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El guanche: la lengua de los aborígenes canarios

Iniciaba primer episodio explicativo.

En fin, llegados hasta aquí solo queda una palabra por traducir de aquella frase hallada: “Ndar ag iɣid los güessus dér las llenguas, gazinain kheautu xuesco”. “Xuesco” es el vocablo en concreto, el único que falta por resolver. Resulta fácil encontrar el idioma del que procede, pues tras bucear un poco en Google todo apunta a una misma dirección: el guanche, esa lengua hablada por los antiguos pobladores de las Islas Canarias.

Quizás este idioma sí sea algo más conocido en España que los que conforman el resto de la oración. Pero, aun así, surgen dudas. ¿Quiénes eran en realidad los guanches? ¿Queda alguien que hable esta lengua? ¿Por qué y cuándo se extinguió? Resolvamos el enigma, pero no sin antes seguir conociendo nuestras raíces.

Breve resumen de la historia de Canarias

Cuevas de Cenobio de Valerón

Antes de pasar a hablar de la lengua, para entenderla, se hace necesario hacer un pequeño repaso por la historia de las Islas. Una de las cosas básicas que hay que saber es que los primeros habitantes de este territorio no fueron celtas ni íberos ni ninguno de esos pueblos prerromanos que se asentaron en la península. Los primeros habitantes, designados como aborígenes canarios o guanches, procedían en realidad del Norte de África.

Durante mucho tiempo esta actual comunidad autónoma se desarrolló al margen del mundo, aunque, según indica el filólogo herreño Jonay Acosta, “ya se postula que debió haber contactos previos a la Conquista, pues de lo contrario no se explicarían ciertas innovaciones en los modos de ocupación del territorio y en las prácticas sepulcrales”.

Incluso, y esto es importante, la mayoría de las hipótesis afirman que unas y otras islas permanecieron aisladas las unas de las otras hasta el siglo XV, por lo que su cultura y sus costumbres no tenían necesariamente que ser las mismas. Si bien hace un par de años la revista African Archeological Review publicó un trabajo que ponía en duda este respecto, sugiriendo que sí pudo haber relaciones entre las islas con anterioridad a dicho periodo.

mapa islas canarias

En cualquiera de los casos, cada isla desarrolló una cultura insular particular (habiendo, a su vez, diferencias dentro de las mismas): en El Hierro, los bimbaches; en La Palma, los benahoaritas; en La Gomera, los gomeros; en Gran Canaria, los canarios; en Lanzarote, los major; en Fuerteventura, los majoreros; y en Tenerife, los guanches.

Hasta el siglo XV. Entonces, fue cuando los europeos iniciaron su proceso de conquista y colonización, un proceso que duraría muchos años. Así, poco a poco, los europeos fueron haciéndose con las islas, lo que trajo a la población autóctona un sinfín de cambios, entre los que se incluyó su esclavización, su entrada en el mercado transatlántico o, por supuesto, la extinción de su lengua. Aunque de esto hablaré más adelante.

La polémica del término “guanche”

Otra cosa a tener en cuenta antes de continuar con el presente artículo es la propia denominación tanto del pueblo como de la lengua guanche, una cuestión que ha suscitado y aún suscita una intensa polémica entre los historiadores, arqueólogos y lingüistas. Así, algunos optan por designar a la lengua de aquellos aborígenes como “amazigh insular” o “antigua lengua de los canarios”, entre otros, por considerar que el término “guanche” solo haría referencia a los aborígenes tinerfeños.

Pero si bien es cierto que en aquel entonces existían siete culturas diferentes, el filólogo y catedrático emérito de la ULPGC Maximiano Trapero asegura en su estudio introductorio del diccionario Los guanchismos que “el nombre guanche se refiere a todos los habitantes del archipiélago canario, sin distinción de islas”, pues tal como él indica “el término guanche está en la toponimia de todas ellas”.

representación guanches

Para Jonay Acosta, tal como señala en declaraciones a España Fascinante, “la lingüística histórico-comparativa y la epigrafía han demostrado que estas hablas insulares compartían una gramática y unas evoluciones fonéticas comunes, además de un mismo alfabeto”. “Así pues, lo que parece claro es que se necesita un único término que las designe, para dar cuenta de esta uniformidad”, añade.

Como la misión de esta autora no es entrar en dichas discusiones, valga decir que en este artículo se utilizará el término “guanche” para referirse al conjunto de la cultura aborigen canaria, ya que además se trata del término más conocido y usado entre la población general.

El guanche y el bereber, dos lenguas de raíces comunes

Para el filólogo herreño que el guanche proceda de las lenguas bereberes es una realidad indiscutible. “La relación del guanche con el bereber fue señalada incluso por los primeros etnógrafos e historiadores europeos del siglo XVII”, indica. Esta relación tiene que ver, obviamente, con el lugar de origen de los primeros pobladores de Canarias que, como se ha dicho, venían del Norte de África, así que es lógico que la lengua proceda de ese mismo lugar.

Este mismo autor asegura además que ambas lenguas, guanche y bereber, comparten una gramática y una escritura comunes. “La abrumadora mayoría de los aspectos fónicos, morfológicos, léxicos y sintácticos del guanche son explicables desde las lenguas libiobereberes”, indica. De ahí la raíz común que unía las hablas de las diferentes islas, incluso aunque no hubieran tenido ningún contacto entre ellas hasta el siglo XV.

