El jardín botánico más grande de España: abarca 27 hectáreas (y no está en la Comunidad de Madrid)
Deslizándose por las abruptas laderas del barranco de Guiniguada, muy cerca de Las Palmas de Gran Canaria, se extiende un mundo casi de fantasía. Allí, una interminable alfombra tiñe de verde el terreno volcánico y da vida a un mosaico en el que cada sendero es un viaje hacia el descubrimiento. Un viaje largo y apasionante: no en vano, es el jardín botánico más grande de España.
El Jardín Canario, un libro abierto
El Jardín Canario (en realidad, Jardín Botánico Viera y Clavijo) es un festival de formas, aromas y texturas. Es un espacio donde la historia y la riqueza botánica de las Islas Canarias cobran vida y se entrelazan a cada paso. Sus veintisiete hectáreas se despliegan en terrazas escalonadas para adaptarse al terreno y lo convierten en el mayor jardín botánico de España.
Este caleidoscopio natural es un libro abierto que atrapa desde la primera página. En él, cada capítulo narra la fascinante historia de las especies vegetales que habitan las Islas Afortunadas. Así, mientras que unas páginas se sumergen en los misterios de los prehistóricos bosques de laurisilva, otras cuentan la historia de dragos milenarios o de sabinas que se retuercen de formas imposibles, vencidas por la fuerza de los vientos alisios.
Un universo de sensaciones
El Jardín Canario no propone un simple recorrido por diferentes microclimas y ecosistemas entre lava y senderos empedrados, es un paraíso donde cada rincón muestra su propia esencia, su ritmo y su paleta de colores. Y, aunque las grandes protagonistas son especies autóctonas, en él hay cabida para muchas otras.
En el Jardín de las Islas se descubre un maravilloso catálogo de especies endémicas de Canarias, Azores, Madeira y otros archipiélagos del Atlántico Norte. No muy lejos, el Palmetum reúne palmeras de todo el mundo que danzan al son de la brisa, mientras que en el Jardín del Mundo crecen especies de cinco continentes. Cactus y suculentas, pinos canarios, acebuches, alhelíes, plantas acuáticas y un sinfín de especies singulares despiertan los sentidos y la curiosidad a cada paso.
Un santuario nacido de la pasión
El Jardín Botánico Viera y Clavijo ha ido sumando páginas desde su inauguración en 1959. Su nombre rinde homenaje a un naturalista del siglo XVIII, pionero en el estudio de la naturaleza de las islas Canarias. Sin embargo, el artífice y alma de este lugar paradisíaco fue un botánico sueco: Eric Sventenius.
El sueño de Sventenius, científico y a la vez poético, era reunir en un solo lugar la riqueza botánica del archipiélago canario. Así, concibió este tesoro verde, al que dedicó años de esfuerzo y pasión, hasta que un accidente de tráfico segó su vida a solo unos metros de él. Su tumba, como no podía ser de otro modo, está en un rincón tranquilo de este paraíso natural eterno que sigue floreciendo.

