, qué constelación forman esas tres estrellas dispuestas de aquella forma o por qué hoy será el día en el que mejor se verá Marte. Pero yo no. A mí nunca me ha interesado demasiado la astrología.</p><p>Sin embargo, <strong>a veces no hay que ser un entendido para disfrutar</strong>. Porque, incluso las personas así, acostumbradas a vivir en la luminiscencia de las ciudades, somos capaces de darnos cuenta de la magnificencia de las estrellas cuando las condiciones permiten verlas. Precisamente, aquella noche eran óptimas: un cielo despejado, sin una sola nube y una luna ausente.</p><p>Pero había algo que brillaba más que las estrellas y que <strong>dominaba la oscuridad como no lo hacía nada más</strong>: el cometa Neowise. El invitado especial de aquellos días surcaba el cielo haciéndose ver a simple vista, arrastrando su cola de gases y partículas de polvo por todo Madrid.</p><p><h2>La foto de nuestras vidas</h2></p><p><img class="size-full wp-image-423497" src="/media/espanafascinante/images/2023/04/21/20230421095855423497.jpg" alt="vivac peñalara" width="800" height="500"></p><p>Fue en aquel momento, al observar el Neowise, cuando un hombre se acercó a nosotras, cámara profesional en mano, para preguntarnos <strong>si nos importaba que nos sacara unas fotos mientras contemplábamos el cielo</strong>. Resulta que se trataba de un fotógrafo profesional de origen australiano especializado en el cielo nocturno. Aquel día había subido al pico para sacar imágenes del Neowise. Accedimos a ello y, durante al menos una hora (probablemente más), posamos para él mientras mirábamos al cometa.</p><p>Algunas veces me puse yo. Otras, mi amiga. Y otras, las dos juntas. En cada toma había que quedarse un buen rato en el sitio, <strong>sin moverse lo más mínimo</strong>, pues el tiempo de exposición de la cámara tenía que ser largo para que la imagen saliera bien. También nos prestó unos prismáticos. Como decía al principio, nosotras no íbamos preparadas para observar al Neowise, tan solo nos lo encontramos.</p><p><strong>“<em>I’m going to take the photo of your life</em>”</strong> (voy a haceros la foto de vuestra vida), nos decía una y otra vez el fotógrafo. Aquellas palabras pretendían animar a dos chicas que empezaban a cansarse de posar, codos en alto para sujetar los prismáticos, para un desconocido. La situación, que al principio nos pareció graciosa e incluso emocionante, nos empezó a irritar una vez que, cuando se suponía que ya nos habíamos despedido, nos hizo salir del saco de dormir para volver a hacer una foto.</p><p>Es cierto que en mi caso aquel hombre sí me sacó la imagen de mi vida, una imagen que nos mandó por correo. Pero el resto de las imágenes, las que nos había hecho juntas o las que le había sacado a mi amiga,<strong> se perdieron en el recuerdo</strong>. Aquel hombre dejó de contestarnos los correos y terminamos por olvidar su nombre. Lo sentimos como una pequeña traición. Pero, eso sí, quedó una anécdota que ya sería imposible de olvidar.</p><p><h2>El amanecer desde el pico de Peñalara</h2></p><p><img class="size-full wp-image-423495" src="/media/espanafascinante/images/2023/04/21/20230421095852423495.jpg" alt="amanecer pico peñalara" width="800" height="500"></p><p>Tras pasar una noche fría e incómoda debido a la dureza del suelo (que nadie os diga que haciendo vivac se duerme bien), el amanecer ejerció de despertador. El amanecer y un par de cabras montesas que, a apenas unos 50 metros de nosotras, chocaban sus cornamentas. Quizás dormir en la montaña no es lo más cómodo, <strong>pero el amanecer es incomparable</strong>.</p><p>Tras ver salir el sol y antes de que el bochorno volviera a hacer acto de presencia, reemprendimos la marcha. La aventura no había terminado. Aún teníamos que bajar de nuevo hasta el coche, y decidimos hacerlo por el camino largo. En lugar de volver por donde habíamos subido, <strong>bajamos hasta la laguna de los Pájaros</strong>, el destino de otra de las <a href="/articulo/rutas-planes/tres-rutas-penalara-escapar-madrid/20211201121402275006.html">rutas más célebres de Peñalara</a>. Una laguna de origen glacial a la que llegamos andando entre piedras al ritmo del tarareo de la BSO de <em>El Señor de los Anillos</em>, <a href="/articulo/rutas-planes/camino-anillo-ruta-epica-sierra-madrid/20220602060022275337.html">película a la que el paisaje de la sierra madrileña recuerda en ocasiones</a>. Aunque el camino no terminó en Mordor, sino en el sitio donde lo habíamos emprendido la tarde anterior: el Puerto de Cotos.</p><p><h2>De vuelta en la ciudad</h2></p><p>Una vez en <a href="/articulo/rutas-planes/vive-madrid-mejores-planes/20220506100007275296.html">Madrid</a>, en la ciudad, le conté toda la historia a mi madre. Especialmente la parte que concernía al cometa, pues sabía que le interesaría. Resulta que ella también había estado observando al Neowise desde otro lugar diferente: el pueblo segoviano de Nava de la Asunción. Pero ella, como era previsible, no lo había visto por casualidad, <strong>sino que llevaba días mirándolo</strong>. Estaba preparada. “No me puedo creer que mi niña haya visto así el cometa, que tenga una foto como esta”, dijo al ver la imagen. Y, en efecto, quién nos hubiera dicho que en aquella búsqueda de normalidad, encontraríamos tan poca… </p>]]></content:encoded>
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        <media:title><![CDATA[La noche de Peñalara, un viaje en cometa hacia las estrellas]]></media:title>
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  <title><![CDATA[Un paseo en moto por la Tramuntana en busca de la calma]]></title>
      <category><![CDATA[Crónicas de viaje: en busca de lo auténtico]]></category>
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  <pubDate>Wed, 5 Apr 2023 09:48:40 +0200</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Eva Gruss]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[ Llegué a  Mallorca  justo al día siguiente de haber vuelto de un viaje de 15 días en familia por Alemania. Algo que hasta hacía una semana era imposible para mí había ocurrido:  estaba harta del turismo . Es más, ni siquiera tenía ganas de viajar...]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Llegué a <a href="/articulo/que-ver/que-ver-mallorca-todos-tipos-turismo-una-sola-isla/20230220154245275696.html">Mallorca</a> justo al día siguiente de haber vuelto de un viaje de 15 días en familia por Alemania. Algo que hasta hacía una semana era imposible para mí había ocurrido: <strong>estaba harta del turismo</strong>. Es más, ni siquiera tenía ganas de viajar ni de hacer la ruta de los pueblos más bonitos de Mallorca que, meses antes, me había convencido de hacer tras leer un artículo. Supongo que, como dice Sergio del Molino en su post <a href="https://viajar.elperiodico.com/viajeros/sitio-volver-sergio-molino-81093042" target="_blank" rel="noopener"><em>Un sitio al que volver</em></a>, me había atragantado de viajes y me había subido “la viajerina”.</p><p>Mi primera impresión de aquella isla: <strong>“Esto se parece a Vietnam”</strong>. ¿El motivo de tan inaudita comparación? Una moto. Porque, automáticamente, cuando me vi subida a este transporte tan poco habitual en mi rutina, con otra persona, dos <a href="/articulo/compras-fascinantes/mejores-maletas-viaje-cabina-bajo-asiento-facturacion/20230203130000275714.html">maletas</a> y dos <a href="/articulo/compras-fascinantes/mejores-mochilas-senderismo-una-cada-tipo-camino/20230203122342275715.html">mochilas</a>, visualicé la postal que una amiga me había traído de aquel país de Oriente: una moto con una torre de bártulos a sus espaldas. Aquel vehículo sería, desde aquel momento, el faro y guía de un viaje que me recordaría que hay otras formas de viajar. </p><p><h2>Perseguir el atardecer en la sierra de Tramuntana</h2></p><p>Aquella primera comparación se esfumó enseguida. Pero, por eso de que a veces necesitamos compararlo todo, en su lugar vino otra. Aunque no hiciera falta. <strong>Aunque un lugar se baste por sí mismo y se parezca solo a él</strong>. El caso es que la <a href="/articulo/naturaleza/serra-de-tramuntana/20140820110955271915.html">sierra de la Tramuntana</a>, zona en la que tuve el placer de alojarme, me recordó inevitablemente a la Toscana. Sobre todo a la hora del atardecer. Sobre todo <a href="/articulo/que-ver/pueblo-flores-bonito-espana/20240219125856274054.html">Fornalutx</a>, uno de los pueblos más bonitos de España. Casas de tonalidades terrosas salpicadas de flores de todos los colores y, de fondo, el verde envolviendo el conjunto. Ambos fundidos en un abrazo.</p><p>Pero, como decía, en aquel momento no me encontraba con el ánimo de visitar todos y cada uno de los municipios mallorquines. Así que, <strong>cómo impregnarse de esa esencia sin recurrir al turismo compulsivo que últimamente lo consume todo</strong>. La respuesta la encontré muy rápido en nuestra compañera de dos ruedas. Una forma de recorrer pausadamente los pueblos de Tramuntana, parando cuando apetezca, huyendo del calor en el aire de la montaña. Y como centro de operaciones: <a href="/articulo/que-ver/que-ver-en-soller/20140421131630272187.html">Sóller</a>.</p><p><img class="size-full wp-image-423008" src="/media/espanafascinante/images/2023/04/04/20230404153147423008.jpg" alt="sierra de Tramuntana" width="800" height="500"></p><p>En los seis días que estuvimos en la isla pasamos todos y cada uno de ellos por la plaza principal del municipio, especialmente conocido por su <a href="/articulo/rutas-planes/tren-de-soller-el-ferrocarril-de-mallorca-que-no-quiso-echar-el-cierre/20201020060044274269.html">tren</a>. Siempre con las terrazas llenas, <strong>siempre con la silueta de la iglesia de Sant Bartomeu de Sóller subrayando su presencia</strong>. Una iglesia demasiado grande, pensaba, para una localidad tan pequeña. Todos los días pasamos por aquella plaza. Ninguno paramos. Es lo que suele suceder: cuando estás en un sitio que sabes que tienes a tu disposición olvidas visitarlo.</p><p>Donde sí paramos fue en la zona del puerto, constantemente llena de ambiente. Sus dos playas como el recreo de vacaciones más obvio. También paramos en el faro des Cap Gros, otra torre más desde la que contemplar los infinitos atardeceres de las <a href="/articulo/rincones-excepcionales/las-mejores-calas-de-baleares/20180820134607272742.html">Baleares</a>. <strong>Ninguno como el que pude observar desde la moto al cruzar la sierra de Tramuntana</strong>. Digo observar por no decir perseguir, que es lo que hicimos al ir desde Fortnalutx a Sóller, mientras los tonos pasteles iban coloreando un paisaje que ahora más que nunca se parecía a esa Toscana de la que hablaba al principio.</p><p><img class="size-full wp-image-423007" src="/media/espanafascinante/images/2023/04/04/20230404153145423007.jpg" alt="atardecer" width="800" height="500"></p><p><h2>El reencuentro con el viaje</h2></p><p>En la moto hay viajes que no llevan a ninguna parte (aunque lleven a todas). Pero hay otros que tienen un destino, y en Tramuntana ese destino tenía que ser, al menos un día, <strong>Sa Calobra</strong>. Esta pequeña cala de la zona norte de <a href="/articulo/rutas-planes/pueblos-mas-bonitos-de-mallorca/20230925073557275013.html">Mallorca</a> es una de las más famosas de la isla y está precedida por una carretera no menos célebre.</p><p>La MA-2141, más conocida como <strong>“nudo de corbata”</strong>, fue construida por el arquitecto Antonio Paretti con la intención de respetar lo máximo posible la orografía del paisaje. Por eso, las curvas del “nudo de corbata” se deslizan, de camino a <a href="/articulo/rincones-excepcionales/sa-calobra-color-cielo-tras-nudo-corbata/20220822081754275478.html">Calobra</a>, en giros imposibles que pueden llegar a sobrecoger a los viajeros. El trayecto se convierte así en una experiencia con nombre propio. Cuanto más se desciende la carretera, más huele a mar. El destino espera.</p><p><img class="size-full wp-image-414277" src="/media/espanafascinante/images/2022/08/12/20220812115228414277.jpg" alt="Carretera nudo de corbata Mallorca" width="800" height="500"></p><p>Sa Calobra es una playa muy pequeña de apenas 30 metros compuesta por guijarros y arena. Pero guarda un secreto a voces: <strong>un túnel que conduce a Torrent de Pareis</strong>, una segunda cala encajada entre dos paredes de roca de 200 metros de altura que supone la desembocadura del río Torrent. Ambas playas, debido a su fama, están siempre llenas de turistas.</p><p>Sin embargo, aún así, somos capaces de encontrar calma bajo la sombra de un arbusto en el interior del cañón. La misma calma nos persigue hasta el mar, donde, alejándonos de la orilla, nos vemos nadando entre Sa Calobra y <a href="/articulo/que-ver/que-ver-en-torrente-de-pareis/20140421131627272277.html">Torrent de Pareis</a>, un paisaje solo enturbiado por la presencia de los barcos. <strong>La paz es posible encontrarla incluso en los lugares turísticos</strong>. Solo hay que buscarla y acompañarla de ritmos, a su vez, pausados. Así llega, sin buscarse, el reencuentro con el viaje. </p>]]></content:encoded>
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        <media:title><![CDATA[Un paseo en moto por la Tramuntana en busca de la calma]]></media:title>
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  <title><![CDATA[El atardecer de la Albufera, el pequeño mar de Valencia]]></title>
      <category><![CDATA[Crónicas de viaje: en busca de lo auténtico]]></category>
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  <pubDate>Fri, 23 Dec 2022 10:59:42 +0100</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Judith Torquemada]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[ 
  Antes de llegar a la Albufera lo imaginaba todo color sepia . Es lo que tienen las ficciones, que son capaces de crear imágenes muy concretas de un escenario, incluso de los escenarios emocionales.  El Embarcadero , la serie de  Movistar Plus+...]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<!-- wp:paragraph -->
<p><strong>Antes de llegar a la Albufera lo imaginaba todo color sepia</strong>. Es lo que tienen las ficciones, que son capaces de crear imágenes muy concretas de un escenario, incluso de los escenarios emocionales. <em>El Embarcadero</em>, la serie de <a href="/articulo/cultura-espanola/recorrido-espana-series-movistar-plus/20221215123259275641.html">Movistar Plus+</a>, me había dejado con la sensación de que en ese rincón valenciano iba a encontrarlo todo pasado por un filtro ocre. No fue así. Es lo que tienen las ficciones: que no son la realidad.</p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:paragraph -->
<p>Sí encontré, en cambio, <a href="/articulo/rincones-excepcionales/albufera-fascinante-tradiciones-unicas-marjal-valencia/20200805160045274110.html">la Albufera</a> evocadora que me había llevado hasta ese momento. Porque si yo estaba allí era porque esa ficción me había hecho sentir que en ese humedal podían suceder historias dignas de llevarse a la pantalla, por su belleza o por su significado. No me sucedió nada significativo. Nada digno de inmortalizar, pero es todavía uno de los lugares más sugestivos en los que he estado y estoy convencida de que, sí, en la Albufera suceden cosas. <strong>Y no era todo sepia: era mejor</strong>. Sobre todo al atardecer.</p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:heading -->
<h2 class="wp-block-heading">El ritmo de las cosas en la Albufera</h2>
<!-- /wp:heading -->

