La bienvenida secreta de Miró a Barcelona: una obra en el aeropuerto, otra en la Rambla y una que nunca llegó a ser
Un mural en El Prat declarado Bien de Interés Cultural, un mosaico en la Rambla y una pieza inacabada trazan la bienvenida a Barcelona.
Un mural en El Prat declarado Bien de Interés Cultural, un mosaico en la Rambla y una pieza inacabada trazan la bienvenida a Barcelona.
Barcelona es reconocida como una de las capitales artísticas más fascinantes del mundo. En la ciudad, el arte parece asomar en cada esquina: llega por aire, por mar y por tierra, y acompaña al visitante antes de que pise sus calles. Esa vocación de bienvenida tiene uno de sus ejemplos más reconocibles en la obra que, durante décadas, ha sido telón de fondo de miles de aterrizajes: el mural cerámico de Joan Miró en el aeropuerto de El Prat.
OBRA DE BIENVENIDA
Nacido en Barcelona, el artista Joan Miró se encargó de dejar su huella en su ciudad natal. Pintor, escultor, grabador y ceramista, fue uno de los pioneros del surrealismo, donde el subconsciente era su principal campo de exploración. Comenzó con influencias del cubismo y el expresionismo, pero tras sus vivencias en París, su arte dio un giro y sus obras incorporan formas infantiles, simples y procedentes de la cultura popular desde un lenguaje surrealista cada vez más abstracto.
Hay ciudades que te reciben con carteles, pero Barcelona lo hace con arte. En la fachada exterior de la Terminal 2B del Aeropuerto Josep Tarradellas Barcelona-El Prat, Miró quiso dar la bienvenida con un mural cerámico monumental de unos 500 metros cuadrados de superficie (50 metros de ancho y 10 metros de alto). En colaboración con el ceramista Josep Llorens Artigas, este gran mosaico asegura al visitante una inmersión artística en su escapada a Barcelona.
Con motivo de la inauguración de la actual Terminal 2B en 1968, el Ayuntamiento de Barcelona encargó a Joan Miró la creación de esta gran obra destinada a ser contemplada al llegar al aeropuerto. Una vez recibido el encargo, el artista catalán elaboró una maqueta en 1969, y en 1970 Miró y Artigas dieron forma al mural, compuesto por casi 5.000 piezas de cerámica, el cual alcanza un peso aproximado de 35 toneladas. La obra fue finalmente inaugurada el 18 de marzo de 1971.
Las 4.865 piezas cerámicas de colores intensos y llamativos son irregulares y desiguales por el tipo de horneado y esmaltado, dando un efecto a la obra mucho más vivo. El gran mosaico, al que el artista dedicó mucho tiempo, es fiel a su estilo reflexivo, y se caracteriza por los símbolos propios del artista, como estrellas, pájaros, ruedas de carruaje, el sol o la luna.
Las placas de gres esmaltado fueron creadas en el taller de Llorens Artigas en Gallifa a través del proceso de cocción en horno noborigama (tres cámaras ascendentes y una chimenea), de ahí sus irregularidades y su vibración superficial. Para cocer las casi 5.000 piezas fueron necesarias 464 hornadas, un proceso largo que garantizó el impresionante resultado final. El montaje, realizado a un ritmo aproximado de 60 piezas diarias, se prolongó durante seis meses.
Pocas obras están pensadas para un espectador en movimiento. El mural cerámico de Miró en El Prat nació para ser visto al llegar, y hoy, con su protección como Bien de Interés Cultural (mayo 2026), se reivindica como arte público de primer orden.
POR MAR: EL MOSAICO QUE SE PISA
Pero la bienvenida de Miró a Barcelona no terminaba en el aeropuerto. El artista imaginó una especie de trilogía urbana para recibir a quienes llegaban por aire, mar y tierra. Si el mural de El Prat correspondía al aire, el mosaico del Pla de l’Os, en plena Rambla, evocaba la llegada por mar.
Inaugurado en 1976, el mosaico se encuentra en la plaza de la Boqueria, uno de los puntos más transitados de Barcelona. A diferencia del mural del aeropuerto, que se contempla desde lejos, esta obra se pisa. Miles de personas cruzan cada día sobre sus colores sin detenerse, quizá sin saber que caminan sobre un Miró. Esa era parte de su fuerza: convertir el arte en una experiencia cotidiana, integrada en el pulso de la ciudad.
POR TIERRA: LA OBRA QUE NO LLEGÓ A SER
La tercera pieza de aquella trilogía de bienvenida debía estar vinculada a la llegada por tierra. En este punto conviene matizar: muchas referencias asocian esa función a Dona i Ocell, la escultura situada en el parque Joan Miró, cerca de la plaza de Espanya. Sin embargo, el proyecto inicialmente pensado para completar la trilogía era Dona, ocell i una estrella, concebido para el Parque de Cervantes, una obra que Miró no llegó a ver realizada tal y como lo había imaginado.
Así, la bienvenida barcelonesa de Miró conserva algo de relato inacabado. La ciudad recibió su gran puerta aérea en El Prat y su puerta marítima en la Rambla, pero la llegada por tierra quedó marcada por una ausencia. Del mosaico que se mira al aterrizar al pavimento que se pisa sin darse cuenta, el arte público de Miró no se contempla siempre en silencio: se atraviesa, se rodea y se recuerda en movimiento.
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