Las 7 maravillas de Ronda que hay que ver al menos una vez en la vida
Enclavada en la serranía de Málaga, de un blanco que deslumbra, se alza siempre airosa la ciudad de Ronda. A la belleza de sus calles, herencia del más puro sabor andaluz, se suma un paisaje único que tiene su principal seña de identidad en su tajo, la vertiginosa hendidura que atrapa todas las miradas. Ronda es toda ella una maravilla, pero veamos aquello que no puede faltar en una visita a la localidad.
Un paseo por las maravillas de Ronda y su esencia atemporal
El Puente Nuevo, guardián sobre el tajo
No, el tajo de Ronda no es el río que baña Toledo y otras ciudades, sino el desfiladero que es desde siempre el principal icono de Ronda. El Puente Nuevo, que recibe ese nombre aunque es del siglo XVIII, corona a 98 metros de altura este monumento natural que da a la ciudad una fisonomía inconfundible.
Al mismo tiempo, el puente es una notable obra de ingeniería, que sirve para conectar el casco histórico con el barrio moderno. Las vistas desde lo alto son una delicia, con el paisaje andaluz extendiéndose ante nuestros ojos y el río Guadalevín llenando de vida el fondo de estas angosturas. No hay mejor símbolo de la feliz unión entre la fuerza del paisaje y el poder del ingenio humano.
La plaza de toros de Ronda, una de las más antiguas de España
La plaza de toros de Ronda, inaugurada en 1785, no solo es de las más antiguas de España (solo por detrás de la Ancianita de Béjar y alguna más), sino también de las más bonitas por su monumentalidad y su elegancia neoclásica.
Se cuenta que fue aquí donde unos soldados tuvieron la idea de entrenar sus armas con los toros bravos. La plaza es propiedad de la Real Maestranza de Caballería de Ronda, y en el siglo XX se consolidó como uno de los grandes escenarios para las corridas, con ilustres visitantes del mundo del espectáculo y la cultura.
La Casa del Rey Moro, un palacio lleno de historia
Situada en las alturas que dominan el tajo, en el lado norte de lo que fue la ciudad andalusí, la Casa del Rey Moro comprende una gran casa neomudéjar, un precioso jardín y una antigua mina de agua. La enorme importancia histórica de este conjunto viene del destacado papel defensivo que tuvo este enclave, cuando, en el siglo XIV, hacía de bastión nazarí ante los siempre amenazantes ejércitos castellanos.
De aquella época lejana queda la mina de agua, una de las más notorias obras de ingeniería del Reino de Granada. Servía para llevar agua del río hasta la población, sobre todo si la ciudad era asediada. La casa, por su parte, es una fusión que hizo la duquesa de Parcent de varias viviendas anteriores, la misma aristócrata que encargó el jardín al famoso arquitecto paisajista Forestier.
Una inmersión en al-Ándalus: los baños árabes
Una visita a los baños árabes de Ronda nos permite sentir de cerca el refinamiento que alcanzó la España musulmana. Una sala en penumbra, iluminada por las maravillosas estrellas del techo, envuelta en hermosos arcos de herradura, es la visión definitiva de lo que debían ser esos reconfortantes baños que los árabes heredaron de los romanos.
Por lo demás, los baños de Ronda son los mejor conservados de España en su estilo. Además de bellos, son toda una demostración de ingenio, con un funcionamiento que incluía una noria, un pequeño acueducto y la caldera. El cálido vapor era un bien preciado, que hacía de la costumbre del hammam un ritual consagrado al bienestar y la felicidad.
La Casa del Gigante, herencia nazarí
La Casa del Gigante, o de los Gigantes, se levantó a finales del siglo XIII, en la época de pujanza meriní, y se sabe que perteneció a un destacado miembro de ese grupo. En cuanto la vemos, descubrimos las abundantes conexiones de su arquitectura con la Granada nazarí y con otros edificios del norte de África. Además, este palacete conserva el trazado original, lleno de aires orientales.
El curioso nombre de la Casa del Gigante se debe a dos llamativas esculturas antropomorfas antiquísimas. Se cree que esas figuras son de origen fenicio o cartaginés, y actualmente solo se conserva una, desdibujada por el tiempo, pero todavía cargada de fuerza y misterio. Después de una época como orfanato, en tiempos recientes se habilitó como centro de interpretación de la vida cotidiana en la España musulmana, una visita ineludible en Ronda.
El palacio de Mondragón, residencia de reyes
Algo en común de algunas de las maravillas de Ronda es la fusión entre estilos de culturas diferentes. En el caso del Palacio de Mondragón, también llamado del marqués de Villasierra, el arte mudéjar se da la mano con las líneas de la arquitectura renacentista, en uno de los edificios más notables del casco antiguo. Hoy día, el palacio nos da la bienvenida al Museo Municipal de Ronda.
No es difícil imaginarse en sus aposentos al rey Abd al Malik, hijo del sultán de Marruecos. O al gobernador nazarí, que también ocupó estas estancias. Incluso los Reyes Católicos habitaron este palacio durante su estancia en Ronda, después de conquistar la ciudad en 1485. Desde los patios, la sinfonía de elementos árabes, góticos y renacentistas es un canto a nuestra riqueza cultural.
La Casa Don Bosco, el modernismo de Ronda
La última de las maravillas de Ronda, y claro ejemplo de su gran diversidad artística, es un palacete de estilo modernista, antigua residencia del ingeniero Francisco Granadino y su esposa. El cambio de manos a favor de los salesianos se nota en el nombre, puesto que San Juan Bosco fue el fundador de la congregación.
El interior, totalmente original, muestra la elegancia de principios del siglo XX, y la abundancia de artesanía local, como los azulejos nazaríes, los tapices o los muebles hechos a mano, hacen de este palacete un interesante museo para conocer Ronda. El jardín, por otro lado, se levanta sobre el tajo y es un extraordinario mirador hacia los horizontes serenísimos de esta ciudad mágica.