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<figure class="wp-block-image aligncenter size-full"><img src="/media/espanafascinante/images/2022/12/23/20221223104142418114.jpg" alt="Puerto de Catarroja al amanecer" class="wp-image-418114"/><figcaption class="wp-element-caption">Puerto de Catarroja al amanecer. | Shutterstock</figcaption></figure>
<!-- /wp:image -->

<!-- wp:paragraph -->
<p>De entre todos los municipios que conforman el <a href="/articulo/naturaleza/la-albufera/20140821121514271983.html">Parque Natural de l’Albufera</a>, seguramente El Palmar sea el más popular. En las <strong>21 000 hectáreas de humedal</strong> se encuentran otras doce localidades, cada una con su propia idiosincrasia. De haber tenido una semana a mi disposición las habría recorrido todas con la emoción de quien está visitando algo completamente único, porque eso es lo que transmite ese lugar en su conjunto.</p>
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<p>Ya antes de aparcar, recorriendo las carreteras del parque, pensé que <strong>todo era agua, arroz y campo</strong>. Es un entorno rural que ha olvidado por completo, creo que adrede, que a diez kilómetros al norte se encuentra la tercera ciudad más habitada de <a href="/articulo/rutas-planes/ciudades-espanolas-bicicleta/20240614073436275291.html">España</a>. Frente a la jungla que en ocasiones es el entorno urbano, la Albufera es un mar de calma y tranquilidad donde la vida transcurre lenta, más consciente. Supongo que solo de esa manera puede llegar a hacerse la paella más sabrosa que he comido en toda mi vida.</p>
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<p>Como la imagen que más fuerte había pegado en mi cabeza era la de aquella idílica casa blanca que había mostrado <em>El Embarcadero</em>, salí en su búsqueda. No encontré lo que esperaba, una vez más, pero encontré lo que "era"<em> </em>realmente. <strong>Las barracas valencianas me parecen quizá las construcciones más bucólicas y hermosas de nuestra geografía</strong>. Algunas de las imágenes que forman, entre el agua, el arroz y el campo, son de postal. Sobre todo, de nuevo, al <a href="/articulo/rincones-excepcionales/9-perfectos-atardeceres-del-mediterraneo-entornos-con-encanto/20210325090050274505.html">atardecer</a>.</p>
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<!-- wp:heading -->
<h2 class="wp-block-heading">Lo que el viajero aprende antes de un atardecer</h2>
<!-- /wp:heading -->