“Los pobladores de las siete islas vinieron de un área lingüística concreta en un(o) (o varios) momento(s) determinado(s), de modo que ese código organizado tuvo que formar parte de su bagaje cultural”, señala el filólogo. Así, continúa, “a ese sistema común es al que llamamos ‘guanche’, de la misma manera que hoy llamamos ‘español’ al código común que compartimos con los indígenas bilingües del altiplano peruano, pese a que llevemos siglos sin hablar con ellos y estemos separados por miles de kilómetros”.

estatuas guanches tenerife

Pero al igual que ocurre entre el español de esos indígenas del altiplano peruano y el de los españoles de, por ejemplo, Andalucía, también existían diferencias entre el guanche de unas y otras islas e, incluso, entre el guanche hablado en el norte de Tenerife y el hablado en el sur. En palabras de Maximiano Trapero en el estudio mencionado: “La pervivencia en la tradición oral de unos pocos términos guanches de uso común, pero de muchos topónimos, nos autoriza a decir que si bien las hablas de las distintas islas debían pertenecer a una misma lengua las diferencias interinsulares debieron ser también muy notables”.

La extinción del guanche

Como se ha dicho, la llegada de los colonizadores europeos trajo el fin de la cultura guanche de las diferentes islas tal y como se conocía, así como la extinción de su lengua común. Sin embargo, afirma Acosta, “contrariamente a lo que suele pensarse, en un primer momento, las élites conquistadoras no estaban para nada interesadas en que los guanches aprendieran el español, pues ello les habilitaba para subir peldaños en la escala social”.

Es decir, la colonización trajo el final de la lengua de los aborígenes canarios, pero no porque les prohibieran usarla, sino porque los propios guanches se dieron cuenta de las oportunidades que les proporcionaría aprender el  idioma de sus conquistadores: el español.

“A medida que avanzaba la colonización, la lengua guanche fue perdiendo dominios de uso, hasta el punto de quedar relegada al hogar. Finalmente, el aumento del crecimiento migratorio que produjo la bonanza económica de las Islas hizo proliferar los matrimonios mixtos, de modo que el guanche fue abandonando su reducto doméstico hasta perecer”, señala el filólogo.

Lo que nos queda de una lengua ya muerta

En la actualidad, no existe una gramática completa de ninguna variedad del guanche que permita su uso. “De las frases de que dan cuenta algunos textos históricos no ha pervivido ni una en la tradición oral, ni una sola”, afirma Maximiano Trapero. Lo único que realmente nos ha llegado de la lengua de aquellos aborígenes son nombres, en su mayoría nombres propios. “Lo poco que se salva del naufragio de una lengua es siempre lo más funcional: los elementos que tienen un valor designativo, las palabras que sirven para nombrar cosas y objetos”, continúa el escritor en su texto.

gofio

De ese naufragio guanche los únicos supervivientes lingüísticos han sido, como se ha dicho, algunos nombres. En su mayoría antropónimos y topónimos, es decir, nombres y apellidos de personas como Yaiza o Airam y nombres de lugares como Garajonay. No obstante, estas palabras han servido para dar vida a otras, para rescatar e investigar más acerca de una lengua, el guanche, que aún suscita innumerables preguntas.

El historiador y filólogo Ramón Menéndez Pidal ya señaló en el prólogo de su Toponimia prerromana hispánica que los topónimos “arrastran consigo elementos fonéticos, morfológicos, sintácticos y semánticos, propios de la lengua antigua, elementos por lo común fósiles e inactivos, como pertenecientes a una lengua muerta, pero alguna vez vivientes”. A partir de estos “fósiles”, los investigadores pueden hacerse una idea, con dedicación y estudio, de lo que en el pasado fue una lengua viva y cambiante.

Pero aparte de esos nombres propios, también han quedado algunos nombres comunes, como ese “xuesco” que en este capítulo desciframos. Incluso hay algunas palabras guanches que no solo han sobrevivido en Canarias, sino que se han incorporado al diccionario castellano. Son los guanchismos, palabras como “gofio” o “balo”.

Xuesco, el final del viaje

Llegamos, ahora sí, al final de este viaje lingüístico, un viaje que nos ha valido, además de para conocer lenguas más bien relegadas al olvido, para saber más acerca de nuestras raíces. Porque al igual que los topónimos pueden ser fósiles que ayudan a conocer una lengua muerta, las lenguas son a su vez fósiles de la historia, en las que se va dejando pistas y huellas de todas las culturas que han participado de la misma.

Esa última palabra que nos faltaba por desvelar de este enigma ficticio, xuesco, significa curiosamente eso, “raíces”, y le da sentido al total de la oración. “Ndar ag iɣid los güessus dér las llenguas, gazinain kheautu xuesco”, decía aquella frase de la que, ahora sí, tenemos toda la información. Precisamente, una frase cuya traducción resume las enseñanzas obtenidas del total de esta serie: “Enterrar con cenizas los huesos de las lenguas, dar a luz raíces”. Y así concluye este trayecto.