Declarado Patrimonio de la Humanidad: el mayor palmeral de Europa está en España y es de origen andalusí
Una inmensa alfombra verde se extiende hasta donde la vista alcanza. Casi como ese mar Mediterráneo que no está lejos, aunque su movimiento no sea el de las olas, sino el de grandes hojas que susurran mecidas por el viento. Es el palmeral más grande de Europa, un vergel que representa una de las huellas más evocadoras del legado andalusí en España.
El palmeral más grande de Europa: un lugar fascinante
«El mayor y más hermoso de Europa, el más paradisíaco de España». Así lo describió Hans Christian Andersen en su Viaje por España, y así sigue siendo más de 150 años después, ya reconocido como Patrimonio de la Humanidad.
El Palmeral de Elche es un bosque infinito de palmeras que no solo abraza, sino que se funde con la ciudad desde que esta tiene memoria. A cada paso, allí donde se pose la mirada, se descubre un rincón que parece recrear escenarios tan exóticos como lejanos.
Huertos y palmeras con nombre propio
El corazón de este paisaje singular lo componen cerca de un centenar de antiguos huertos. Ese legado de la ingeniería agrícola árabe es el que hace que Elche sea lo más parecido a un inmenso jardín urbano.
Algunos de esos huertos se han transformado en jardines históricos para el deleite de quien decida perderse sin prisas por ellos. Son maravillas como el Huerto del Cura, el de San Plácido o el del Chocolatero, pequeños oasis ajenos al bullicio de las calles que los rodean.
En el paseo, aquí y allá, se descubren ejemplares de porte tan soberbio que han merecido tener nombre propio. Son, entre otros, la Palmera de don Diego, el Tridente, la Palmera Tirachinas o la Imperial, que con sus siete brazos impresionó a la mismísima emperatriz Sissi.
Un valor que va más allá de lo paisajístico
El Palmeral de Elche no es fruto del capricho ni del deseo de crear un oasis para el recreo de antiguos mandatarios. Los árabes le dieron forma por la necesidad de aprovechar para la agricultura unas aguas escasas y salinas.
Esas palmeras que rodeaban los huertos son parte esencial de una ingeniosa técnica agrícola. No solo mejoraban la eficiencia del regadío, también proporcionaban sombra a los cultivos, ayudaban a crear un microclima y daban un fruto tan delicioso como apreciado por los árabes: los dátiles.
Esos huertos que han desafiado al paso del tiempo y a los cambios en las labores agrícolas son los que dan vida a un paisaje singular y valioso, pero también delicado en extremo. Es una postal pintada por más de 200 000 palmeras, el mayor palmeral de Europa y uno de los más grandes del mundo.
Esas palmeras que tapizan el horizonte cobran especial protagonismo en Semana Santa. Son sus hojas las que se transforman en las palmas blancas que adornan el Domingo de Ramos en Elche. Crearlas es un proceso complejo que comienza en verano. Se realiza de la manera más puramente artesanal y viste una liturgia que es Fiesta de Interés Turístico Internacional. Otro motivo más, entre muchos otros, para visitar esta ciudad alicantina.
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