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Estaciones de esquí en verano: rutas, telesillas y pueblos de altura

Cuando no hay nieve, se transforman en destinos de montaña ideales para disfrutar de un verano muy refrescante.

Pico Anayet en Formigal, Huesca. | Shutterstock

Cuando no hay nieve, se transforman en destinos de montaña ideales para disfrutar de un verano muy refrescante.

Algunas estaciones de esquí se reinventan cuando llega el calor, invitando a cambiar los esquís por las botas de montaña. Los remontes siguen funcionando, las pistas se convierten en senderos y el paisaje cambia por completo. Son refugios para escapar del calor sin renunciar a la naturaleza ni a la aventura.

Tocar el cielo en la estación de esquí de Sierra Nevada

En verano, algunos remontes de Sierra Nevada funcionan para poder admirar paisajes infinitos a tres mil metros de altitud. Desde allí parten rutas hacia lagos glaciares y miradores donde solo el viento rompe el silencio. Al caer la noche, el espectáculo cambia de escenario y el cielo despliega uno de los firmamentos más limpios de la península.

Mientras, en las faldas de Sierra Nevada esperan los pueblos más frescos de la Alpujarra. En Capileira, Bubión o Pampaneira es posible pasear por sus calles blancas con temperaturas que no superan los 30 grados en los días más cálidos.

Cerler, el mirador del Aneto

Un corto recorrido en el telesilla de El Molino regala vistas inolvidables. La postal veraniega que dibujan el macizo de la Maladeta, el Posets y el Aneto es una de las más bellas del Pirineo. Además, la estación de esquí programa excursiones, visitas guiadas y talleres.

Paisaje montañoso de Cerler. | Shutterstock
Paisaje montañoso de Cerler. | Shutterstock

También se pueden descubrir pueblos de arquitectura típica pirenaica, como Benasque o Sahún. Y, si quedan ganas de aventura, el valle es uno de los grandes referentes del turismo activo, con actividades como barranquismo, rafting o parapente.

Formigal-Panticosa, entre ibones y grandes paisajes

Cuando la nieve se funde, la mayor estación de esquí de España revela algunos de sus tesoros escondidos. Por libre o en excursiones guiadas, se pueden admirar los colores imposibles de los ibones de Asnos y Sabocos o el magnífico escenario del ibón de Anayet, uno de los más fotogénicos del Pirineo.

Pico Anayet en Formigal, Huesca. | Shutterstock
Pico Anayet en Formigal, Huesca. | Shutterstock

La telecabina de Panticosa muestra desde el aire la grandeza de estos paisajes, mientras que un tren de montaña lo hace desde tierra. La aventura puede continuar deslizándose en kayak por el embalse de Lanuza o liberando adrenalina en una de las tirolinas más largas de Europa.

San Isidro, la cara tranquila de la montaña leonesa

Silencio, bosques y aire fresco. La estación de esquí de San Isidro destaca por la tranquilidad de sus paisajes y unas temperaturas que en verano permiten disfrutar de un sinfín de actividades al aire libre.

Lago Isoba, en el puerto de San Isidro, Castilla y León. | Dreamstime
Lago Isoba, en el puerto de San Isidro, Castilla y León. | Dreamstime

La estación está arropada por el Parque Regional Montaña de Riaño y Mampodre, un paraíso para los amantes del senderismo. Rutas a caballo, excursiones en bicicleta de montaña, escalada o parapente también permiten disfrutar de un entorno idílico en verano. Puebla de Lillo e Isoba completan la escapada con el encanto de pueblos de sabor tradicional y espíritu acogedor.

Subir en telesilla, caminar entre cumbres y disfrutar de pueblos de montaña donde el calor sí da tregua. Es la otra cara de las estaciones de esquí, la de un verano al fresco.

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