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<figure class="wp-block-image aligncenter size-full"><img src="/media/espanafascinante/images/2022/12/23/20221223104140418113.jpg" alt="Barraca típica valenciana" class="wp-image-418113"/><figcaption class="wp-element-caption">Barraca típica valenciana. | Shutterstock</figcaption></figure>
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<p>Aquel día la Albufera me enseñó algo de las expectativas. Pero sobre todo reaprendí eso de que hay que valorar las cosas por lo que son y no por lo que creemos que van a ser. Todo se ve diferente cuando no hay una cámara de por medio. Cuando te enfrentas al horizonte de arrozales o de agua con los colores reales del mundo, que pueden no ser ocres porque el <a href="/articulo/rincones-excepcionales/espana-desde-el-cielo/20180813125210272714.html">cielo</a> está encapotado o que pueden estar, incluso, pasados por agua. Las cosas son lo que son y la Albufera es diferente a como la imaginaba, lo que no significa en absoluto que sea menos hermosa de lo que se muestra en la pantalla. Desde luego es mucho más auténtica, más de verdad. <strong>Agua, arroz y campo</strong>.</p>
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<p>El puerto de Catarroja ofrece uno de los paseos más bonitos. La imagen de las albuferencas descansando sobre las aguas no se me va a olvidar, como no se me olvidará la primera imagen de las góndolas de Venecia. Las comparo porque así lo siento. Se queda también grabado en mi memoria el hombre que pasa en un carro tirado por un burro. Allí me digo que pertenece a otra época, y después me digo que no, que pertenece al presente de la Albufera, y que no soy nadie para cuestionarlo o juzgarlo. Hay mosquitos, hace de pronto mucho sol, la humedad es pegajosa, y no juzgo, porque eso es lo que es y me digo otra vez que es <strong>uno de los lugares más auténticos en los que he estado y en los que seguramente jamás estaré</strong>.</p>
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<p>La Albufera debe recibir turistas a montones. Simples curiosos, como yo, otros interesados en el valioso ecosistema del humedal. Las barcas están preparadas para llevar turistas inquietos y los barqueros para responder las mismas preguntas de siempre, porque todos nos hacemos las mismas preguntas. Es inevitable. Los albufeirense las contestan con amabilidad, conscientes seguramente del interés turístico, también científico, que suscita ese lugar. Hay mucho turismo y la Albufera está preparada para recibirlo, pero no vive para ello o no da esa sensación. <strong>Es lo que es porque lo es</strong>, no se ha transformado para serlo más, para interesar más, para ser el escenario perfecto de una <a href="/articulo/cultura-espanola/series-cortas-que-te-impediran-despegarte-pantalla/20180320112222272267.html">serie de televisión</a>.</p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:image {"align":"center","id":418112,"sizeSlug":"full","linkDestination":"none"} -->
<figure class="wp-block-image aligncenter size-full"><img src="/media/espanafascinante/images/2022/12/23/20221223104138418112.jpg" alt="Atardecer en la Albufera" class="wp-image-418112"/><figcaption class="wp-element-caption">Atardecer en la Albufera. | Shutterstock</figcaption></figure>
<!-- /wp:image -->

<!-- wp:paragraph -->
<p>Es un oasis que existe al margen de <a href="/articulo/rutas-planes/9-escapadas-menos-dos-horas-valencia/20221202114843275618.html">Valencia</a> y al margen del mundo, eso aprendí. Empezó a formarse hace un millón de años, hasta que terminó siendo ese pedazo del Mediterráneo separado de este por una lengua de tierra. También aprendí que su nombre proviene del árabe andalusí:<em> al-buḥayra</em>, que <strong>significa pequeño mar</strong>. Cuando en los meses de invierno las aguas cubren la mayor parte de superficie del humedal, es lo que parece. Es lo que es. Y es algo más, también, algo diferente. Un pequeño mar de agua dulce donde cada año se posan más de 300 especies de aves. Lo entiendo: quién querría perderse la Albufera.</p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:paragraph -->
<p>Quién querría perderse su atardecer. Me sale solo, todavía allí, decir que es el más bonito de España, pero me revuelvo incómoda ante esa idea, porque no me convence del todo. España tiene unos atardeceres bellísimos, pienso, y recuerdo especialmente el de <a href="/articulo/cronicas-viaje-busca-lo-autentico/cronica-fin-del-mundo-fin-de-ano-finisterre/20221212120649275633.html">Fisterra</a>, el <a href="/articulo/rincones-excepcionales/puesta-sol-mas-famosa-espana-el-rincon-del-finde/20220809084325274843.html">atardecer del fin del mundo</a>. Entonces encuentro la clave. <strong>Si aquel, el del oeste, es el del fin del mundo, quizá este sea el del comienzo</strong>.</p>
<!-- /wp:paragraph -->]]></content:encoded>
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        <media:title><![CDATA[El atardecer de la Albufera, el pequeño mar de Valencia]]></media:title>
        <media:text><![CDATA[]]></media:text>
        <media:description><![CDATA[]]></media:description>
      </media:content>
        </item>
                        <item>
  <title><![CDATA[Crónica en el fin del mundo para un fin de año]]></title>
      <category><![CDATA[Crónicas de viaje: en busca de lo auténtico]]></category>
    <link>https://www.espanafascinante.com/articulo/cronicas-viaje-busca-autentico/cronica-fin-del-mundo-fin-de-ano-finisterre/20221212130649275633.html</link>
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  <pubDate>Mon, 12 Dec 2022 13:06:49 +0100</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Judith Torquemada]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[ 
  Siempre habrá un aura místico en torno a Fisterra , el límite de las tierras conocidas en la Antigüedad, donde cada noche se apagaba el sol. Donde acababa la humanidad para dar paso a un mar habitado, según se creía, por monstruos marinos....]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<!-- wp:paragraph -->
<p><strong>Siempre habrá un aura místico en torno a Fisterra</strong>, el límite de las tierras conocidas en la Antigüedad, donde cada noche se apagaba el sol. Donde acababa la humanidad para dar paso a un mar habitado, según se creía, por monstruos marinos. <a href="/articulo/que-ver/que-ver-en-fisterra/20201121144712276562.html">Fisterra</a> daba miedo por lo que se sospechaba de este cabo gallego, pero también generaba esa clase de atracción que provoca lo desconocido y lo inexplicable. Porque entonces, en tiempos de los celtas y los romanos después, este final de la tierra, donde el sol se escondía cada día sobre aguas profundas e inexploradas, ni se conocía ni se podía explicar lo que había más allá.</p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:paragraph -->
<p><strong>Siento que llevamos en la sangre esa atracción primigenia por este lugar, aunque ya podamos explicar Fisterra</strong>. Aunque ya sepamos que no es el fin del mundo, que ni siquiera es, qué <em>carallo</em>, el cabo más occidental del continente europeo. Nos da igual. Seguimos peregrinando hasta aquí y no hasta otro lugar porque llevamos ese peregrinaje en la sangre. Porque Fisterra tiene, siempre tendrá, una mística dorada como el sol, azul como el <a href="/articulo/rincones-excepcionales/isla-leyendas-sirenas-naufragio/20240229123507275512.html">Atlántico</a>, verde como los campos gallegos y oscura como cuando cae la noche y tú todavía sigues allí, observando lo que parece el fin del mundo.</p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:heading -->
<h2>Peregrinaje al fin del mundo</h2>
<!-- /wp:heading -->

<!-- wp:image {"align":"center","id":417626,"sizeSlug":"full","linkDestination":"none"} -->
<figure class="wp-block-image aligncenter size-full"><img src="/media/espanafascinante/images/2022/12/09/20221209114818417626.jpg" alt="Santiago de Compostela en la distancia" class="wp-image-417626"/><figcaption>Santiago de Compostela en la distancia. | Imagen: Judith Torquemada</figcaption></figure>
<!-- /wp:image -->

<!-- wp:paragraph -->
<p>El peregrinaje a Fisterra es el más solitario de todos los que tienen lugar en <a href="/articulo/rutas-planes/pueblos-bonitos-galicia-lugares-encanto-personalidad/20230123160527272670.html">Galicia</a>. <strong>Comienza donde todos los demás tienen su final</strong>, en la bella <a href="/articulo/rincones-excepcionales/dia-santiago-de-compostela/20221202111930275624.html">Santiago de Compostela</a> que despide al peregrino como lo recibe: entre calles encantadas y paisajes de ensueño. A veces se olvida que Santiago se levantó en pleno bosque, pero las entradas y salidas de la ciudad a pie se encargan de recordarlo.</p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:paragraph -->
<p>Para partir hacia Fisterra uno tiene que ascender, entre ríos y árboles, ajeno al ruido de la ciudad que queda atrás. Tampoco demasiado ruidosa, para ser sinceros. El justo, el necesario para que se sepa que hay vitalidad en esas calles. <strong>Santiago tiene el temple de una ciudad antigua y la vida de quien todavía es habitada, apreciada y disfrutada</strong>. Se contempla, en ese camino a Fisterra, desde uno de los miradores más impresionantes que la rodean, cuya fotografía precede estas líneas.</p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:image {"align":"center","id":417629,"sizeSlug":"full","linkDestination":"none"} -->
<figure class="wp-block-image aligncenter size-full"><img src="/media/espanafascinante/images/2022/12/09/20221209114823417629.jpg" alt="Campos gallegos en el camino a Fisterra" class="wp-image-417629"/><figcaption>Campos gallegos en el camino a Fisterra. | Shutterstock</figcaption></figure>
<!-- /wp:image -->

