Los pueblos más bonitos cerca del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido
Este parque esconde todo tipo de maravillas en sus más de 15 000 hectáreas, pero sus alrededores también merecen una visita. Allí se esconden pueblos preciosos.
Este parque esconde todo tipo de maravillas en sus más de 15 000 hectáreas, pero sus alrededores también merecen una visita. Allí se esconden pueblos preciosos.
Para conocer la verdadera belleza hay que visitar el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, tesoro natural que ocupa más de 15 000 hectáreas del Pirineo oscense. Debido a la variedad de especies que la habitan y las preciosas estampas que ofrece, se le han otorgado varias distinciones, como la de Reserva de la Biosfera y Patrimonio de la Humanidad, pero no hay que olvidar sus alrededores, repletos de pequeños pueblos de montaña que parecen suspendidos en el tiempo y que suelen pasar desapercibidos.
Pueblos cerca del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido que merecen una visita
Oto
El aire puro de los Pirineos y el susurro de la cercana cascada del Sorrosal invaden el precioso Oto, un pequeño pueblo en el que tan solo vivían 82 personas en 2023. Esculpido en piedra por la calma de la montaña, Oto ofrece postales muy pintorescas, y es común ver a turistas que deciden explorarlo en excursiones que no llevarán demasiado tiempo.
Boltaña
No es de extrañar que los romanos y las civilizaciones que vendrían después escogieran Boltaña para asentarse. Este pueblo goza de una posición privilegiada desde donde se disfrutan panorámicas de un entorno arrebatador, siempre bajo la atenta mirada de los restos de su castillo, construido en el siglo IX.
También es imprescindible la visita a la colegiata de San Pedro, una impresionante iglesia de tres naves cuyos muros cuentan historias bíblicas. Aunque el edificio data del siglo XVI, tuvo que ser reconstruido tras la Guerra Civil, y es posible encontrar elementos que originalmente pertenecieron a iglesias vecinas, como el coro o la pila bautismal.
Aínsa
El pueblo de Aínsa se despliega allí donde convergen los ríos Ara y Cinca. Callejuelas empinadas y una plaza con mucho encanto protagonizan un casco histórico que ha sido declarado Conjunto Histórico-Artístico.
Una sucesión de casitas de piedra pinta las calles de Aínsa de sobriedad y espíritu de montaña. No hay que olvidar su iglesia de Santa María, donde nace la torre que protagoniza todas las postales del pueblo.
Puyarruego
A la sombra del macizo de Monte Perdido, cerca de la Garganta de Escuaín, se asienta Puyarruego. Rodeado por el río Bellós y sus pozas paradisíacas, es perfecto para amantes de la naturaleza que buscan darse un chapuzón en un entorno encantador. Ya en el pasado, estas zonas de baño atraían a personas de toda la comarca, pues se decía que sus aguas poseían propiedades curativas.
Sarvisé
En las proximidades del río Ara, se encuentra esta pequeña población coronada por los tejados de pizarra que caracterizan esta zona. También es típico el color oscuro de la arquitectura de Sarvisé, que contrasta con el verdor de la vegetación circundante. Algunas de las opciones más populares entre los turistas que visitan Sarvisé son las rutas de senderismo y las excursiones a caballo.
Sarvisé tuvo que reconstruirse tras la Guerra Civil, cuando fue completamente destruido. Sus hogares, su iglesia y otro edificio destacado, la casa del marqués de Sarvisé, quedaron en ruinas. Posteriormente, el pueblo se reconstruyó y resurgió de sus cenizas cual ave fénix.


