Entre el río Nalón y el Cantábrico: el pequeño pueblo asturiano considerado la 'capital angulera de España'
Se asoma a una ría que guarda un tesoro tan esquivo como apreciado. Es un pueblo asturiano de profunda tradición marinera que vive al compás de las mareas y del calendario, que defiende con orgullo las labores pesqueras de siempre y ha conquistado a los paladares más refinados.
San Juan de la Arena, un pueblo entre dos aguas
La calma del río Nalón y la bravura del Cantábrico han moldeado la identidad de San Juan de la Arena. Este pueblo del concejo de Soto del Barco es un lugar tranquilo, de fachadas coloridas y ambiente acogedor. Posee una belleza discreta, pero tan especial, que cautivó a Joaquín Sorolla y Rubén Darío.
En sus aguas se esconde el célebre ‘oro blanco del río Nalón’. Este diminuto manjar, una joya para la gastronomía más exquisita, ha dado fama a su lonja. De hecho, la primera subasta de la temporada de angulas es todo un acontecimiento en el que las pujas alcanzan precios astronómicos.
La ‘capital angulera de España’
Cada vez más escasas y apreciadas, las angulas se pescan en San Juan de la Arena igual que antaño. Entre noviembre y marzo, cuando cae la noche y la ría se sumerge en el silencio, los barcos la recorren palmo a palmo, lentamente. Es una danza serena y delicada en la que se arrastran cedazos con la esperanza de una buena captura.
Pese a las dificultades y una estricta regulación, este sigue siendo uno de los mayores centros anguleros de España. Aquí la tradición no solo se protege con coraje, también se celebra por todo lo alto con un festival gastronómico, que es la excusa perfecta para rendirse a un capricho que siempre dejará buen sabor de boca.
El río Nalón, un escenario privilegiado
En el Bajo Nalón, la naturaleza ha sido especialmente generosa. El río serpentea entre colinas, fértiles vegas y bosques de ribera. Y allí donde cede ante el ímpetu del Cantábrico, a los pies de San Juan de la Arena, surgen imponentes acantilados y playas increíbles.
La más singular es la de Los Quebrantos, con su arena oscura, teñida por los sedimentos de carbón que arrastra el río Nalón. Es una playa donde reinan el viento y las olas, un pequeño paraíso para los amantes del surf.
Caminos para saborear sin prisas
Tierra adentro, una red de senderos dibuja una tela de araña. Conducen a miradores que regalan vistas soberbias de la costa y del tramo final del río Nalón, especialmente al atardecer, cuando el horizonte se viste de colores casi irreales. Son los paisajes que desde hace siglos acompañan a los peregrinos del Camino del Norte rumbo a Santiago.
San Juan de la Arena condensa así la esencia de la Asturias más tradicional y auténtica. Es un pueblo profundamente ligado a su entorno y a sus tradiciones, un rincón que se disfruta sin prisas y se saborea con auténtico deleite.
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