<!-- wp:paragraph -->
<p>Tras dejar atrás Santiago se atraviesan pueblos de tamaño considerable como Negreira, pero lo que sobre todo se atraviesa en el interior de <a href="/articulo/rincones-excepcionales/lugares-desconocidos-galicia/20240219085942273864.html">Galicia</a>, recorriendo la provincia de <a href="/articulo/rutas-planes/a-coruna-fascinante-sus-pueblos-mas-bonitos/20210325163112274512.html">A Coruña</a>, son <strong>rincones pequeños, y preciosos</strong>. <a href="/articulo/rincones-excepcionales/pueblo-rio-a-coruna/20240613110210274859.html">A Ponte Maceira</a>, entre todos ellos, deja a uno hechizado. Es una aldea a la que se llega tras salvar el ascenso más pronunciado de estos senderos, complicado y también precioso, y que te recibe con la imagen de su puente sobre el río Tambre. El paisaje es bucólico, extraído de un cuento. No son menos impresionantes los campos verdes que me encuentro tras abandonar, el segundo día de etapa, el albergue de San Mamede da Pena. Me detengo, boquiabierta, a admirarlos entre la niebla, protagonista de las primeras horas de la mañana. Siempre es así con Galicia. Lo de la niebla no, lo de quedarte boquiabierto.</p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:paragraph -->
<p>El paisaje va cambiando a medida que uno se acerca a la costa y cuando toca bordearla es otra historia. Sobre todo cuando <strong>a lo lejos empieza a vislumbrarse la imagen pronunciada y escarpada de este fin del mundo que despierta unos nervios incomprensibles</strong>, como si realmente se acercase uno al fin de las cosas. El paseo ante el <a href="/articulo/rincones-excepcionales/costa-da-vela-ante-el-atlantico-infinito-el-rincon-del-finde-a-remojo-10/20210722100052274740.html">Atlántico</a> es excepcional, se respira otro aire, se siente otra cosa. Se deja atrás el aislamiento para caminar Cee o Corcubión, para saborear un poco los aires marineros gallegos, para llegar, finalmente, a Fisterra, pueblo que se atraviesa antes de encarar el último tramo, el que lleva al final de las cosas.</p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:heading -->
<h2>La luz en el fin de las cosas</h2>
<!-- /wp:heading -->

<!-- wp:image {"align":"center","id":417627,"sizeSlug":"full","linkDestination":"none"} -->
<figure class="wp-block-image aligncenter size-full"><img src="/media/espanafascinante/images/2022/12/09/20221209114820417627.jpg" alt="Atardecer en Fisterra" class="wp-image-417627"/><figcaption>Atardecer en Fisterra. | Shutterstock</figcaption></figure>
<!-- /wp:image -->

<!-- wp:paragraph -->
<p>Otra creencia antigua relataba que el mundo terrenal daba paso, con la llegada de la muerte, a otra existencia en una isla situada al oeste, allí donde moría el sol. Los <a href="/articulo/cultura-espanola/legado-celta-espana/20211129110057275000.html">celtas</a> construyeron aquí, según parece, el <em>Ara Solis</em>, un altar al astro. Cuando los <a href="/articulo/espana-5-actos/guerras-punicas-escipiones-romanos/20220411040054275267.html">romanos</a> llegaron tras estos y se encontraron con que el sol se hundía en unas aguas que no conocían lo que pensaron fue que más allá no había nada, que este era el punto más occidental de la Tierra, el <em>finis terrae</em>, <strong>donde acababa la vida</strong>.</p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:paragraph -->
<p>Nunca ha sido un lugar común. Hoy Ara Solis es el nombre de una de las plazas principales del pueblo y algunos encuentran en el escudo de <a href="/articulo/fiestas-espana/dia-galicia-25-julio/20210417050000275429.html">Galicia</a> similitudes entre este ponerse el sol sobre el horizonte Atlántico y el cáliz representado. <strong>Es inmensa la influencia de este pequeño rincón del mundo</strong>, inscrita en símbolos hoy reconocibles y sobre todo en el imaginario popular.</p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:paragraph -->
<p>Los nervios regresan cuando se asciende por esa carretera que conduce al cabo, que es una carretera cualquiera, solo que no lo es, porque a lo lejos, desde ciertas perspectivas, ya se vislumbra el faro y ya se imagina uno allí, contemplando el <a href="/articulo/rincones-excepcionales/puesta-sol-mas-famosa-espana-el-rincon-del-finde/20220809084325274843.html">atardecer</a>. Este edificio se construyó en 1853, a 138 sobre el nivel del mar. Su luz alcanza 65 kilómetros. <strong>El efecto de esta sobre el océano puede observarse en el camino de vuelta, cuando ya el sol se ha apagado</strong>.</p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:paragraph -->
<p><strong>Este lugar es todo lo que se espera que sea</strong>. Las olas rompen contra el acantilado, sobre el que descansan decenas de personas, todas mirando hacia un mismo punto. Todas viendo el sol caer. Algunos <a href="/articulo/reportajes/camino-santiago-edad-media/20221030070000275568.html">peregrinos</a> se quitan las botas, aunque ya por fortuna (apenas) se queman pertenencias. Los rituales han evolucionado con el tiempo, pero siguen manteniéndose porque Fisterra es un rincón que invita a eso. A limpiarse, a dar algún viaje por terminado, a pensar en el fin del día como el fin del mundo, como el fin de un ciclo.</p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:heading -->
<h2>Lo inesperado de Fisterra</h2>
<!-- /wp:heading -->

<!-- wp:image {"align":"center","id":417628,"sizeSlug":"full","linkDestination":"none"} -->
<figure class="wp-block-image aligncenter size-full"><img src="/media/espanafascinante/images/2022/12/09/20221209114821417628.jpg" alt="Pueblo de Fisterra" class="wp-image-417628"/><figcaption>Pueblo de Fisterra. | Shutterstock</figcaption></figure>
<!-- /wp:image -->

<!-- wp:paragraph -->
<p>Uno no se espera encontrar un pueblo feo, pero porque seguramente no se espera <em>nada</em>. Pocos piensan en el pueblo de Fisterra cuando se habla de Fisterra. Se piensa en todo lo anterior. Así que cuando, al final, al final del final, cuando ya se desciende y se repara en sus calles, la sorpresa es mayúscula, porque resulta que <strong>Fisterra es un pueblo bonito, de calles estrechas, encanto marinero y gente amable</strong>.</p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:paragraph -->
<p>Esto no es inesperado, porque lo raro, en Galicia, es encontrarse uno con gente grosera. Reservados, cerrados, lo que queráis: amables y acogedores hasta decir basta. <strong>Te cogen y no te sueltan hasta que te hayas asentado a gusto</strong>. Me cambian de albergue por falta de camas, pero me acompañan hasta la puerta del otro, me regalan bombones para compensar lo amargo del cambio de planes (que importa, en realidad, muy poco) y charlamos durante varios minutos sobre el peregrinaje, sobre <a href="/articulo/rutas-planes/segovia-invierno/20221224100000275048.html">Segovia</a>, de donde vengo y sobre Galicia.</p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:paragraph -->
<p>El nuevo albergue tiene vistas al Atlántico. A la mañana siguiente salgo al balcón cuando todavía no ha terminado de amanecer y me quedo ahí plantada tanto tiempo que después pienso que igual el mundo se ha acabado. Pienso que estaría bien, que así no tendría que moverme de ese balcón. <strong>Uno no se quiere marchar nunca de aquí</strong>.</p>
<!-- /wp:paragraph -->]]></content:encoded>
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        <media:title><![CDATA[Crónica en el fin del mundo para un fin de año]]></media:title>
        <media:text><![CDATA[]]></media:text>
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      </media:content>
        </item>
                        <item>
  <title><![CDATA[Viaje al auténtico color de Sevilla]]></title>
      <category><![CDATA[Crónicas de viaje: en busca de lo auténtico]]></category>
    <link>https://www.espanafascinante.com/articulo/cronicas-viaje-busca-autentico/viaje-al-autentico-color-de-sevilla/20221130181827275620.html</link>
  <comments>https://www.espanafascinante.com/articulo/cronicas-viaje-busca-autentico/viaje-al-autentico-color-de-sevilla/20221130181827275620.html#comentarios-275620</comments>
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  <pubDate>Wed, 30 Nov 2022 18:18:27 +0100</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Judith Torquemada]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[ 
 Ahora que el frío ha llegado recuerdo el  calor . Ahora que el cielo se nubla pienso en el sol de  Sevilla  en un mes de mayo que parecía eterno. Ya tenía la fortuna de conocer la ciudad del color especial, pero no fue hasta ese momento, hasta...]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<!-- wp:paragraph -->
<p>Ahora que el frío ha llegado recuerdo el <a href="/articulo/rincones-excepcionales/11-pueblos-frescos-donde-el-verano-no-significa-calor/20220804151056274004.html">calor</a>. Ahora que el cielo se nubla pienso en el sol de <a href="/articulo/rincones-excepcionales/santa-cruz-de-sevilla-amalgama-de-civilizaciones/20210617080041274669.html">Sevilla</a> en un mes de mayo que parecía eterno. Ya tenía la fortuna de conocer la ciudad del color especial, pero no fue hasta ese momento, hasta ese viaje, cuando me hice la pregunta que quizá todos los que alguna vez han reparado en la ciudad andaluza se han hecho: <strong>cuál es realmente el auténtico color de Sevilla</strong>.</p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:heading -->
<h2>Una ciudad acosada por un astro</h2>
<!-- /wp:heading -->

