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Declarados Patrimonio de la Humanidad: los dólmenes milenarios que la Unesco define como «un ejemplo simpar del arte megalítico europeo»

Este monumento funerario construido por los primeros pobladores de Andalucía es uno de los máximos exponentes del arte prehistórico europeo y mundial.
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Este monumento funerario construido por los primeros pobladores de Andalucía es uno de los máximos exponentes del arte prehistórico europeo y mundial.

Todo el que ha viajado por el sur, en coche o en tren, ha pasado por Antequera. Esta ciudad situada en el corazón de Andalucía, cruce de caminos entre provincias, alberga un lugar mágico, casi sagrado.

La fascinante combinación de tres monumentos megalíticos y dos monumentos naturales ha conseguido su declaración conjunta como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, que la convierte en una de las muestras de arquitectura prehistórica más importantes y mejor conservadas de Europa.

Cruce de caminos y dimensiones

Antequera
Fortaleza de Antequera con la Peña de los Enamorados de fondo. | Shutterstock

No es posible visitar el Sitio de los Dólmenes de Antequera, una de las joyas naturales desconocidas de la provincia de Málaga, sin trascender los límites espaciales y asumir que, necesariamente, el viaje será también a través del tiempo.

La exquisita conservación de los tres dólmenes que conforman este conjunto megalítico, que permite pasear por su interior para trasladarnos a la prehistoria, se combinan con lo simbólico de su orientación y lo mágico de su entorno para imbuirse de una espiritualidad que conecta al visitante con la naturaleza y con sus ancestros.

Un viaje a la prehistoria

Dolmen de Menga
Entrada al Dolmen de Menga en el conjunto megalítico de Antequera. | Dreamstime

Comienza este viaje en el Neolítico, periodo del que datan los dos dólmenes del conjunto: el Dolmen de Menga, el más grande de Europa y el único que contiene pilares en su interior; y el Dolmen de Viera, llamado así en honor a los hermanos antequeranos que lo descubrieron.

Sus enormes bloques de piedra conforman cámaras forradas de gigantescas losas que no tienen parangón en la arquitectura funeraria y ritual a nivel mundial. De un salto, nos traslada a la Edad de Bronce, de la que data el tholos o cámara funeraria de El Romeral, de doble altura y rematado por una bóveda perfecta.

Una conexión espiritual con el entorno

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Interior del tholos o cámara funeraria de El Romeral. | Dreamstime

Los dólmenes de Antequera no solamente destacan por su tamaño y su impresionante espacio interior. Su singular orientación, estrechamente vinculada a su entorno, hace de estas tumbas megalíticas una rareza sobrecogedora. El Romeral es uno de los pocos casos de monumento funerario orientado hacia la mitad occidental del cielo.

Sin duda, lo hace para mirar al Torcal de Antequera, un fascinante paraje natural plagado de rocas que forman peculiares figuras fruto de la erosión. El Dolmen de Viera, madrugador, mira hacia el amanecer del sol en los equinoccios. Por último, el Dolmen de Menga se orienta hacia una montaña antropomórfica: la Peña de los Enamorados.

Cuenta la leyenda...

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Vista de la Peña de los Enamorados desde el Dolmen de Menga. | Dreamstime

Termina el viaje en la Edad Media, cuando Tello, caballero cristiano, se enamora de Tagzona, hija de un rey musulmán. Juntos viven un amor prohibido al que pone fin el furioso padre de la joven, que envía un ejército para perseguir a la pareja. Acorralados, huyen a la cima de la peña, desde donde se lanzan cogidos de la mano.

Así nació la Peña de los Enamorados, también conocida como 'El Indio', por su peculiar forma. Símbolo de Antequera, esta bella y enorme peña, visible desde todas las vías y carreteras, atrae inevitablemente la mirada de propios y extraños. Incluso la del Dolmen de Menga.

El Sitio de los Dólmenes de Antequera es, sin duda, un tesoro natural de extraordinario valor y uno de los principales ejemplos del impresionante patrimonio natural de la provincia de Málaga, injustamente eclipsado por la fama de sus playas, y que merece la pena explorar en todo su esplendor.