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A 1061 metros sobre el nivel del mar: el pueblo de cuento cruzado por un río en el Pirineo catalán

Situada en el corazón del Pirineo catalán, esta localidad constituye un balcón natural con preciosas vistas a los valles de la Cerdanya.
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Situada en el corazón del Pirineo catalán, esta localidad constituye un balcón natural con preciosas vistas a los valles de la Cerdanya.

En medio del valle de la Cerdanya, concretamente en la atalaya natural que lo domina, se ubica uno de los pueblos más bonitos de Lleida. Se trata de Bellver de Cerdanya, un municipio de casas de piedra y tejados de pizarra a dos aguas que parece sacado de un cuento. Su silueta, coronada por un campanario románico, se recorta contra el telón de fondo que conforman las montañas. Un paisaje de postal con olor a bosque, pasto y leña.

Bellver de Cerdanya se sitúa a 160 kilómetros de la capital de provincia y a tan solo 17 de otros núcleos de población importantes, como Puigcerdà. En su caso, es uno de los pueblos de mayores dimensiones de la comarca. Su relieve se extiende desde cumbres norteñas como el Tossal de l’Amorriador, hasta sierras del sur del Pirineo, como la del Cadí. En medio, se encuentra el valle alto del río Segre y el núcleo de la población, con un casco histórico medieval cargado de historia que vive al ritmo de las distintas estaciones del año.

Qué hacer en Bellver de Cerdanya

Bellver de Cerdanya, a 1061 metros sobre el nivel del mar, es uno de esos pueblos que mezclan lo humano y lo natural. Allí se convive con la montaña, y es en torno a ella que giran muchas de las actividades a realizar.

Descubrir el casco histórico

Bellver de Cerdanya
Iglesia de Sant Jaume en Bellver de Cerdanya, con el Pirineo al fondo. | Shutterstock

Antes de salir a explorar la naturaleza, conviene recorrer las calles empedradas de Bellver de Cerdanya. Estrechas, con portales de piedra y plazas silenciosas, conservan todavía hoy su trazado medieval. No siguen ningún patrón. Se retuercen, suben y bajan libremente, como el río Segre, que atraviesa el municipio, lo hace por las montañas. Caminar por ellas es como hacer un viaje en el tiempo. Tranquilo, calmado, como ocurre solo en aquellos pueblos que han sabido conservar su encanto de antaño. 

La iglesia de Sant Jaume preside la localidad, y desde ese punto se obtienen unas vistas fantásticas de los alrededores. Paisajes verdes en primavera y verano que se convierten en tierras y ocres cuando llega el otoño y se tiñen de blanco para terminar el año. Una estampa que parece pintada a mano y que invita a sentarse y observar.

Explorar la ruta del románico entre ermitas y miradores

Bellver de Cerdanya
Panóramica de Bellver de Cerdanya sobre la roca. | Shutterstock

Bellver de Cerdanya es el punto de partida ideal para salir a visitar las ermitas y los miradores de los alrededores. Entre bosques y prados, se levantan algunas tan coquetas como Santa Eugènia de Nerellà, Sant Julià de Pedra o Santa Maria de Talló. Durante el trayecto, es posible detenerse en algunos miradores de carretera que regalan panorámicas preciosas de los Pirineos.

No obstante, no es necesario salir del núcleo urbano de Bellver de Cerdanya para disfrutar de grandes vistas. La plaza Abat Oliba y la zona en la que se encontraba el antiguo castillo, pasado el Portal de Baridà, son grandes ejemplos de ello.

Saborear la tierra

Vista de los Pirineos desde Bellver de Cerdanya
Vista de los Pirineos desde Bellver de Cerdanya. | Shutterstock

La gastronomía en Bellver de Cerdanya es sencilla y sincera, como su entorno. Carnes a la brasa, setas de temporada, quesos artesanos o platos calientes como la escudella son algunos de sus grandes tesoros culinarios. La experiencia es todavía más rica si se come en una terraza con vistas al valle.

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