<!-- wp:image {"align":"center","id":417339,"sizeSlug":"full","linkDestination":"none"} -->
<figure class="wp-block-image aligncenter size-full"><img src="/media/espanafascinante/images/2022/11/30/20221130163041417339.jpg" alt="Setas de Sevilla" class="wp-image-417339"/><figcaption>Setas de Sevilla. | Shutterstock</figcaption></figure>
<!-- /wp:image -->

<!-- wp:paragraph -->
<p>El helado de chocolate que me estoy comiendo al amparo de las archiconocidas, y discutidas, setas de Sevilla, me hace pensar que esta ciudad es marrón, porque no existe en ese momento ningún otro elemento de mayor importancia. Hace un sol de justicia. <strong>La primavera llegó hace tiempo a la ciudad andaluza</strong>, las chaquetas sobran, se necesitan helados.</p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:paragraph -->
<p>Las setas de Sevilla son de madera, así que también podrían ser marrones, pero tienen en cambio <strong>un tono beis, crudo</strong>. Tiempo después de ese viaje primaveral leí que esta escultura, proyectada por el alemán Jürgen Mayer, es la <a href="/articulo/rincones-excepcionales/setas-sevilla-estructura-madera-mas-grande-mundo/20220211111506275123.html">estructura de madera más grande del mundo</a>. Vista desde abajo, se presenta inmensa, imponente y algo fuera de lugar. No chirría entre los tonos de la Sevilla del barrio de la Encarnación, pero tampoco parece pertenecer del todo a esa ciudad. Es ya, en cualquier caso, un símbolo, y como tal la observo. Aunque viéndolo todo, todavía, un poco marrón.</p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:image {"align":"center","id":417334,"sizeSlug":"full","linkDestination":"none"} -->
<figure class="wp-block-image aligncenter size-full"><img src="/media/espanafascinante/images/2022/11/30/20221130163031417334.jpg" alt="Catedral de Sevilla" class="wp-image-417334"/><figcaption>Catedral de Sevilla. | Shutterstock</figcaption></figure>
<!-- /wp:image -->

<!-- wp:paragraph -->
<p>La <a href="/articulo/rincones-excepcionales/catedral-gotica-grande-mundo/20240404075837277261.html">Santa, Metropolitana y Patriarcal Iglesia Catedral de Santa María de la Sede y de la Asunción de Sevilla</a> es mucho más oscura. Es una mole de color tierra que hace sentir pequeño a cualquiera, sobre todo bajo su Giralda. <strong>De color albero, de color feria andaluza</strong>. Cuesta rodear el monumento. Es un gusto hacerlo. El sol se cuela entre las torres más altas, y tal vez ese sea el color de Sevilla: el que proporciona un sol que parece buscar estar siempre presente en esta ciudad. No puede dejarla en paz, y lo entiendo.</p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:paragraph -->
<p>Una vez dentro, la catedral es aún más oscura, lo que no significa que esté hecha de tonalidades grises sino que es tan grande que es imposible iluminarla por completo. El astro sigue queriendo estar presente. Se cuela a través de las preciosas vidrieras, las más antiguas del siglo XV, creando bonitas formas y jugando con las tonalidades propuestas por el hombre. <strong>Supongo que Sevilla tiene el color especial de quien está iluminado desde arriba</strong>.</p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:paragraph -->
<p>La oscuridad da paso a la luz cuando uno sale a andar al patio de los Naranjos, eminentemente verde pero con los <strong>detalles naranjas que proporcionan los frutos que se buscan con la mirada</strong>, para poner otro color al cuadro.</p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:image {"align":"center","id":417336,"sizeSlug":"full","linkDestination":"none"} -->
<figure class="wp-block-image aligncenter size-full"><img src="/media/espanafascinante/images/2022/11/30/20221130163035417336.jpg" alt="Judería de Sevilla" class="wp-image-417336"/><figcaption>Judería de Sevilla. | Shutterstock</figcaption></figure>
<!-- /wp:image -->

<!-- wp:paragraph -->
<p>La antigua <a href="/articulo/rincones-excepcionales/santa-cruz-de-sevilla-amalgama-de-civilizaciones/20210617080041274669.html">judería</a> también es naranja y verde, y blanca. Es un barrio repleto de azulejos de colores, de macetas en las ventanas, de placas conmemorativas, de amarillos y rosas y de historias. <strong>Ese es el color de este lugar: el de las historias</strong>. Me siento en un banco de la plaza de Doña Elvira a escuchar algunas. Dice la leyenda que allí nació Doña Inés, el amor imposible del Don Juan Tenorio al que José Zorrilla dio vida. Y que Miguel de Cervantes estrenó aquí sus obras, en un antiguo corral de comedias. Y muchas cosas más.</p>
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<p>Hay, en torno a la judería de Sevilla, historias de judíos, cristianos, disputas, conflictos, amores y desamores, traiciones y rendiciones. Es también uno de los barrios más hermosos de la ciudad andaluza, con sus callejones, sus plazas y su atronadora vida social. De noche, porque irremediablemente vuelvo a recorrerla cuando ya la noche ha caído, es <strong>de los colores mencionados (verde, naranja y blanco) y también del que proporciona la luna</strong>. Si el astro no se pierde <a href="/articulo/rutas-planes/ruta-iglesias-sevilla/20220324140000275216.html">Sevilla</a>, esta no iba a ser menos.</p>
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<!-- wp:heading -->
<h2>El color de la naturaleza y el color del hombre</h2>
<!-- /wp:heading -->

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<figure class="wp-block-image aligncenter size-full"><img src="/media/espanafascinante/images/2022/11/30/20221130163032417335.jpg" alt="Jardines del Alcázar de Sevilla" class="wp-image-417335"/><figcaption>Jardines del Alcázar de Sevilla. | Shutterstock</figcaption></figure>
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<p>El <a href="/articulo/obras-arte/reales-alcazares-de-sevilla/20201030132356273341.html">Real Alcázar de Sevilla</a> es <strong>del color del engaño, porque su exterior es de piedra sobria, serena, y su interior es una explosión de vida, de colores deslumbrantes</strong>. El Alcázar es del color del oro, del color del arte islámico, mudéjar y gótico. Es muy verde, porque cuando uno accede a sus jardines se topa con la imagen repentina de 2.000 árboles que lo invaden todo. Casi la mitad son naranjos. Por encima de estos destacan unas palmeras de gran tamaño que sirven de guía para los más despistados, que pueden llegar a perderse entre las calles de este lugar de más de 70.000 metros cuadrados.</p>
<!-- /wp:paragraph -->

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<p>340.000 tiene el parque de María Luisa, que es también verde y del color de un nuevo helado, en esa ocasión de limón. El astro sigue acosando a esa ciudad que no puede explicarse al margen de su presencia. <strong>Este parque es del color de las flores</strong>: el amarillo de las copas de las tipuanas, el blanco en las falsas acacias, el llamativo azul de las jacarandas. Es del color de la naturaleza.</p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:image {"align":"center","id":417338,"sizeSlug":"full","linkDestination":"none"} -->
<figure class="wp-block-image aligncenter size-full"><img src="/media/espanafascinante/images/2022/11/30/20221130163039417338.jpg" alt="Plaza de España" class="wp-image-417338"/><figcaption>Plaza de España. | Shutterstock</figcaption></figure>
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<p>La <a href="/articulo/que-ver/que-ver-en-plaza-de-espana-sevilla/20140421150733278973.html">plaza de España</a> es del color de la luz. Marrón cobre cuando se contempla aún en la distancia ese palacio que se curva ante los estanques, de todos los <strong>colores cuando uno se acerca a los azulejos que dan significado al lugar</strong>. Provincia por provincia, la cerámica es la protagonista, el buen hacer de quien trabajó en estas formas hoy muy fotografiadas, apreciadas. Otro símbolo de la ciudad.</p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:paragraph -->
<p>Cuando veo bailar flamenco, pienso que <strong>Sevilla es rojo pasión</strong>, rojo vestido.</p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:heading -->
<h2>El color especial de Sevilla</h2>
<!-- /wp:heading -->

<!-- wp:image {"align":"center","id":417337,"sizeSlug":"full","linkDestination":"none"} -->
<figure class="wp-block-image aligncenter size-full"><img src="/media/espanafascinante/images/2022/11/30/20221130163037417337.jpg" alt="Sevilla de todos los colores" class="wp-image-417337"/><figcaption>Sevilla de todos los colores. | Shutterstock</figcaption></figure>
<!-- /wp:image -->

<!-- wp:paragraph -->
<p>La <a href="/articulo/rincones-excepcionales/torre-del-oro-sevilla/20220710061500275418.html">torre del Oro</a> es dorada, claro, y el paseo junto al <a href="/articulo/momentos-clave/cuando-sevilla-tenia-dos-rios-guadalquivir-y-una-batalla-visigoda-los-desvio/20200904180055274111.html">Guadalquivir</a> del color que marque el cielo, porque sus aguas cambian dependiendo del día. En ese mes de mayo, cada día que me planto frente al río, es azul. Recorro otros muchos lugares de Sevilla durante ese viaje: <a href="/articulo/que-ver/que-ver-en-triana-sevilla/20140421150732271663.html">Triana</a> es del color del flamenco, el <a href="/articulo/rincones-excepcionales/el-palacio-de-las-duenas-el-museo-sevillano-donde-nacio-antonio-machado/20201019180035274272.html">palacio de las Dueñas</a> del color de un limonero y la basílica de la Macarena de una preciosa dualidad amarilla y blanca. No sé cuándo dejé de contar, pero hubo un momento en que lo supe. <strong>Que el color especial de Sevilla es esto: ser de muchos colores, ser constantemente color</strong>. El privilegio, y también el deber, del viajero es dejarse sorprender por todos ellos.</p>
<!-- /wp:paragraph -->]]></content:encoded>
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        <media:title><![CDATA[Viaje al auténtico color de Sevilla]]></media:title>
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        <media:description><![CDATA[]]></media:description>
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        </item>
                        <item>
  <title><![CDATA[Trevejo, el viejo corazón que sigue latiendo en la sierra de Gata]]></title>
      <category><![CDATA[Crónicas de viaje: en busca de lo auténtico]]></category>
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  <pubDate>Tue, 15 Nov 2022 16:57:00 +0100</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Judith Torquemada]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[ 
  En Trevejo, en la plaza del Corro, me recibe Mariví con una sonrisa . Pasan las dos de la tarde y le pido disculpas porque llego unos minutos después de lo acordado. Le explico que me ha sido inevitable detenerme en un par de miradores que he...]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<!-- wp:paragraph -->
<p><strong>En Trevejo, en la plaza del Corro, me recibe Mariví con una sonrisa</strong>. Pasan las dos de la tarde y le pido disculpas porque llego unos minutos después de lo acordado. Le explico que me ha sido inevitable detenerme en un par de miradores que he ido encontrando por el camino. Hay que ser muy bruto para no apreciar la belleza de la sierra de Gata.</p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:paragraph -->
<p>Ella lo sabe bien así que le resta importancia, coge una de las bolsas que llevo conmigo y abre el camino hacia Agua D Estrellas, la casa rural en la que me hospedaré durante mis días en Trevejo. Hay en Mariví la naturalidad de quien ha hecho eso mismo cientos de veces, así que a su lado uno se siente cómodo y seguro. En seguida entablamos conversación, mientras intento no detenerme en cada esquina de lo que en seguida reconozco como <strong>uno de esos lugares preciosos que se le quedan a uno en la retina</strong>.</p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:paragraph -->
<p>Mariví me cuenta que en Trevejo viven 12 personas. En Villamiel, la localidad que tienes que dejar atrás para ascender hasta allí, viven 400, incluida ella misma y su familia. Es una familia de ganaderos, como buena parte de la zona. "Habrás visto cabras por el camino", me dice. Se lo confirmo y entonces me cuenta uno de esos detalles que en un principio se pierden en el montón de estímulos que uno recibe al llegar nuevo a un lugar, pero que recupero más tarde, al final del viaje, casi como una revelación. Lo hago para acabar de comprender lo que es <strong>Trevejo, el viejo corazón que sigue latiendo</strong>, a pesar de todo, en la sierra de Gata.</p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:heading -->
<h2>Lugares por los que se lucha</h2>
<!-- /wp:heading -->

<!-- wp:image {"align":"center","id":416724,"sizeSlug":"full","linkDestination":"none"} -->
<figure class="wp-block-image aligncenter size-full"><img src="/media/espanafascinante/images/2022/11/15/20221115103112416724.jpg" alt="Trevejo puede apreciarse en la cima, en la distancia" class="wp-image-416724"/><figcaption>Trevejo puede apreciarse en la cima, en la distancia. | Foto: JT</figcaption></figure>
<!-- /wp:image -->

<!-- wp:paragraph -->
<p>Agua D Estrellas me espera con muchos detalles de esos que marcan la diferencia. Curioseando, una vez ya instalada, me encuentro unos prismáticos colgando ante una de las ventanas. Los tomo sin pensarlo demasiado, sin haber abordado todavía Trevejo más que en ese primer paseo con Mariví, que ya se ha marchado con su sonrisa y su amabilidad para dejarme a mis anchas. Los cojo y miro más allá, hacia el valle que se extiende bajo Trevejo. <strong>Veo muchos colores, alguna construcción, campos de cultivo, montañas y montañas</strong>.</p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:paragraph -->
<p>Quizá fuera la ausencia de otro núcleo de población en ese valle lo que me hizo tomar la decisión que tomo en ese momento, o quizá es que el embrujo de esa aldea me había atrapado ya, pero allí mismo, frente a la ventana, ya <strong>soy consciente de lo que va a ser el resto del viaje para mí</strong>.</p>
<!-- /wp:paragraph -->

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<figure class="wp-block-image aligncenter size-full"><img src="/media/espanafascinante/images/2022/11/15/20221115103110416723.jpg" alt="Calles de Trevejo, y el castillo al fondo" class="wp-image-416723"/><figcaption>Calles de Trevejo, y el castillo al fondo. | JT</figcaption></figure>
<!-- /wp:image -->

<!-- wp:paragraph -->
<p>En la sierra de Gata se esconden <a href="/articulo/rutas-planes/pueblos-mas-bonitos-caceres/20220315070024275194.html">pueblos</a> de los que he oído hablar mucho y bien. Robledillo de Gata, San Martín de Trevejo u Hoyos, del que me hablan en varias ocasiones a lo largo de los días siguientes. Pero decido, frente a ese valle que se extiende ante mí, que no visitaré ninguno de esos pueblos. <strong>Que esos días serán para Trevejo porque no quiero que sus calles se me terminen confundiendo con otras en la memoria</strong>, porque nos hemos acostumbrado demasiado a coleccionar lugares como si fueran solo chinchetas que clavar en el mapa y yo empiezo a estar cansada de viajar de esa manera. De ir con prisas, no de haber terminado de llegar y tener que marcharme porque espera el siguiente destino.</p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:paragraph -->
<p>Esos días mi destino es Trevejo y nada más. Porque <strong>ese viejo corazón de piedra que lleva siglos en pie merece algo más que dos paseos inquietos por sus calles</strong>. Merece que me aprenda cada esquina, cada casa, casi como una venganza contra aquellos a quienes no les ha importado que pueda caer en el olvido. Los lugares así no deberían caer en el olvido. Por los lugares así se lucha y si uno tiene la fortuna de llegar a ellos lo hace para quedarse tanto tiempo como sea posible.&nbsp;</p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:heading -->
<h2>Los colores del mundo</h2>
<!-- /wp:heading -->

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<figure class="wp-block-image aligncenter size-full"><img src="/media/espanafascinante/images/2022/11/15/20221115103102416719.jpg" alt="Iglesia de San Juan Bautista, con su espadaña, y Villamiel al fondo" class="wp-image-416719"/><figcaption>Iglesia de San Juan Bautista, con su espadaña, y Villamiel al fondo. | JT</figcaption></figure>
<!-- /wp:image -->

<!-- wp:paragraph -->
<p><strong>En la sierra de Gata uno ve todos los colores del mundo</strong>, especialmente en esa época mágica que es el <a href="/articulo/rutas-planes/viajes-octubre-espana-otono-inolvidable/20230915152500275518.html">otoño</a>. <a href="/articulo/que-ver/ver-en-caceres/20201121144551276531.html">Cáceres</a> es una provincia fascinante y no importa que recorras su norte, su sur, su oeste, su este, su capital o su corazón, pensarás esto mismo en todos sus rincones.</p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:paragraph -->
<p>El azul del cielo se tiñe de un blanco neblinoso en mi ascenso hasta Trevejo. El marrón de los árboles, de muchas tonalidades, solo queda vencido por los verdes casi omnipresentes en el paisaje. Verdes que se confunden unos con otros, que se apiñan y se intensifican al lado de otros colores, como el naranja de las hojas caídas o el gris de la piedra, porque Trevejo y sus alrededores es un lugar hecho de piedra. Montañas de piedra con la que se confunde el mismo <strong>castillo de Trevejo, que a cierta distancia y desde ciertas perspectivas parece pertenecer a la montaña misma, ser la montaña misma</strong>. Ser parte de sus formas y no un producto de la decisión de nadie.</p>
<!-- /wp:paragraph -->

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<figure class="wp-block-image aligncenter size-full"><img src="/media/espanafascinante/images/2022/11/15/20221115103106416721.jpg" alt="Atardecer junto al castillo de Trevejo" class="wp-image-416721"/><figcaption>Atardecer junto al castillo de Trevejo. | JT</figcaption></figure>
<!-- /wp:image -->

<!-- wp:paragraph -->
<p>Si me faltaba algún color por ver en esa primera tarde en Trevejo me lo da el atardecer desde esa construcción, hoy en ruinas. Al fondo, tras las montañas, el sol desciende en el cielo y las sombras lo van cubriendo todo: la iglesia de San Juan Bautista y su espadaña, las tumbas excavadas en la roca, Villamiel, Trevejo y sus colores de piedra, y sus tejados color teja. El verde cambia y adquiere una nueva tonalidad no vista hasta entonces. <strong>Ese lugar parece conocer todos los colores y acaso todos los secretos del mundo</strong>. No en vano es exactamente de donde venimos y sin duda debería ser el lugar al que volvamos, tal vez un día que seamos mucho más inteligentes y conscientes de lo que somos ahora.</p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:heading -->
<h2>Trevejo, el corazón centenario de la sierra de Gata</h2>
<!-- /wp:heading -->

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<figure class="wp-block-image aligncenter size-full"><img src="/media/espanafascinante/images/2022/11/15/20221115103114416725.jpg" alt="Trevejo y el valle que se extiende bajo la aldea" class="wp-image-416725"/><figcaption>Vistas al valle que se extiende bajo la aldea. | JT</figcaption></figure>
<!-- /wp:image -->

<!-- wp:paragraph -->
<p><strong>Trevejo es el pueblo más viejo de la sierra de Gata</strong>. El origen primigenio de su castillo, símbolo de la aldea, hay que ir a buscarlo al siglo XII. Fueron los musulmanes quienes alzaron una primera construcción en lo alto de este monte que se alza ante el valle. Posteriormente los cristianos le dieron una nueva forma y los franceses se encargaron, años más tarde, de tirarlo abajo, ya durante la <a href="/articulo/anecdotas/el-primer-muerto-de-la-guerra-de-la-independencia/20180702095310272541.html">guerra de la Independencia</a>. Antes, a finales del siglo XV, fue tomado por el bandolero Fernán Centeno, porque esta fue tierra de <a href="/series/bandoleros-espana-historia">bandoleros</a>, tierra dada a las leyendas y los cuentos. Tierra también histórica.</p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:paragraph -->
<p>Tierra de gatos, pienso andando sus <a href="/articulo/rincones-excepcionales/mapa-calles-mas-bonitas-espana/20221125122022274587.html">calles</a>, que son calles empinadas, de piedra y flores. <strong>Hay más gatos que personas, reflexiono tristemente</strong>. Recuerdo a Denis Escudero hablando de Trevejo y otros pueblos en ese fantástico trabajo que es<em> La España que abandonamos</em>. Hablando de la tristeza de muchas personas que tuvieron que dejar sus localidades de origen o de felicidad porque no había presente y mucho menos futuro. Ese libro habla bien de los lugares por los que se lucha, aunque la lucha en ocasiones no sea suficiente.</p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:image {"align":"center","id":416720,"sizeSlug":"full","linkDestination":"none"} -->
<figure class="wp-block-image aligncenter size-full"><img src="/media/espanafascinante/images/2022/11/15/20221115103104416720.jpg" alt="Castillo de Trevejo" class="wp-image-416720"/><figcaption>Castillo de Trevejo. | Shutterstock</figcaption></figure>
<!-- /wp:image -->

<!-- wp:paragraph -->
<p>La despoblación es un drama, pienso entonces. Son cientos los que querrían poder vivir aquí, en sus pueblos, porque aquí se tiene que vivir bien. Aquí se respira aire puro, <a href="/articulo/rutas-planes/miradores-celestes-extremadura/20200417101722273738.html">se ven las estrellas</a> y crecen raíces tan fuertes como la piedra. Al pensar en aquello recupero ese detalle compartido por Mariví en el primer contacto: Fausta, una vecina de Trevejo, sigue acudiendo cada día a ordeñar a sus cabras. Subiendo esas cuestas empinadas a sus 92 años, en su pueblo de piedra. <strong>Ella y todos los vecinos de Trevejo son el corazón de la sierra de Gata</strong> y ese corazón no debería dejar de bombear nunca o morirá el mundo y sus colores.</p>
<!-- /wp:paragraph -->

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<figure class="wp-block-image size-full"><img src="/media/espanafascinante/images/2022/11/15/20221115103122416729.jpg" alt="Busto dedicado a Chon, quien fuera alcadesa de Trevejo en el siglo XX" class="wp-image-416729"/><figcaption>Busto dedicado a Chon, quien fuera alcadesa entregada de Trevejo en el siglo XX. | JT</figcaption></figure>
<!-- /wp:image -->

<!-- wp:paragraph -->
<p>En ese último paseo cuento nueve gatos a la puerta del Agua D Estrellas. Me miran todos, no se mueve ninguno. Trevejo está lo suficientemente iluminado para caminar sin dificultad, pero la luz no rompe nunca el hechizo de la noche. Una especie de niebla se extiende por las calles. Parece otra vez un cuento, pero no es más que <strong>un pueblo terriblemente bello que sabe lo que es y no ha querido ser otra cosa</strong>. Solo escucho mis pasos. Hay lugares en los que se reaprende lo que es el silencio. Uno no se da cuenta de cuánto vale o incluso de lo que significa si vive lejos de lugares así.</p>
<!-- /wp:paragraph -->

<!-- wp:paragraph -->
<p>Y hay lugares, como leí en Agua D Estrellas, en los que has estado dos veces. Cuando lo sueñas y cuando finalmente lo visitas. <strong>Trevejo es un sueño, solo que no lo es</strong>. Es real y uno solo puede esperar tener la fortuna de llegar a él y, si la suerte está de tu lado, tal vez de volverlo a visitar. Esperando que haya los mismos gatos y quizá, ojalá, más personas que hayan podido regresar después de haberse marchado sin realmente querer hacerlo.</p>
<!-- /wp:paragraph -->]]></content:encoded>
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        <media:title><![CDATA[Trevejo, el viejo corazón que sigue latiendo en la sierra de Gata]]></media:title>
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        <media:description><![CDATA[]]></media:description>
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        </item>
                        <item>
  <title><![CDATA[En busca del silencio en el corazón de Asturias]]></title>
      <category><![CDATA[Crónicas de viaje: en busca de lo auténtico]]></category>
    <link>https://www.espanafascinante.com/articulo/cronicas-viaje-busca-autentico/viaje-corazon-asturias/20221031110000275571.html</link>
  <comments>https://www.espanafascinante.com/articulo/cronicas-viaje-busca-autentico/viaje-corazon-asturias/20221031110000275571.html#comentarios-275571</comments>
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  <pubDate>Mon, 31 Oct 2022 11:00:00 +0100</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Judith Torquemada]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[ 
 Esperaba verde antes de ir a  Asturias . Esperaba naturaleza y silencio. Sentirme trascendente e intrascendente al mismo tiempo, de esa manera en la que uno se siente ante la naturaleza o ante la historia. Ambas cosas se encuentran en el...]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<!-- wp:paragraph -->
<p>Esperaba verde antes de ir a <a href="/articulo/rutas-planes/9-pueblos-de-montana-de-asturias-que-no-te-puedes-perder/20210428073005274573.html">Asturias</a>. Esperaba naturaleza y silencio. Sentirme trascendente e intrascendente al mismo tiempo, de esa manera en la que uno se siente ante la naturaleza o ante la historia. Ambas cosas se encuentran en el corazón de <strong>una tierra a la que de momento nadie ha querido ni podido arrebatar el título</strong> <strong>de paraíso</strong>. Asturias es una maravilla que esperaba pasear con tranquilidad, pisando las hojas caídas, empapándome del verde sin prisa.</p>
<!-- /wp:paragraph --><!-- wp:paragraph -->

<p>En <a href="/series/coleccion-siente-madrid/">Madrid</a> uno no se suele empapar de nada bueno cuando camina, porque solo hay prisa y el objetivo de llegar. <strong>Esa es para mí la primera diferencia entre estar viajando o estar en la rutina: la manera de caminar</strong>. Sé que estoy de viaje cuando me siento andando diferente, cuando dejo de correr. Me muevo a la misma velocidad que si arrastrase los pies, pero voy flotando, pendiente de cada hoja que piso y no piso.</p>
<!-- /wp:paragraph --><!-- wp:paragraph -->

<p>Esos días iba a flotar sobre el corazón de <a href="/articulo/rutas-planes/mejores-rutas-senderismo-asturias/20240618115641273777.html">Asturias</a>. <strong>Quería escuchar su latido y asistir al bombeo de esa sangre verde que riega toda la tierra</strong>.</p>
<!-- /wp:paragraph --><!-- wp:heading -->

<h2>Trascendencia e intrascendencia en Corao</h2>
<!-- /wp:heading --><!-- wp:paragraph -->

<p><strong>En Corao no todo es verde, pero me vale de igual modo</strong>. Elijo este lugar como base de operaciones para mi viaje porque está tan cerca de ese corazón como se puede estar y porque me atrae la idea de estar en un llano antes de ascender al cielo.</p>
<!-- /wp:paragraph --><!-- wp:paragraph -->

<p>En esta aldea asturiana, perteneciente al municipio de <a href="/articulo/que-ver/que-ver-en-cangas-de-onis/20201121141304272115.html">Cangas de Onís</a>, destaca el color de sus viviendas: son blancas, amarillas, rojas y azules. Me fijo también en el marrón: troncos de leña, el típico hórreo norteño, las vacas ocres que pastan con serenidad en los alrededores del pueblo. La calzada es gris y nada más, no hay líneas que seguir ni tampoco apenas vehículos. <strong>Eso no significa que en Corao no haya vida</strong>. Descubro, antes de llegar, que cada 26 de mayo se celebra una de las mayores ferias de ganadería del norte de España y la más importante de Asturias. De importancia comercial, pero también cultural, pues se celebra desde hace siglos y las apasionadas negociaciones entre unos y otros se han convertido en un arte que observar desde fuera.</p>
<!-- /wp:paragraph --><!-- wp:paragraph -->

<p>Pero no estamos en mayo, así que <strong>el silencio solo se interrumpe de tanto en tanto y se adivina aún más grande en las montañas que cortan de forma abrupta el horizonte</strong>. La promesa de una entrada a los <a href="/articulo/naturaleza/picos-de-europa-asturias/20140820084216271889.html">Picos de Europa</a> es tentadora incluso aquella tarde, con el crepúsculo ya sobre Corao. Pero me mantengo en la aldea y disfruto de las margaritas que inundan un campo verde, salvaje, sin mancillar. Siento el ardor propio de un encontronazo con una ortiga y me asomo al río Güeña, una de las dos corrientes de agua que rodean, o deben rodear, el pueblo.</p>
<!-- /wp:paragraph --><!-- wp:paragraph -->

<p>Había leído, antes de emprender el viaje, que <strong>los alrededores de Corao resguardan un tejo de mil años de vida</strong>. Es uno de los árboles más místicos que hay, antiguamente sagrado para los celtas y para numerosas civilizaciones que se aprovecharon de la fortaleza de su madera para la construcción de primitivas armas. Acercarse a su sombra, en Corao, significa también acercarse a la intrascendencia del ser. Ese árbol lleva mil años en pie. Yo apenas he cumplido 30. Cualquier ser humano, a su lado, significa nada, y al mismo tiempo, por el valor de lo perecedero, lo significa todo. Todavía hay silencio cuando marcho a dormir.</p>
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<h2>Covadonga, el corazón de Asturias</h2>
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<figure class="wp-block-image aligncenter size-full"><img alt="Cueva de Covadonga" class="wp-image-411138" src="/media/espanafascinante/images/2022/04/13/20220413144843411138.jpg" />
<figcaption>Cueva de Covadonga. | Shutterstock</figcaption>
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<p>Al santuario de Covadonga se llega por una carretera sinuosa, el preámbulo de lo que vendrá después si uno continúa adentrándose en el parque nacional de los Picos de Europa. Me fijo en las formas de la montaña, que parece abalanzarse sobre la carretera. Paredes de roca por las que discurre agua, el primer detalle en el que reparé en mi primer viaje al norte. No he dejado de admirarlo desde entonces, <strong>tan simple y tan significativo como es</strong>. En lugares así la naturaleza encuentra mil formas de manar.</p>
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<p>Es difícil sentirse sola en <a href="/articulo/que-ver/que-ver-covadonga-gran-santuario-asturias/20230529154513272033.html">Covadonga</a>. Por su valor histórico, cultural, religioso y paisajístico, Covadonga es un espacio en el que siempre parecen sobrar personas. No tiene ya ese aire de rincón aislado que seguramente tuvo antaño, cuando la peregrinación era más compleja que tomar un <a href="/articulo/rutas-planes/rutas-coche-moto-perfectas-espana/20221006131002275533.html">vehículo</a> y seguir esa carretera que interrumpe la montaña. Salvo en rincones y momentos muy concretos, no encuentro el silencio que busco en este viaje, aunque es cierto que <strong>cuando por fin llega adquiere el significado de lo sagrado</strong>. Y es, con peregrinos o sin ellos, con viajeros o sin ellos, un lugar auténtico, bello e impresionante.</p>
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<p>Auténtico porque <strong>el corazón de Asturias descansa y late allí</strong>. La Santa Cueva alberga la imagen de la Virgen. Incrustada en la pared, el silencio reina por el respeto que ofrecen las decenas de personas que cada día acuden a prender una vela, detenerse ante la imagen de <a href="/articulo/fiestas-espana/fiesta-de-la-santina/20140421143024272522.html">La Santina</a> o simplemente, como es el caso, descubrir y entender. Porque allí nace lo que llaman el alma de toda una región, que tiene otro de sus símbolos en la escultura del rey don <a href="/articulo/momentos-clave/covadonga-inicio-de-la-reconquista/20140421125349273917.html">Pelayo</a>, guardián de la explanada que da paso a la basílica.</p>
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<figure class="wp-block-image aligncenter size-full"><img alt="La basílica de Santa María la Real de Covadonga se encuentra en un entorno único" class="wp-image-411137" src="/media/espanafascinante/images/2022/04/13/20220413144840411137.jpg" />
<figcaption>La basílica de Santa María la Real de Covadonga se encuentra en un entorno único. | Shutterstock</figcaption>
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<p>Este lugar es bello, bellísimo, con decenas de verdes dominando el paisaje y los picos de la basílica colándose entre las ramas de los árboles, asomándose en la distancia. Es impresionante, por todo lo anterior. <strong>Lo que más asombra a esta peregrina y viajera es la basílica, su tamaño, su color y su ubicación</strong>. Me detengo a observarla durante lo que me parece una eternidad y un instante. De nuevo con esa dualidad que tienen las cosas difíciles de medir y abrumadoras de sentir.</p>
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<p>Este esbelto templo, proyectado por el valenciano Federico Aparici, es uno de los mejores ejemplos neorrománicos de la península. No hay que entender de arte para disfrutar de ello, para llegar, incluso, a conmoverse. No sé cuándo despierto de la ensoñación y me animo a visitar su interior. Dentro se pide silencio, así que también lo encuentro. Su nave principal es alargada y alta y por ello la sensación de inmensidad no se borra. Más bien al contrario: se acentúa. La iluminación es escasa. <strong>El aura sagrado se recupera allí</strong>.</p>
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<p>Tampoco sé en qué momento, si ha pasado un instante o una hora, estoy atravesando de nuevo sus puertas para asomarme al precipicio, pero sé que <strong>miro hacia el horizonte y solo hay verde</strong>. Me lanzo de cabeza a explorarlo.</p>
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<h2>La inmensidad de la montaña</h2>
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<figure class="wp-block-image aligncenter size-full"><img alt="Bello paisaje del lago Ercina en Covadonga" class="wp-image-332396" src="/media/espanafascinante/images/2020/10/14/20201014115628332396.jpg" />
<figcaption>Bello paisaje del lago Ercina en Covadonga. | Shutterstock</figcaption>
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<p>Covadonga es un santuario y es también la entrada a los Picos de Europa. Este nombre proyecta en ocasiones algo demasiado general como para que tenga un efecto real en quien lo escucha, pero vivirlo es otra cosa porque no descubres los Picos de Europa, como concepto, de una sentada, sino que te adentras en uno de sus espacios concretos. Desde Covadonga, una todavía más sinuosa carretera conduce a los lagos del mismo nombre, situados a 1134 metros de altitud. <strong>Eso sí tiene un efecto real</strong>.</p>
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<p>A medida que se asciende pierde uno cobertura y gana, como suele decirse, años de vida, porque el aire que se respira allá arriba en la montaña es otro tipo de aire. Y los paseos son otro tipo de paseos. Vas flotando y lo observas todo y te detienes a admirar casi cada brizna de hierba. Te sientes pequeño, porque todo es muy grande, y también grande, porque <strong>de qué otra manera si no es perteneciendo a todo aquello puede estar uno allí</strong>, en lo que se siente como la cima del mundo. No lo es. Hacia el suroeste, Torre Cerredo, con sus 2650 metros de altitud, se ríe de cualquiera de los picos que rodean a los lagos. Pero no importa la teoría, ni los hechos, ni las cifras cuando uno se siente como se siente. Y allá arriba uno se siente en la cima del mundo.</p>
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<figure class="wp-block-image aligncenter size-full"><img alt="Lago Enol Covadonga" class="wp-image-332394" src="/media/espanafascinante/images/2020/10/14/20201014115623332394.jpg" />
<figcaption>Lago Enol. | Shutterstock</figcaption>
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<p>Los <a href="/articulo/rincones-excepcionales/lagos-covadonga-asturias-naturaleza/20201015060046274266.html">lagos de Covadonga</a> son los tres de origen glaciar. Del más pequeño de ellos, el lago Bricial, solo puede disfrutarse en época de deshielo o de lluvias intensas, así que de él solo obtengo una promesa de regreso. Imagino cómo debe ser ese espacio cuando la nieve lo cubre todo, pero al final <strong>me quedo con la imagen que tengo y nada más</strong>. Me siento en una colina frente al lago Enol, después de una jornada de senderismo y de dar buena cuenta de la gastronomía asturiana. Aunque suene extraño en boca de una peregrina viajera, el sentido del gusto siempre ha quedado relegado a todos los demás, pero a este paraíso no le digo que no a nada, así que como hasta sentirme llena. También plena. Hay gente alrededor, pero el silencio general vuelve a ser conmovedor.</p>
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<p>Lo mejor que uno puede hacer al partir de viaje es abandonar toda expectativa, dejar que los cinco sentidos tomen el mando y no pensar demasiado. Se evitan decepciones, gana uno en sorpresas. Pero en ocasiones también pasa que vas buscando algo que terminas encontrando. Como si <a href="/articulo/rincones-excepcionales/rincones-de-asturias/20200313125432273674.html">Asturias</a> fuera una tierra de seguridad y promesas que se cumplen, me ofrece el verde y el silencio deseado. También su historia y su corazón. Tierra, patria para muchos, querida.</p>
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